lunes, 12 de julio de 2010

Kick-Ass


Título original: Kick-Ass
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU. & Reino Unido

Dirección: Matthew Vaughn
Guión: Jane Goldman & Matthew Vaughn, basado en un cómic de Mark Millar & John Romita Jr.
Producción: Adam Bohling, Tarquin Pack, Brad Pitt, David Reid, Kris Thykier, Matthew Vaughn
Fotografía: Ben Davis
Música: Mariun De Vries, Ilan Eshkeri, Henry Jackman & John Murphy
Montaje: Eddie Hamilton, Jon Harris & Pietro Scalia
Diseño de Producción: Russell De Rozario
Dirección Artística: Joe Howard, John King & sarah Stuart
Decorados: Tina Jones
Vestuario: Sammy Sheldon
Reparto: Aaron Johnson, Garrett M. Brown, Clark Duke, Evan Peters, Deborah Twiss, Lyndsy Fonseca, Sophie Wu, Elizabeth McGovern, Chrsitopher Mintz-Plasse, Stu 'Large' Riley, Johnny Hopkins, Ohene Cornelius, Mark Strong, Michael Rispoli, Corey Johnson, Kenneth Simmons, Anthony Desio, Carlos Besse Peres, Randall Batinkoff, Dexter Fletcher, Chloe Moretz, Nicolas Cage, Russell Bentley, Jason Flemyng, Tamer Hassan, Yancy Butler, Adrian Martinez, Tim Plester, Joe Bacino, Hubert Boorder, Christopher McGuire, Max White, Dean Copkov, Jacob Cartwright, Maurice DuBois, Dana Tyler, Craig Ferguson, Omar A. Soriano, Katrena Rochell, Kofi Natei, Xander Berkeley, Omari Hardwick, Dan Duran, Louis Young, Val Jobara, Quinn Smith…

no será para niños, pero es infantil y pueril

Una noche que estaba en casa con la televisión encendida, pero sin verla, y escucho que hablan de Kick-Ass. Interpreto que están hablando de una secuela de la peor de las películas de Pedro Almodóvar, Kika (1993). Afortunadamente no era así, pero el resultado no es mucho más óptimo.

Kick-Ass es la historia de Dave (Aaron Johnson), otro de estos nerds que pueblan los Estados Unidos de América que quisieran ser rubias, quiero decir, tan populares como una rubia con su traje de animadora. Los abusos repetidos por parte de unos raperos —que no rateros, porque así van vestidos los que les extorsionan y ahí empieza a asomar la muestra de fascismo— y la ausencia total de solidaridad en su sociedad —que no en la mía—, le llevan a determinar que la solución es disfrazarse con un pijama verde, literalmente, como si hubiera encontrado el clown que lleva dentro. Cuando se enfrenta a sus dos enemigos rateros, en lugar de coger fuerzas detrás de su disfraz, estos le propinan una espectacular paliza —que resulta, casi, lo más estimulante de la película. Pero el clown no cede y lo vuelve a intentar, se crea un perfil en una red social y sale a la calle a payasear. Pero Kick-Ass no es un clown solitario, en la misma ciudad están Big Daddy (Nicolas Cage) y su hija Hit Girl (Chloe Moretz) —la familia que mata y delinque unida permanece unida. El caso de estos es mucho más irresponsable, pues papá le está enseñando a su hijita a utilizar las armas para vengar la muerte de su madre, resultando que el causante de su dolor tiene un hijo que también acabará en pijama…

Tan exquisitamente retratados en las películas de John Hughes, Todd Solondz, Jared Hess o, incluso, Tim Burton o en filmes absolutamente independientes como El vengador tóxico (The Toxic Avenger,1984, Michael Herz & Lloyd Kaufman), Superstar (1999, Bruce McCulloch) o American Splendor (2003, Shari Springer Berman & Robert Pulcini), Kick-Ass viene a demostrar, junto con recientes bodrios del cine norteamericano como Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009, Ruben Fleischer) que los nerds han aterrizado definitivamente en las garras del cine comercial de Hollywood con la intención de llenar sus arcas. Y lo primero es ponerles al nivel del cine de rubias tipo Rommy and Michele’s High School Reunion (1997, David Mirkin) o Una rubia muy legal (Legally Blonde, 2001, Robert Luketic) —con la salvedad que estas últimos son muchos más dignas que de la que estamos hablando. El problema, además, es de fondo pues salta a la vista que Matthew Vaughn, el director de este filme, desconoce por completo lo que significa ser nerd, pues no conoce las diferencias entre un nerd, un freak, un friki, un tarado, un pirado y o un gay, de hecho para él todo es lo mismo.

Tampoco debe haber tenido este director una buena relación familiar, a tenor de las relaciones que se establecen entre los personajes: Dave y su padre no tienen relación alguna, aparte de saber sus respectivos nombres y vivir bajo el mismo techo, no hay mayor relación, como si le tuviese alquilada la habitación; Mindy y Damon Mcready basan su relación en un vínculo de odio al responsable de la muerte de la esposa del segundo y madre de la primera, algo de los más inverosímil y trasnochado, que podría ser divertido en otro contexto, pero tal y como se ha presentado, no comulgo, no creo, no entro, me parece forzado; por último, la familia D’Amico no confían ninguno en el otro, no me extraña que no prosperen.

He de decir que celebro la recuperación física de Nicolas Cage, actor que en sus últimos títulos World Trade Center (2006, Oliver Stone), The Wicker Man (2006, Neil LaBute), Next (2007, Lee Tamahori), Señales del futuro (Knowing, 2009, Alex Proyas) o, la espléndida, Teniente corrupto (The Bad Lieutenant: Port of Call – New Orleans“, 2009, Wernert Herzog), parecía seguir un tratamiento del cirujano que aparecía en Brazil (1985, Terry Gilliam), cuya paciente, en lugar de rejuvenecer, se descompone en vida con lentitud. Nicolas Cage recobra en Kick-Ass parte de su naturalidad, aunque claro, quizás sea una ilusión óptica debido a que aparece la mayor parte del tiempo enfundado detrás de su máscara, que le queda muy bien.

El reparto es pésimo, insoportable. Salvando la actuación de la maravillosa Chloe Moretz, absolutamente espléndida en su caracterización de Hit-Girl, el resto son aprendices de cine comercial que o aún no han asistido a clase de interpretación el tiempo suficiente o de nada les valen las clases. Debo reconocer que la secuencia en la que Hit-Girl se planta vestida de colegial en la casa de D’Amico es espectacular, hasta maravillosa, la precisión de la coreografía y la sincronización con los movimientos de cámara es sublime, preciosa, digna de cualquier videoclip de la petarda Madonna. En realidad pudiera ser una más de los cientos de citas que la película hace, pues debemos recordar que el señor Matthew Vaughn ha sido el productor de los delirios esteticistas del marido de esta, Guy Ritchie, desde Lock & stock (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998) hasta aquella insufrible película protagonizada por la ambición rubia: Barridos por la marea (Swept Away, 2002).

Asimismo, las referencias a otras películas llegan a ser aburridas, aunque debo resaltar por su mal gusto la alusión que se hace a Amélie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulan, 2001, Jean-Pierre Jeunet), tanto en la primera secuencia de la película en la que vemos cómo un armenio con problemas mentales se tira desde lo alto de un edificio para aterrizar en un coche —¿tenía que ser extranjero para ser también enfermo mental? ¿no podía ser de Iowa, Arkansas, Nebraska, Wisconsin, Missouri o Montana?, que luego no me digan que no les tilde de fascistas inmorales—, pero aún es mucho peor el plano de la muerte de la madre de Dave, desperdiciando además la estimulante presencia de Elizabeth MacGovern, quien parece estar destinada a la muerte en el cine reciente, pues de la misma manera acababa en Furia de titanes (Clash of the Titans, 2010, Louis Leterrier). Otro bodrio gigante.

Recientemente tuve la oportunidad de volver a ver en televisión aquel episodio de Los Simpson, The Wizard of Evergreen Terrace (1998, Mark Kirkland), en el que Homer quiere emular a Thomas Alva Edison y se pone a inventar artilugios curiosos. A Homer se le ocurre pensar que toda mujer moderna, que anda corriendo y con prisas, siempre se le puede olvidar su maquillaje en casa para cuando van a una fiesta o un evento, e idea una solución: ‘el rifle maquillador automático’, tras cuya demostración su hija le responde que a ninguna mujer le gusta que le disparen en la cara. No puedo dejar de pensar en Lisa Simpson cada vez que recuerdo el plano de Damon Macready disparando a su hija.

Es que, simplemente, no me lo puedo explicar ni creer, a quien se le puede ocurrir hacer una gracia con un padre disparando a su hija —en realidad sí, a alguien que nunca ha tenido un hijo o una hija y ninguna empatía. No es lo mismo leer una novela que un cómic, mirar un cuadro que un dibujo, escuchar una canción que una sinfonía, ver una serie de televisión que una película. Un autor tiene la responsabilidad de conferir una dimensión que transgreda o no las barreras, de cada medio para lograr su objetivo, pero, en este caso, es tan sólo entretener y divertir, pero la provocación de esta imagen es tan superficial e inmoral que no se justifica con la infantil explicación de que ya estaba en el cómic original. Cosa que desconozco, pero lo menciono por si acaso.

Kick-Ass es, en definitiva, un muestra más de cine fascista americano, algo que resulta además de lo más incoherente para un director de origen británico. Lo único que le queda de su cultura europea es el gusto musical, no me imagino la misma película hecha por un norteamericano con las canciones de The Prodigy o Primal Scream. Esto no viene más que a ser una muestra de que la globalización conlleva la pérdida de la identidad de esas mentes endebles que se dejan manipular y arrastrar por el gigante norteamericano.

La irresponsable muestra que se hace de la violencia en esta película me lleva, inevitable, irremediable e inequívocamente al discurso de Michael Haneke en Funny games (1997) o Funny games, US (2007). El alemán tiene toda la razón y hay cineastas que ya no conocen la diferencia entre hacer un divertido filme de acción en el que la violencia tenga además sentido, como en Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino), Oldboy (2003, Park Chan-wook) o Battle Royale (2000, Kinji Fukasaku), por ejemplo, a promover la violencia y el uso desproporcionado de las armas. Kick-Ass es de estos últimos. 

¿Y van a hacer una secuela? ¡Qué ganas de perder el tiempo y despilfarrar el dinero!

Publicado originalmente en EXTRACINE