martes, 24 de agosto de 2010

Los mercenarios


Título original: The expendables
Año: 2010
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Sylvester Stallone
Guión: Dave Callaham & Sylvester Stallone, basado en una idea de Dave Callaham
Producción: Kevin Iwanyk, Avi Lerner, Kevin King Templeton & John Thompson
Fotografía: Jeffrey L. Kimball
Música: Brian Tyler
Montaje: Ken Blackwell & Paul Harb
Diseño de Producción: Franco-Giacomo Carbone
Dirección Artística: Daniel Flaksman
Decorados: Robert Gould
Vestuario: Lizz Wolf
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Steve Austin, David Zayas, Giselle Itié, Charisma Carpenter, Gary Crews, Terry Crews, Mickey Rourke, Hank Amos, Amin Joseph, Senyo Amoaku, Antonio Rodrigo Nogueira, Antonio Rogerio Nogueira, Sassa Nacimiento, Sassa Nascimento, R. A. Rondell, Tze Yep, Preshas Jenkins, Lauren Jones, Prazeres Barbosa, Jose L. Vasquez, Daniel Arrias, Antonio Gullo, Javier Lambert, Tatsu Carvalho, Marcio Rosario, Paulo Gustavo Bastos, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis…

la soledad del corredor de fondo

La última película en la que podremos ver a Sylvester Stallone actuando, según sus propias palabras, pero no la última en la que ejercerá como director, The Expendables, sorprende gratamente al poder comprobar que el autor de Rocky goza de un encomiable sentido del humor.

Suele decirse que la diferencia entre un cinéfilo y un cinéfago es que el primero sólo consume cine de arte y ensayo, independiente, intelectual, huyendo de los productos comerciales o de evasión; por otro lado, el cinéfago, no consume, sino que devora todo tipo de cine, valorando cada película en función de sus expectativas. Según esta definición, me considero, desde luego, cinéfago y estoy encantado de poder disfrutar igualmente tanto de la película más avant-garde como de una película nostálgica que reúne a la mayoría de los representares del cine de acción de los años ochenta como Sylvester Stallone, Dolph Lungren, Mickey Rourke, Bruce Willis o Arnold Schwarzenegger, presentándolos junto a los héroes de acción de las nuevas generaciones representadas en Jason Statham o Jet Li. Nada que ver con la torpeza de los creadores de El equipo A (The A Team, 2010, Joe Carnahan), a los que delata su absoluta ausencia de sentido del humor.

Barney Ross (Sylvester Stallone) y sus chicos, son un grupo de mercenarios a sueldo que se dedican a resolver aquellas situaciones que han agotado las vías legales. Aunque eso no quiere decir que vayan a resolver todos los trabajos que se les encomienden.

Sylvester Stallone mantiene algunas de las características de sus películas de acción: conflictos internacionales solucionados al modo de un western, la mentalidad política de la era Reagan ---el general en el que está basado el personaje del general Garza (David Zayas), no parece ser Hugo Chávez, sino más bien Manuel Noriega, según reconoce el propio Stallone, quien mantuviera una corrupta relación con la CIA a lo largo de la década de los ochenta---, su fascinación por los cuchillos grandes ---que en este caso, unido a una serie de peculiaridades, parece esconder una sorprendente lectura que justificaré más adelante---, y la máxima norteamericana "dispara primero, pregunta después". Todas estas características están previamente aderezadas y condimentadas para servir un plato refrescante que sabe aprovecharse de la imagen popular de cada uno de los componentes del reparto, e imprime, además, una, nada despreciable, reflexión sobre sus personajes que se puede extrapolar a la de los actores que les representan.

"Tener esta oreja no es fácil"

No cabe duda de que, para sacar todo el provecho de este tipo de referencias es necesario conocer, aunque sea por encima, a todos los componentes del reparto y aquello que les acerca a Stallone, pero ninguna alusión tan contundente y efectiva como la de los que fueran reyes del cine de acción de los años ochenta: el propio Sly, Willis y Schwarzenegger cuya breve secuencia, que reúne a los tres actores por primera y última vez en la historia (del cine), resulta la cota más alta del sentido de humor del que hace gala la película, de la que no descarto tenga bastante responsabilidad su guionista, Dave Callahan, artífice de la idea original en la que se basa la historia. También es justo decir que el que sale peor parado, físicamente, es el propio Stallone, que más que salir del gimnasio parece un asiduo de las fiestas que frecuentaran Helen Sharp (Goldie Hawn) y Madeline Ashton (Meryl Streep) en La muerte os sienta tan bien (Death Becomes Her,1992, Robert Zemeckis), víctimas de los excesos del bisturí y de un desmedido afán por mantenerse eternamente jévenes.

"Porque yo lo valgo"

Quizás si Sylvester Stallone se hubiera dirigido más a menudo a sí mismo, hubiera logrado mejores resultados que directores como Menahem Golan, Marco Mambrilla, Luis Llosa o Danny Cannon, aunque tampoco es que en las secuelas de sus famosos personajes Rocky Balboa y John Rambo, destaque por su pericia y elegancia. Pero, el caso es que en The Expendables, el clasicismo de la cámara que se mueve con una sencillez y limpieza visual poco utilizada en el cine de acción, nos permite apreciar todos y cada una de las acciones de los protagonistas, a modo de una estupenda coreografía de acción, huyendo de los planos con excesivo movimiento y sabiendo alternar momentos de humor con los de acción logrando un saludable ritmo entre acción y comedia.

Lástima que al llegar al clímax final de la película, esa acción sí se convierta en el típico ejercicio de destrucción a mansalva, disparos a tutiplén, y explosiones al servicio del patético lema "¡salvad a la chica!" que, enturbiados por una banda sonora de Brian Tyler previsible, facilona y burdamente efectista, logran ensuciar un producto, hasta ese momento, entrañable ---por lo nostálgico--- y entretenido ---por sus méritos propios.

Es obligatorio resaltar la labor de uno de los actores por encima de los demás, la participación del malogrado Eric Roberts, que nos regala un espléndido malvado norteamericano, pues al contrario de lo que se pudiera pensar, en esta película el malo no es ni latinoamericano, ni ruso, ni árabe, sino genuinamente estadounidense (siento el spolier, aunque era evidente).

"Peleas de enamorados"

Por último no puedo dejar de evitar la sutileza con la que se entreteje un subtexto del cual se puede percibir que estamos asistiendo a la presentación del primer héroe de acción homosexual de una película de acción dentro de la industria de Hollywood ---la saga Bond ya diera buenas dosis de villanos y villanas homosexuales en su etapa con Sean Connery, pero no se puede considerar, precisamente, una saga estadounidense---. Para ello debemos entender la fascinación por los cuchillos grandes como un eufemismo sexual, similar el que utilizara Howard Hawks para aludir a las inclinaciones sexuales de sus protagonistas en filmes como Río Rojo (Red River, 1948) ---y no es la única película de Hawks que tiene referencias homosexuales--- en la que el personaje de Montgomery Clift le dice a su compañero aquello de "la tuya es más grande que la mía" sosteniendo una pistola en la mano pero refiriéndose, en realidad, a las relaciones sexuales entre vaqueros.

Para los que tengan dudas sólo les queda sumar las breves, pero continuas, frases inequívocamente camp, como cuando le preguntan a Barney quién le ha enviado y este contesta "tu peluquero" ---me encanta este momento---; la peculiar relación que tienen Barney y Lee (Jason Statham), que lleva a este último a decirle al primero sobre el personaje de Sandra (Giselle Itié) que nunca creyó que fuera su tipo ---en lo que considero una cita a la película de Takeshi Kitano (otro cuyas películas están repletas de alusiones homosexuales), Brother (2000), en la que se establecía una relación similar entre el jefe, su mano derecha y una jovencita---; y las dudas que Barney ya había expresado a Lee con respecto a la compañía femenina; parece dejar claro que prefiere, inequívocamente, la compañía masculina.

Publicado originalmente en EXTRACINE