martes, 27 de julio de 2010

Splice: experimento mortal

Título original: Splice
Año: 2009
Nacionalidad: Canadá
Dirección: Vincenzo Natali
Guión: Vincenzo Natali, Antoinette Terry Bryant & Doug Taylor
Producción: Steven Hoban
Fotografía: Tetsuo Nagata
Música: Cyrille Aufort
Montaje: Michele Conroy
Diseño de Producción: Todd Cherniawsky
Dirección Artística: Joshu de Cartier
Vestuario: Alex Kavanagh
Reparto: Adrien Brody, Sarah Polley, Delphine Vhanéac, Brandon McGibbon, Simona Maicanescu, David Hewlett, Abigail Chu...
aprendices de Dios

Dirigida por Vincenzo Natali, Splice ha sido, sin duda, uno de los estrenos mas esperados de la temporada, precedida por una estupenda campaña de promoción y protagonizada por Adrien Brody y Sarah Polley, aunque no llega a defraudar, si parece dejar un regusto amargo, como si necesitara algo más.
Elsa (Sarah Polley) y Clive (Adrien Brody) son dos científicos que comparten trabajo y fluidos corporales. Involucrados en la combinación de ADN de diferentes especies para crear nuevos organismos vivos que puedan producir proteínas medicinales capaces de curar enfermedades como Parkinson, Alzheimer, diabetes o, incluso, cáncer, el éxito de experimentos recientes les empuja a experimentar, a espaldas de sus superiores, con ADN humano dando a luz un nuevo ser, Dren (Delphine Chanéac), ni hombre ni mujer, ni humano ni animal. Ambos cometerán el error de confraternizar demasiado con su nuevo ser.
Podría decirse que Splice es un compendio sobre las películas de científicos que juegan a ser Dios, unificando y sobrepasando todos las premisas del género… Aunque también podría verse como una recopilación de las películas favoritas del cineasta de Detroit. El tono general de la película, aunque morbosa y con tendencia hacia el gore, se mantiene en un tono límpio y desinfectado prestando más atención a los personajes y sus relaciones que ha la espectacularidad visual de la que podría alardear. Algo de lo que son responsables, principalmente, las sólidas interpretaciones de Adrien Brody y Sarah Polley, que se alejan del cliché habitual en este tipo de filmes y la de Delphine Chanéac, que consigue dotar de una gran porción de sensibilidad a la atormentada criatura.
Absolutamente integrado en el género, Natali se permite hacer bromas con los que sabe son los máximos consumidores de este tipo de cine, bautizando la compañía en la que trabajan Elsa y Clive con el sustantivo con el que se conoce a su particular tribu urbana: NERD (Nucleic Exchange Research + Development). Además a de alusiones a sus películas anteriores, como Nothing (2003, Vincenzo Natali), en la camiseta que luce Clive, también podemos encontrar referencias en los nombre de Elsa y Clive, que son los mismos que tenían los actores que interpretaran al doctor Frankenstein y su criatura femenina: Colin Clive y Elsa Lanchester en La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstien, 1953, James Whale).

Las primeros acordes de la partitura compuesta por Cyrille Aufort evocan, irremediablemente, a cualquiera de las que Howard Shore compusiera para los primeros títulos de la filmografía de David Cronenberg. Momentos como la transformación de la criatura en la que deja atrás su primer caparazón para evolucionar hacia otro tipo de criatura mucho más ágil nos remiten, indiscutiblemente, a Alien 1979, Ridley Scott). Cualquiera de las criaturas y su necesidad de cariño nos sugiere, inevitablemente, a la patata con cabeza que fuera el vástago de Henry Spencer en Cabeza borradora (Eraserhead, 1976, David Lynch). Y el aspecto mismo de la criatura evoca, inequívocamente, a las texturas físicas de cualquiera de las obras de Chris Cunningham, particularmente el anuncio para Playstation, Mental Wealth, en la que la cara de la protagonista era muy parecida a la de Dren.
Lo interesante es que Vincenzo Natali no huye de sus referencias, las incluye en su película de una manera clara, sin ocultar su fuente, integrándola en su obra y abriendo perspectivas emocionales, por las que, al realizar las asociaciones visuales, también se asocian las premisas argumentales y los conflictos que en ellas se plantean, permitiendo superar esas premisas para evolucionar en otra dirección, la que renueva y reescribe el mito del pecado original de Adán y Eva, representados en Clive y Elsa, que en lugar de desafiar a Dios con la manzana usurpan, directamente, su trabajo, al crear una especie nueva de la que, encima, se encaprichan…
Aunque todas estas referencias puedan jugar tanto a favor como en contra, lo que no se puede negar es la habilidad de Natali para narrar su historia, en la que consigue sintamos empatía por la criatura, por extraña que pueda parecernos a primera vista, o incluso en las primeras fases de su crecimiento, mucho más alejada de la apariencia humana. Fotografía, diseño de producción, montaje, todos los elementos juegan a favor de la cinta, pasando desapercibidos y sin centrarse en aspectos de maquillaje o efectos especiales.
Tampoco abusa de giros de guión espectaculares ni rebuscados, manteniéndose dentro de los límites de la verosimilitud —en lo que ha la parte científica se refiere—, pero puede que la parte final, los últimos veinte minutos, hagan decaer la atención del espectador con respecto a los primeros setenta que marcan una línea de interés creciente, truncada con una resolución apresurada, sucia y emborronada, justo lo contrario que el resto de la película.
Por lo menos, la conclusión final abre un abanico de posibilidades, al dejar un final abierto en el que es el espectador quien debe decidir, haciendo un nuevo guiño cinematográfico —hacia dos títulos muy diferentes, uno de finales de los sesenta y otro de finales de los setenta, y que dejo para el espectador.
Publicado originalmente en EXTRACINE


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