miércoles, 11 de agosto de 2010

Gainsbourg (vida heróica)


Título original: Gainsburg (Vie héroïque)
Año: 2010
Nacionalidad: Francia & EE. UU.

Dirección: Joann Sfar
Guión: Joann Sfar, basado en su propia novela gráfica
Producción: Marc Du Pontavice & Didier Lupfer
Fotografía: Guillaume Schiffman
Música: Olivier Daviaud
Montaje: Maryline Monthieux
Diseño de Producción: Christian Marti
Decorados: Isabelle Girard
Vestuario: Pascaline Chavanne
Reparto: Eric Elmosnino, Lucy Gordon, Laetitia Casta, Doug Jones, Anna Mouglalis, Mylène Jampanoï, Sara Forestier, Kacey Mottet Klein, Razvan Vasilescu, Dinara Drukarova, Philippe katerine, Deborah Grall, Yolande Moreau, Ophélia Kolb, Claude Chabrol, François Morel, Philippe Duquesne, Angelo Debarre, Grégory Gadebois, Alice Carel, Joann Sfar, Roger Mollien, Jean-Claude Camors, Laurent Vercambre, Pierre ganem, Jean-Yves Lacombe, Arnaud Churin, Guillaume Viry, Oliver Cywie…

caricatura antierótica

La La horrible secuencia de créditos de Gainsbourg (Vie héroïque), no es que adelante lo que va a ser una horrible película, sino que deja claro la ausencia total de gusto y elegancia por parte de Joann Sfar, autor de la secuencia y director de la película, que denota ya su fuerte carencia de originalidad el copiar descaradamente el estilo de las secuencias de créditos diseñadas por Maurice Binder.

Pese a que muchos se hubieran confundido con el tráiler de la película, Gainsbourg (Vie héroïque) no es un biopicture del cantante y compositor francés, sino la caricatura de un niño judío con un peculiar sentido del humor que tiene más deseos de expresarse a través de la pintura que de la música, sector por el que se decanta debido al hechizo que parece causar en el alma femenina, permitiéndoles, a ellas, apreciar todo el apogeo de su belleza interior, y a él, fornicar con las chicas más guapas.
A medio camino entre La vida es bella (La vita è bella, 1997, Roberto Benigni)  y El laberinto del fauno (2006, Guillermo del Toro), Joann Sfar nos presenta la infancia de Gainsbourg como la de un niño que vive entre la fantasía y el sarcasmo, algo que contrasta con el tono general de la película que, aunque conserve ese tono fantástico y pseudo-surrealista “gracias” al alter ego de Gainsbourg, utiliza un lenguaje cinematográfico más antiguo y tradicional que el del propio David Ward Griffith. Una vez alcanzada la edad adulta, la película se transforma en un mero diario de las conquistas sexuales que un señor poco agraciado físicamente —cosa que su alter ego se encarga de recordarnos constantemente con una descomunal nariz y unas orejas que parecieran prestadas del mismísimo Dumbo. Quizás el tono absurdo y exagerado queda explicado cuando descubrimos que la película no se basa ni en un biografía, ni en una novela ni en la propia vida de Gainsbourg, sino en una novela gráfica, cuyo autor vuelve a ser el mismo Joann Sfar.
Pareciera que Sfar creyera que vasta con incluir el nombre de ilustres artistas como Charles Aznavour, Django Reinhardt, Salvador Dali, Charles Baudelaire, Boris Vian, etc., etc., para insuflar a su película de la originalidad y carencia total de valor artístico del que hace gala. Se muestra además, una falta total de aprecio y respeto por el individuo retratado —del que lo único que sabremos a ciencia cierta terminada la película es que fuma como un carretero y que llevaba una vida de crápula que ni siquiera él mismo podía con ella, según Sfar, claro—, un desprecio que se extiende, además, por todas y cada una de las féminas que se tira —utilizo esta expresión porque es la misma que utiliza el personaje para referirse a su relación con Brigitte Bardot. No me extraña que incluso la propia hija del cantante, la maravillosa Charleotte Gainsbourg, quien se había estado preparando para interpretar a su propio padre en la pantalla, se apeara del proyecto diciéndole a su director y guionista y basado en su novela gráfica, que tendría que hacer su “bonita película” sin ella. De lo que el director de venga escogiendo a una niña con otras descomunales orejas para retratar a la primogénita de Gainsbourg en pantalla.
La interpretación de Eric Elmosnino, tampoco ayuda a simpatizar con el personaje, pues se dedica a ofrecer un amplio repertorio de poses demostrando que está más preocupado por la apariencia que por el sentimiento y obsesionado con la manera de fumar del compositor. Mucho más a la altura se muestran Laetitia Casta en su composición de Brigitte Bardot o, sobre todo, Lucy Gordon como Jane Birkin. El caso de Sara Forestier, no sé si es tanto culpa suya como de Sfar, pero dudo mucho de que nadie pueda creérsela como una Lolita, pues más bien parece Baby Jane.
"La vida es un azar contrario al destino"
Algo así deben estar pensando Charlotte y los demás descendientes de Gainsbourg, arrepentidos por haber permitido este absurdo acercamiento a la figura del creador de temas tan recordados como La Javanaise, Harley Davidson, Bonnie and Clyde, Je t’aime… moi non plus, 69 Année érotique o Je suis venu te dire que je m’en vais, pero que tan sólo parece efectivo incluido en una campaña contra el tabaco.

Publicado originalmente en EXTRACINE