domingo 19 de febrero de 2012

La invención de Hugo


Título original: Hugo
Año: 2011
País: EE. UU. 

Dirección: Martin Scorsese
Guión: John Logan, basado en una novela de Brian Selznick
Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King & Martin Scorsese 
Fotografía: Robert Richardson
Música: Howard Shore
Montaje: Thelma Schoonmaker
Diseño de producción: Dante Ferretti
Dirección artística: Alastair Bullock, Dimitri Capuani, Steve Carter, Stéphane Cressend, Martin Foley, Chrsitan Huband, Stuart Rose, Luca Tranchino, David Warren & Ashley Winter
Decorados: Francesca Lo Schiavo
Vestuario: Sandy Powell
Reparto: Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Asa Butterfield, Chlöe Grace Moretz, Ray Winstone, Emily Mortimer, Christopher Lee, Helen McCrory, Michael Stuhlbarg, Frances de la Tour, Richard Griffiths, Jude Law, Kevin Eldon, Gulliver McGrath, Shaun Aylward, Emil lager, Angus Barnett, Edmund Kingsley, Max Wrottesley, Marco Aponte, Ben Addis, Robert Gill, Ed Sanders, Terence Frisch, Max Cane, Frank Bourke, Stephen Box, Mihai Arsene… 

el niño que a Scorsese le hubiera gustado ser

Muchos pensamos que con la llegada de Internet, en donde había sitio para todo, ya no habría ninguna excusa para acceder a la cultura. Con un par de clics podrías acceder -por la parte que me toca- a toda la historia del cine, descubrir las obras y milagros de tus cineastas favoritos y acceder a aquellas obras que, no habiendo sido editadas ni en VHS o DVD, quizás podrías encontrar en páginas orientadas al estudio cinematográfico. Error. Cuanto mayor es la velocidad a la que circula la información por la red, inversamente proporcional es el interés de los usuarios por la cultura. Es más, lo más buscado es siempre lo más conocido. Los autores que han permanecido en la sombra para el espectador de a pie, han quedado sepultados por los que ya eran conocidos, que son los que generan mayor interés. Quizás siguiendo una reflexión similar a esta Martin Scorsese se ha propuesto con Hugo, ofrecer una clase magistral sobre Georges Méliès, un cineasta sólo reconocido por aquellos a los que verdaderamente les interesa el cine y se preocupan por sus orígenes.

Su apuesta es inteligente porque utiliza los códigos de este mismo público para captar su atención, rodando su película en 3D, o tratando de situarnos en la edad en la que todo es fascinante: la infancia. Si cualquier menor de diez años se podrá sentir identificado con las aventuras de Hugo (Asa Butterfield) e Isabelle (Chloë Grace Moretz), cualquier adulto podrá entender la fascinación de estos dos personajes por los hallazgos y descubrimientos que van realizando a medida que avanza el relato. Y si por un lado la factura de visual de la película es impecable, tanto por su excelente diseño producción de Dante Ferretti, como por la magnífica fotografía de Robert Richardson, y si el ejercicio histórico y nostálgico es realmente encomiable, para algunos puede salir perjudicado por su falta de definición o por las contradicciones de su discurso que comienzan en el uso de tanta tecnología para reivindicar un modo de hacer cine tan artesanal.

Como falta de definición me refiero al sentido del humor que se supone proporciona el inspector de la estación (Sacha Baron Cohen), que pareciera salido de una de esas películas de Jerry Lewis en las que un personaje se dedica a hacer el idiota, sin que los demás perciban que lo es. Si por un lado es un tipo de humor coherente con Scorsese, quien ya rindiera tributo al famoso cómico en El rey de la comedia (The King of the Comedy, 1982), a un servidor le saca del contexto de la película en la que todos los demás personajes funcionan en otro código, más infantil o fantástico, pero no precisamente cómico y mucho menos slapstick. Personalmente también encuentro el personaje de Georges Méliès algo sacado de quicio. No me creo ciertas actitudes del personaje, pero en su caso, entroncan mucho mejor con el espíritu de la película. Quizás sólo se trate de la incapacidad de Sacha Baron Cohen de crear un personaje que no resulte exagerado o sobreacutado pues lo cierto es que tanto Ben Kingsley como Asa Butterfield, Chloé Grace Moretz o Helen McCrory están estupendos en sus respectivos personajes.

Pero por muy entrañable y tierno que me parezca el tributo de Scorsese al que fuera el creador oficial del género fantástico en el cine, además de crear los primeros trucos de lo que posteriormente se llamaría efectos especiales, el director acaba cayendo en su propia trampa al revelarse progresivamente que su interés no estaba tanto en el conflicto de Hugo, como en la clase magistral a que nos somete con respecto a Georges Méliès. Clase por cierto llena de incorrecciones y anacronismos pues, entendiendo que nos encontramos poco después de 1923, año de estreno de El hombre mosca (Safety Last!, 1923, Fred C. Newmeyer & Sam Taylor), el título que Hugo e Isabelle ven en el cine, me parece bastante improbable que ya existieran libros de Historia del Cine, cuando era todavía una forma de expresión artística bastante joven, por no decir todavía en pañales.

Si bien es cierto que en sus orígenes el cine era considerada una atracción de feria más, no es cierto que Méliès lo descubriera por casualidad, sino que fue uno de los invitados elegidos por los hermanos Lumière para la primera proyección que tuvo lugar el 28 de diciembre de 1895, en el sótano del Grand Café, en el número 14 del Boulevard de Capulines, un salón que era utilizado habitualmente como sala de billares. Tampoco es cierto que Méliès fabricara su propia cámara, sino que la compró en Londres. Muchos le quitarán importancia a estos pequeños detalles y si bien es cierto que los cambios están introducidos para ofrecer una visión más romántica del personaje, cuando en realidad no se trata más que de un clase de historia ¿porqué no darla como es debido?

También es inexacto que en el caso de Georges Méliès fuera la Primera Guerra Mundial la causa se su descalabro económico, sino su incapacidad u oposición para asimilar los adelantos e innovaciones ajenas pues después de una década realizando sus típicas películas fantásticas y cuando los cineastas contemporáneos evolucionaban hacia otros géneros y maneras de contar las historias, él se empeñaba en seguir haciendo lo mismo, provocando la pérdida de interés por parte del público. A medida que avanza el relato, también es más evidente que a Scorsese no le interesa Hugo, sino Méliès, provocando también la pérdida de interés sobre la historia inicial, la de Hugo con su padre, que se revela como un mero pretexto para esta clase de historia sobre el que sigue siendo uno de los pioneros del cine más extraordinarios.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Nader y Simin, una separación


Título original: Jodaeiye Nader az Simin
Año: 2011
País: Irán

Dirección: Asghar Farhadi
Guión: Asghar Farhadi
Producción: Rick Benattar, Andrew J. Curtis & Jonathan English 
Fotografía: David Eggby
Música: Lorne Balfe
Montaje: Peter amundson & Robyn Owen
Diseño de producción: Joseph C. Nemec III 
Dirección artística: Malcolm Stone
Decorados: Peter Walpole
Vestuario: Beatrix Aruna Pasztor
Reparto: Peyman Maadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Merila Zare'i, Ali- asghar Shahbazi, Babk Karimi, Kimia Hosseini, Shirin Yazdanbakhsh, Sahabanu Zoighadr… 

la agonía vivir en irán

Por unos motivos o por otros, en los últimos años el cine iraní va adquiriendo una presencia notable en el panorama cinematográfico contemporáneo. Mucho mayor, sobre todo, si lo comparamos con cualquiera de sus países vecinos que pasan totalmente desapercibidos en cuestiones cinematográficas. Con su última películas Asghar Farhadi no sólo ha conseguido una proyección inmejorable para Jodaeiye Nader az Simin (A Separation), sino que tras conseguir el Globo de Oro a la mejor película en lengua extranjera, aspira a conseguir el Oscar en la misma categoría, así como también está nominado a mejor guión original. Y todo ello casi un año después de haberse coronado como la mejor película de la Berlinale en su edición de 2011.

La primera reflexión que me asalta tras ver su excepcional película es una especie de confirmación de la suerte que tenemos los que hemos nacido en Occidente y en la época actual, pues pareciera que nacer en Irán hoy en día es similar a haberlo hecho en cualquier otra parte del mundo, pero en la Edad Media. En el periplo emocional por el que nos arrastran Nader y Simin, también se perciben las ventajas prácticas de ser católico en lugar de musulmán, pues si el musulmán tendrá que rendir cuentas de todas y cada una de sus acciones, el católico tan sólo tendrá que arrepentirse de corazón para poder ganar el perdón. Por último, queda perfectamente plasmadas las abismales diferencias entre hombre y mujer en Irán, teniendo ellos todas las ventajas y quedando ellas a merced de la voluntad de un hombre, particularmente las que viven su vida de una manera absolutamente tradicional.

Las señas de identidad que hacen destacar a Jodaeiye Nader az Simin (A Separation) asoman desde la primera secuencia de la película. Ese plano frontal de Nader y Simin exigiendo una solución a un juez ante su situación, plantea lo que en un principio consideramos será la línea argumental de la película, para pasar a un segundo término en cuanto surge el verdadero conflicto, que servirá para que el espectador desarrolle por sí mismo una respuesta al conflicto inicial.

Casi como una seña de identidad cinematográfica del cine contemporáneo, volvemos a presenciar una historia dramática, contada desde un punto de vista absolutamente naturalista que se torna una auténtica película de terror ante unos sucesos que en cualquier otra cultura no tendrían mayor trascendencia. ¿Quien quiere hacer una película de género cuando la vida es una experiencia tan terrorífica y traumática?

Al menos a un servidor le resultan tremendamente impactantes ciertos momentos del relato en los que la respuesta de los personajes resulta insólita en el mundo contemporáneo, como la llamada de teléfono que Razieh (Sareh Bayat), la mujer que Nader (Peyman Maadi) ha contratado para cuidar a su padre con alzheimer ahora que su esposa, Simin (Leila Hatami), no está para cuidarle. A partir de ese momento toda la película deja de tener esa vocación de cine social para convertirse en ese thriller psicológico que se te agarra al estómago y te atormenta continuamente con el mismo mantra: ¿quien querría vivir en Irán?

Pero dentro de un relato tan visceral hay que destacar el preciso uso que de la elipsis realiza Asghar Farhadi, dejando que el espectador interprete lo que sucede en aquellos momentos que no muestra, para que, al igual que los propios personajes tendrán su propia versión del conflicto que surge entre Nader y Razieh, cada espectador tenga su propia opinión y desarrolle su respuesta personal al conflicto inicial entre Nader y Simin.

Es curioso que Asghar Farhadi, director y autor del guión, se guarde mucho de mostrar su opinión acerca de sus personajes. Si desde luego los encuadres y el punto de vista de cada plano está perfectamente escogido para transmitir el infierno personal de cada uno de los personajes, no podremos encontrar ningún síntoma visual que nos indique que Farhadi está más cerca de uno que de otro personaje. Todos ellos tienen su propia razón y ninguno está realmente equivocado. Igualmente, quedo fascinando ante la resolución de la película que cerrando perfectamente los dos conflictos, deja la resolución abierta para que cada espectador tome su decisión.

Quien iba a decirnos que desde Irán llegaría una muestra tan emocionante y extraordinaria de un cine tan vivo y contemporáneo que además nos brinda una de las interpretaciones más brillantes y vibrantes de los últimos años. Si Peyman Maadi y Leila Hatami están espléndidos en sus respectivos personajes, la que consigue llevar al espectador a un auténtico estado de arrebato es la interpretación de Sareh Bayat. Un personaje al que amamos y odiamos, que consigue que le compadezcamos, que disculpemos su ignorancia, que nos solidaricemos de su situación, y que, a pesar de todo lo que sucede, que perdonemos todo lo que ha provocado.

Sin duda la empatía con todos y cada uno de los personajes es la mayor seña de identidad de Jodaeiye Nader az Simin (A Separation) pues el espectador se verá realmente incapacitado para tomar una decisión como la que tiene que tomar Termeh (Sarina Farhadi) en el final de la película. ¿Que harías tú, te quedarías a vivir en Irán?

Publicado originalmente por EXTRACINE

Miss Bala


Título original: Miss Bala
Año: 2011
País: México

Dirección: Gerardo Naranjo
Guión: Gerardo Naranjo & Mauricio Kartz
Producción: Pablo Cruz
Fotografía: Mátyás Erdély
Música: Emilio Kauderer
Montaje: Gerardo Naranjo
Dirección artística: Ivonne Fuentes
Vestuario: Anna Terrazas
Reparto: Stephanie Sigman, Noe Hernandez, Irene Azuela, Jose Yenque, James Russo, Miguel Couturier, Gabriel Heads… 

vivir y morir en baja california

Tras pasar con gran éxito por secciones de festivales como Canes, Toronto y San Sebastián, Miss Bala tiene la oportunidad de conseguir un Goya a la mejor película hispanoamericana. Se trata de la cuarta película del cineasta mexicano Gerardo Naranjo, que fuera nominado a los premios Ariel por Voy a explotar y que viene avalada por la producción de Diego Luna y Gael García Bernal

Una interesante propuesta que si se ha promocionado como si fuera una especie de Nikita a la mexicana, dista mucho de parecerse tanto a la película que dirigiera Luc Besson -que era más un producto de género repleto de secuencias de acción espectaculares-, como al reciente bodrio que produjera también el cineasta francés, Colombiana -de similares características aunque con infinitamente peores resultados.

Lo que comienza teniendo una apariencia de crítica social, acaba convertida en una sorprendente sátira de terror que te mantiene en vilo durante toda la proyección. Lo que comienza siendo una inocente aventura de dos amigas que quieren participar en un concurso de belleza, acaba revelándose como una despiadada lucha por permanecer viva en una sociedad completamente corrupta y deshumanizada en la que la única oportunidad para seguir viviendo es permanecer invisible a los demás.

De la mano de Stephanie Sigman, que brinda una trepidante, soberbia y entregada interpretación de Laura Guerrero, el espectador tiene la oportunidad de echar un vistazo a la trastienda de una sociedad en la que todavía impera la ley del más fuerte, como si aún estuvieran en los tiempos del salvaje oeste. La identificación del cineasta con su personaje comienza desde la primera secuencia de la película en la que no se nos muestra su rostro, de la misma manera que ella no querrá mirar a sus secuestradores.

Gerardo Naranjo no muestra nunca un cuadro amplio de lo que sucede, sino sólo aquello que alcanza a percibir su personaje. Una sencilla manera de representar la dureza en la que viven los ciudadanos de Baja California, a merced de las bandas organizadas y completamente desamparados por la justicia y el gobierno. Señalar la presencia del actor neoyorkino James Ruso que si bien no ha dejado de trabajar desde que se diera a conocer en los años noventa con títulos como My Own Private Idaho (1991, Gus van Sant), Snake Eyes (1993, Abel Ferrara) o Donnie Brasco (1997, Mike Newell), parece haber pasado desapercibido para el gran público, aunque todo podría dar un giro tras su participación en Django Unchained.

Si en muchas ocasiones nos hemos mofado de las respuestas de las concursantes en los certámenes de belleza, pocos podrán respirar ante la reacción de Laura Guerrero ante las clásicas preguntas que se hacen cuando le dan la corona con la que le proclaman Miss. Nunca un certamen de estas características volverá a ser lo mismo para este espectador. Nunca hubo que pagar tanto por una corona de reina de la belleza. Nunca una Miss se ganó con tanto esfuerzo su merecida banda.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Moneyball, rompiendo las reglas


Título original: Moneyball
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Bennett Miller
Guión: Steven Zaillian & Aaron Sorkin, basado en un argumento de Stan Chervin, basado en la novela de Michael Lewis
Producción: Michael De Luca, Rachael Horovitz & Brad Pitt  
Fotografía: Wally Pfister
Música: Mychael Danna
Montaje: Christopher Tellefsen 
Diseño de producción: Jess Gonchor 
Dirección artística: Brad Ricker & David Scott
Decorados: Nancy Haigh
Vestuario: Kasia Walicka-Maimone
Reparto: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman, Robin Wright, Chris Pratt, Stephen Bishop, Brent Jennings, Tammy Blanchard, Jack McGee, Vyto Ruginis, Nick Searcy, Glenn Morshower, Casey Bond, Nick Porrazzo, Kerris Dorsey, Arliss Howard, Reed Thompson, James Shanklin, Diane Behrens, Takayo Fisher, Derrin Ebert, Miguel Mendoza, Adrian Bellani, Tom Gamboa, Barry Moss, Artie Harris, Bob Bishop, George Vranau, Phil Pote, Art Ortiz, Royce Clayton, Marvin Horn, Brent Dohling, Ken Rudukph, Lisa Guerrero, Christopher Dehau Lee, Joe Satriani, Simon James, Greg Papa, Bob Costas, Tim McCarver, Eddie Friedson, Glen Kupier, Joe Provost, John Brantley Cole, Jake Wilson, Robert P. Macaluso, Keith Middlebrook, Damon Farmar, Michael Gillespie, Chad Kreuter, Blake Ninfo, Gary 'G. Thang' Johnson, Corey Vanderhook, Melvin Perdue, Ari Zagaris, Jon Stein, Madeline G. Hall, Holly Pitrago, Ken Korach, Julie Wagner, Ken Colquit, Eric Winzenried, Richard Padilla, Ed Montague, Jack Knight, Patrick Riley, Phil Benson, Joyce Guy, George Thomas… 

entre la sopa de letras y la aritmética emocional

Siempre que alguien me pregunta sobre el tema de una película contesto de la misma manera: ¿acaso importa? Me da lo mismo si es de género o de autor, drama o acción, que gire en torno al mundo de las finanzas o sobre universo femenino, adaptación o historia original. Lo que hace que una película me resulte interesante o no, siempre es la manera en la que un cineasta transmite la historia que quiere contar. Million Dollar Baby (2004, Clint Eatwood), The Blind Side (2009, John Lee Hancock) o Rocky (1976, John G. Avidsen) son películas que se desarrollan en ambientes deportivos, pero en las que lo más importante son siempre los conflictos personales de sus protagonistas. Por eso no me importó en absoluto que Moneyball, la última película dirigida por Bennett Miller, girara en torno al deporte más aburrido del mundo. Al menos para el que no juega y desde luego siempre desde mi punto de vista, de hecho, creo que la película encajaría más dentro de un ciclo dedicado a las matemáticas que al béisbol.

Avalada con seis nominaciones a los premios Oscar, me sucede casi lo mismo que con otras películas nominadas este año en la categoría de mejor película pues si Moneyball no deja de ser una película interesante y hasta entretenida, también resulta larga, pesada y un tanto esclavizada por demasiadas palabras para tan pocas acciones. Una tara que ya se percibía en el texto previo de Aaron Sorkin, The Social Network (2010), pero que mientras en la película que dirigía David Fincher se las ingeniaba para jugar con los saltos temporales a tres bandas manteniendo la atención del espectador hasta el final de la historia, aquí tan sólo nos encontramos con algunos racontos que no alteran ni aportan nada a la línea argumental principal.
Si acaso aclaran la estupidez del personaje principal que pudiendo elegir entre estudiar en la Universidad y jugar al béisbol, elige lo segundo -en lo que me parece la vía rápida- para descubrir posteriormente que había cometido una equivocación. Curiosamente, una premisa nuevamente similar a la del personaje protagonista de The Social Network, que ciertamente también tiene una estructura inductiva teniendo que llagar al final de la historia tanto para descubrir los motivos reales que llevan al protagonista a tomar las decisiones que toma, como para que termine contradiciendo la propia premisa racional que pone en práctica en el juego, venciendo el sentimiento en la cuestión principal (y no es spoiler).
Desde mi punto de vista, aunque el guión avanza con fluidez, delata que está pensado para un público que no esté familiarizado con el deporte sobre el que trata pues está demasiado contaminado de explicaciones forzadas que no sólo no aportan demasiado, sino que dilatan el ritmo de la película hasta dilapidarlo, particularmente el último tercio que se hace un poco pesado. Ni el conflicto personal del propio Billy Beane (Brad Pitt), ni las aportaciones humorísticas de Peter Brand (Jonah Hill), consiguen vitalizar el desarrollo de una trama demasiado centrada en los logros aritméticos. ¿Quizás sea esta la aportación de Steven Zaillian? Dicho de otra manera, las aportaciones sentimentales no consiguen hacer más entretenidas las premisas racionales.
Si Brat Pitt se esfuerza considerablemente, su interpretación no sólo no está de Oscar, sino mucho menos de nominación, pero sí que es cierto que me parece más lograda que incluso la de El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011, Terrence Malick). Admiro mucho a Jonah Hill y si bien celebro su nominación, también me parece un poco excesivo este reconocimiento, más que nada porque algunas de sus interpretaciones anteriores fueran mucho más destacadas. Quizás lo más impactante sea la transformación de Philip Seymour Hoffman, casi irreconocible en un principio, aunque lo más lamentable es la escasa presencia de una actriz tan estupenda como Robin Wright, que se deja ver en ¿¡una sola secuencia!? Quizás lo que más me haya gustado sea la interpretación de Madeleine G. Hall, que consigue realmente emocionar con sólo su voz y una guitarra -otra vez los actores infantiles.
Publicado originalmente en EXTRACINE

Los descendientes


Título original: The Descendants
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Alexander Payne
Guión: Alexander Payne, Nat Fixon & Jim Rash
Producción: Jim Burke, Alexander Payne & Jim Taylor 
Fotografía: Phedon Papamichael
Montaje: Kevin Tent
Diseño de producción: Jane Ann Stewart
Dirección artística: T.K. Kirkpatrick
Decorados: Matt Callahan
Vestuario: Wendy Chuck
Reparto: George Clooney, Shailene Woodley, Amara Miller, Nick Krause, Patricia Hastie, Grace A. Cruz, Kim Gennaula, Karen Kuioka Hironaga, Carmen Kaichi, Kaui Hart Hemmings, Beau Bridges, Matt Corboy, Matt Esecson, Michael Ontkean, Stanton Johnston, Jon McManus, Hugh Foster, Tiare R. Finney, Tom McTigue, Milt Kogan, Mary Birdsong, Rob Huebel, Laird John Hamilton, Aileen 'Boo' Arnold, Esther Kang, Melissa Kim, Robert Foster, Barbara L. Southern, Celia Kenney, Matthew Reese, Zoel Turnbull, Matthew Lillard, Judy Greer, Linda Rose Herman, Scott Rose Morgan, Darryl K. Gonzales, Koko Kanealii, Romey 'Keola' Yokotake… 

paseo descendente por el amor y las tierras

La última película dirigida por Alexander Payne, The Descendants, parte como una de las favoritas en los premios Oscar, con sus cinco nominaciones y después de haber recogido el Globo de Oro a la mejor película dramática, así como al mejor actor protagonista para George Clooney. Demasiadas expectativas para tan pocas pretensiones diría yo. Algunos pensarán que es una cuestión de prejuicios, por estar hablando de George Clooney, que no es santo de mi devoción, pero que sabe estar a la altura cuando es necesario. Tampoco es que no me haya gustado la película, pero dista mucho de haberme entusiasmado. Quizás sea cuestión de la manera en la que se elogia la película, para que sólo me parezca un filme poco más que entretenido y un tanto previsible. Trataré de explicarme.

Lo que me ha parecido más interesante de The Descendants es su guión. El punto concreto desde el que parte la historia, conociendo el personaje de la madre a través de una anáfora, siempre a partir de los demás personajes. Cómo se desmorona el núcleo familiar a partir del accidente que deja a la madre en un coma y, sobre todo, la manera en la que se abren nuevos caminos entre padre e hijas que antes estaban distanciados por las convenciones típicas de esas familias que hacen todo por sus vástagos, aunque sólo sepan quienes son porque lo pone en el libro de familia. Pero lo más interesante es cómo a partir del mismo incidente se abre también una linea argumental que envuelve a toda la familia, así como, indirectamente a toda la sociedad en la que viven puesto que son propietarios de una basta zona que tienen planeado convertir en un lujoso complejo turístico.

Lo malo es que, si bien los personajes están perfectamente trazados y podemos encontrarnos con situaciones más o menos cómicas, interesantes y emotivas, resulta bastante lamentable que desde la segunda y tercera secuencia sepamos exactamente cómo va a terminar la película en sus dos líneas argumentales. La que se refiere directamente al personaje de George Clooney y sus hijas porque se lo dice claramente el médico que atiende a su esposa, y la que envuelve a toda la familia porque se deduce inmediatamente de la conversación (forzada) que mantiene Matt King con la madre de la compañera de clase de su hija, cuando obliga a esta a pedirle perdón, antes incluso de que nos hayan puesto en conocimiento de esa otra línea argumental.

Probablemente el fallo se deba a que, aparte de Alexander Payne, los otros dos guionistas responsables del texto, Nat Faxon y Jim Rash, son a su vez actores. Si por un lado no me cabe ninguna duda de que se han esforzado mucho en los personajes, a la visa está que todos y cada uno de los intérpretes de la película están más o menos estupendos, pero en lo que respecta a las acciones y cómo se desarrolla la trama todo resulta tan previsible como un telefilme de sobremesa cualquiera. Con el inconveniente de que resulta excesivamente largo y que contiene demasiadas canciones hawaianas insoportables -aquí no hay más o menos.

Si al menos Alexander Payne hubiera tenido la gentileza de hacer una aproximación visual, no digo llamativa, pero sí algo más elaborada, quizás me habría resultado algo más estimulante el visitando de The Descendants. Pero el director se limita a mostrar en plano a la persona que habla, para insertar a continuación el contraplano de la que responde. A esto le añadimos unas bonitas panorámicas del exuberante paisaje de Hawai, un par de planos subacuáticos y algún primer plano de un personaje soltando la lagrimita y ya tenemos un melodrama sencillo y exótico, a la par que facilito y digerible para todos los gustos y edades.

Si no fuera porque estoy hablando de Alexander Payne quizás me hubiera dado lo mismo, o hasta habría sido menos tolerante. Pero si ubicamos The Descendants dentro del contexto de su filmografía, detrás de Entre copas (Sideways, 2004), que estaba precedida por About Schmidt (2002), sin duda estamos hablando de un director que pareciera que consigue más logros cuanto menos se esfuerza. De entrada, ni siquiera estuvo nominado como guionista o director de la película que protagonizara Jack Nicholson, aunque por lo menos tuvieran el detalle de nominarle a él y a la maravillosa Kathy Bates. Después no sólo estaría nominado por Sideways, que pareciéndome una película interesante, tampoco es el no va más y, sin duda, me parece inferior que la precedente, aunque encima se llevó el Oscar al mejor guión, que sí que me parecía lo más destacable de la película. Y ahora repite de nuevo la operación con The Descendants en lo que parece que va a tener un resultado todavía mejor -aunque todavía está por ver.

Con lo que respecta a las interpretaciones, qué puedo decir. George Clooney no está mal, pero, sinceramente, le he visto mejor en otras ocasiones. Que aquí aguanta el plano más tiempo y utiliza colirio en alguna de las secuencias, de acuerdo, pero no me parece una interpretación tan loable. Si acaso justito. Desde luego hay dos momentos que no entiendo: la carrerita a lo película de Charles Chaplin que se echa una vez se entera de que su esposa le ha sido infiel y la otra carrerita que se echa una vez que encuentra a la familia del pavo con el que le ha estado engañando. Auténticos momentos slapstick en un contexto que me saca de la película. Sin embargo, quien sí me merece todos los elogios, ni siquiera es su hija mayor, Shailene Woodley, que lleva tanto peso en la película como Clooney, sino la hija pequeña, Amara Miller, que transmite a la perfección la confusión característica de su edad y del resultado de no conocer toda la información de lo que sucede a su alrededor. Claramente 2011 fue un año tremendamente fecundo en interpretaciones infantiles.

También me parece que este personaje es uno de los que mejor construidos están, junto con el amigo de la hermana mayor, porque en el caso de esta última, me parece que está demasiado preparada para explicarle a su padre (y al espectador) aquello que ni guionistas y ni director supieron o pudieron explicar de una manera visual. ¿Y no es una contradicción que no sepan contar la historia con imágenes cuando son precisamente los espacios y los sentimientos lo más importante de The Descendants?

Publicado originalmente en EXTRACINE

domingo 5 de febrero de 2012

Violeta se fue a los cielos


Título original: Violeta se fue a los cielos
Año: 2011
País: Chile, Argentina & Brazil

Dirección: Andrés Wood
Guión: Eliseo Altunaga
Producción: Paula Cosenza, Denise Gomes, Patricio Preira, Pablo Rovito & Fernando Sokolowicz 
Reparto: Francisca Gavilán, Gabriela Aguilera, Daniel Antivilo, Stephania Barbagelata, Eduardo Burlé, Pablo Costabal, Thomas Durand, Roberto Farías, Vanesa Gonzalez, Luis Machín, Roxana Naranjo, Patricia Ossa, Christian Quevedo, Marcial Tagle… 

y nos dejó con el corazón encojido

Ya con su ópera prima Andres Wood se diera a conocer internacionalmente consiguiendo una Mención Especial al Mejor Director Debutante en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián por Historias de fútbol. Ganador de un Goya a la mejor película Hispanoamericana por La buena vida, y nominado también por Machuca, el cineasta chileno parte como favorito para recoger el mismo galardón, en este mismo año en el que su película, Violeta se fue a los cielos, ha recibido el Gran Premio del Jurado a la Mejor Película Dramática Internacional en Sundance.

Violeta se fue a los cielos es un bopic sobre la polifacética artista chilena Violeta Parra. No te preocupes si no te gusta su música o el folklore chileno. Ni siquiera necesitas haber oído hablar de Violeta. Ni saber lo que hizo o lo que dejó de hacer. El guión de la película se encarga de fijar la atención sobre momentos muy puntuales de la vida de Violeta. Los mejores y los peores. Andrés Wood amplifica con elegancia y eficacia el relato elaborado por Eliseo Altunaga -colaborador habitual en los guiones de otras de sus películas. Ni juzga sus actos, ni toma partido por sus opiniones, permite que sea el espectador quien se forme su propia opinión sobre tan polémico y controvertido personaje.

A través de un relato no lineal en el que pasado y presente se intercalan sin orden aparente, conoceremos a Violeta tanto por sus actos, como por sus obras y las explicaciones que se le pidieran tanto sobre sus logros artísticos, como sobre sí misma. Uno llega a pensar que debió ser muy difícil convivir con Violeta, pero para todos los que tuvieron la suerte o desgracia de sentir tal experiencia, indiscutiblemente mereció la pena.

Es innegable la fabulosa aportación de Francisca Gavilán en su portentosa interpretación de Violeta. La entrega a su personaje es de tal magnitud que logra trascender el tiempo y, no utilizando ningún tipo de maquillaje, logra que el espectador no llegue ni a plantearse la edad de Violeta en ningún momento, trasmitiendo perfectamente su edad emocional a través de la intensidad de su interpretación.

Otro de las grandes virtudes de la película es que a pesar del tono visual árido y realista con el que se muestran algunas de las secuencias, Andrés Wood consigue transformar un relato que pareciera construido en una dura prosa en una obra absolutamente poética y deliciosa. Una obra cargada de sentimientos y emociones que perduran y aumentan con el paso del tiempo. Porque la capacidad emocional de Violeta se fue a los cielos convierte la película en una experiencia tan tierna y entrañable como desgarradamente salvaje, que cautiva nuestros sentidos y se agarra irremediablemente y con fuerza a nuestros corazones.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Bajo amenaza


Título original: Trespass
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Joel Schumacher
Guión: Karl Gajdusek
Producción: René BEsson, Boaz Davidson, Danny Dimbort, Avi Lerner, Trevor Short, David Winkler & Irwin Winkler 
Fotografía: Andrezej Bartkowiak
Música: David Buckley
Montaje: Bill Pankow
Diseño de producción: Nathan Amondson
Dirección artística: Willliam Budge
Decorados: Kristin Bicksler
Vestuario: Judiana Makovsky
Reparto: Nicolas Cage, Nicole Kidman, Ben Mandelsohn, Liana Liberato, Cam Gigandet, Jordana Spiro, Dash Mihok, Emily Meade, Nico Tortorella, Brandon Belknap, Terry Milam, Tina Parker, David Maldonado, Nilo Otero, Simone Levin… 

copiar y pegar sin complejos y mal

Si de mi dependiera, ya estaría enviando al FBI a las oficinas de Millenium Films, Nu Image FIlms y Winkler Films, principales responsables de producir Trespass. De la misma manera que detuvieron a los trabajadores de Megaupload, entiendo que deberían detener también a Joel Schumacher, director del bodrio, y Karl Gajdusek, principal responsable de haber robado idea, planteamiento, escenarios, personajes y hasta diálogos de la película española Secuestrados, que dirigiera Miguel Ángel Vivas según guión propio escrito junto a Javier García. Y aquí debería concluir la crítica de Trespass porque no hay nada más que decir, salvo que si la película española provocaba una tremenda sensación de angustia y terror en el espectador al evidenciarse la facilidad y rapidez con la que un grupo de desalmados eludían cualquier sistema de seguridad, queda claro que los estadounidenses saben perfectamente como encajar ese tipo de situaciones. ¡Ja!

Precisamente la primera sensación terrorífica que se experimenta en Trespass se produce en el momento en que ves el coche y la casa del protagonista, que provoca el efecto contrario que en Secuestrados pues estás deseando que les destrocen la cara. Pero, no. La cara ya la tienen destrozada porque la película está protagonizada por las dos momias peor restauradas de Hollywood: Nicol & Nicol (¿no se les habrá ocurrido formar un dúo musical?). Perdón por la broma, quería decir Nicolas Cage y Nicole Kidman. Sin duda los directores de casting de la película eran unos auténticos cachondos. Pero si los protagonistas con los que se supone que nos tenemos que identificar son un cuadro físico, no esperen mucho más del retrato psicológico de los chicos malos de la película. Auténticas caricaturas de camellos, drogadictos y enfermos mentales que con su torpeza todo les sale absolutamente mal.

Trespass brilla por su total ausencia de verosimilitud y lo peor de todo, por su empeño en explicar cosas innecesarias, que encima resuelve fatal. Todos y cada uno de los flashbacks con los que se nos tortura no sólo no aportan nada, sino que dejan clara la incapacidad de los artífices de la película para convencernos de nada. Lo pero de todo es que pretenden justificar sus motivos para convertirse en criminales de ultra pacotilla y que utilizan un discurso inconcebiblemente manipulador al recurrir a falsos flashbacks ¿debería denominar este recurso como una influencia nefasta de C.S.I.?

¿Y quien se va a creer que con esa cara ella solita iba a haber diseñado la casa? ¡Por favor! Si salta a la vista que no ha sabido diseñar su cara. ¿Cuando dicen que salen las nominaciones a los premios Razzie? Trespass tiene todos los boletos para arrasar en todas y cada una de las categorías, incluso hasta en la de copiar y pegar, porque no han sabido mantener las virtudes de una propuesta como Secuestrados. ¿Habrá nominación para el maquillaje y peluquería? ¡Que incluyan a los cirujanos, por favor! ¿Cuantos bodrios consecutivos tiene que hacer un director como Joel Schumacher para que dejen de contratarle?

Publicado originalmente en EXTRACINE