domingo, 26 de enero de 2014

La vida secreta de Walter Mitty


Título original: The secret life of Walter Mitty
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Ben Stiler
Guión: Steve Conrad, basado en un relato de James Thurber
Producción: Stuart Cornfeld, Samuel Goldwyn Jr., John Goldwyn & Ben Stiller  
Fotografía: Stuart Dryburgh
Música: Theodore Shapiro
Montaje: Greg Hayden 
Diseño de producción: Jeff Mann 
Dirección artística: David Swayze
Decorados: Regina Graves
Vestuario: Sarah Edwards
Reparto: Ben Stiller, Kristen Wiig, Jon Daly, Kathryn Hahn, Terence Bernie Hines, Adam Scott, Paul Fitgerald, Grace Rex, Alex Anfanger, Amanda Naughton, Adrian Martinez, Nolan Carley, Joey Slotnick, Shirley MacLaine, Gary Wilmes, marcus Antturi, Amy Stiller, Rosamund Gundmunsdottir, Stuart Vornfeld, Maariu Olsen, Makka Kleist, Ólafur Darri Ólafsson, Ari Matthíason, Hendrikus Schraven, Finnur Jóhannsson, Eysteinn Gardarsson, José Alcántara, José Antonio Alcántara, Rodrigo Espinosa, Seba Alón, Miguel Baez-Olavarria, Daniel Orellana, Antonio Molina, Martin Lagos, Andres Quezada, Valur Snaer Hilmarsson, Eythor Atil Hilmarsson, Birgir Jarl Runarsson, Gunnar Helgason, Kai Lennox, Conan O'Brien, Andy Richter, Gurdeep Singh, Anthony Desio, Losang Thonden, Rinjee Sherpa, Haroon Nawabi, Stefan B. Onundarson, Mohammed Arif Baser, Mohammed Pancherri, Ehsan Nawroz, Steve Assil, Sean Penn, Ang Babu Sherpa, Ang Gelu Sherpa, Dawa Sherpa, Ngima T. Sherpa, Nuri Chhiri Sherpa, Sonam Sherpa, Walter Mudu, Liz Menkel, Brian Scott McFadden, Dian Graham, Richard DeDomenico, Matt Levin, Craig Castaldo… 

querer no siempre es poder

Ante todo dar las gracias porque ni Mike Myers ni Sacha Baron Cohen hayan protagonizado este remake de la película homónima de 1947 protagonizada por Danny Kaye. Contra todo pronóstico, quizás habría sido acertado que el protagonista hubiera sido Jim Carrey, no tanto porque sea un actor cómico en la misma línea que Kaye, sino por sus vinculación con ese particular círculo de cineastas que forman los ladrones de orquídea a través de una película como ¡Olvídate de mi! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004, Michel Gondry). Directores de desbordante imaginación visual con la que impregna sus películas, dotándoles de un poder emocional a veces imposible sólo con la fuerza de un buen texto. Precisamente Ben Stiller es uno de los colaboradores habituales de Wes Anderson, uno de los más populares exponentes de este grupo, de cuya estética es deudora esta vida secreta de Walter Mitty.

Pero quizás ese sea el principal problema de la película, que Stiller abandona su estilo disparatado de Zoolander (2001) y Tropic thunder (2008), para instalarse en una onda poética que ni siqueira tiene nada que ver con la que fuera su ópera prima, Bocados de realidad (Reality bites, 1994). El arrebatador comienzo  consigue hacer que alberguemos esperanzas, pero la confianza en las buenas intenciones no es suficiente. Quieres que te guste a toda costa porque visualmente es muy original, pero el relato carece de la fuerza y consistencia necesarias para colmar las expectativas. 

La trama está dilatada y cuando ya estás convencido de que lo que ciertas partes van a ser un sueño, al final resulta que no lo son, a pesar de que no se sostienen como parte de la realidad, El viaje de Walter Mitty es demasiado fantástico para que finalmente acabe siendo verdad. Quizás me habría convencido más si el personaje hubiera sido más cobarde y no se hubiera atrevido a ir ni a Groenlandia ni a Islandia. Desde mi punto, en ese momento el personaje pierde su autenticidad, para convertirse en lo contrario de lo que era. Todos estos nubarrones se despejan en el momento en que nos damos cuenta de que el guión está adaptado  por Steve Conrad, responsable de textos infumables como los que dieron pie a El hombre del tiempo (The weather man, 2005, Gore Verbinski) o En busca de la felicidad (The pursuit of happyness, 2006, Gabriele Muccino).

Es una pena porque hay momentos espléndidos, tanto visual como emocionalmente, como el uso del famoso tema de David Bowie, Space oddity, o la propia resolución de la película, que llega cuando un servidor ya está algo más que aburrido. La banda sonora es fabulosa, como también la fotografía de la película, pero a pesar del notable esfuerzo de Ben Stiller y de presencias tan estimulantes como las de Kristen Wiig, Sean Penn y la entrañable Shirley MacLaine, en ningún momento conseguí dejarme llevar por el relato. Al final termina siendo una película más ñoña que entrañable, un quiero y no puedo que demuestra que sólo las buenas intenciones no consiguen hacer potable una película.