lunes, 14 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio


Título original: The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn
Año: 2011
País: EE. UU. & Nueva Zelanda

Dirección: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright & Joe Cornish
Producción: Pater Jackson, Kathleen Kennedy & Steven Spielberg 
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Montaje: Michael Kahn
Dirección artística: Andrew L. Jones & Jeff Wisniewski
Vestuario: Lesley Burkes-Harding
Reparto: Jamie Bell, Daniel Craig, Simon Pegg, Cary Elwes, Andy Serkis, Toby Jones, Nick Frost, Sebastián Roché, Mackenzie Crook, Tony Curran, Daniel Mays, Philip Rhys, Gad Elmaleh, Mark Ivanir, Kim Stengel, Enn Reitel, Sonje Fortag, Ron Bottitta, Jacquie Barnbrook, Joe Starr, Ian Bonar, Mohames Ibrahim Elkest, Sana Etoile, Martin Dew, Sophia Elisabeth, Alex Hyde-White, Nathan Meister… 

cine gay que no convence

Hay una secuencia en The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn que refleja a la perfección la manera en la que un servidor ha tenido que soportar la adaptación del cómic de Hergé por parte de Steven Spielberg: la del ruiseñor milanés. Igual de insoportables que resulta para el capitán Haddock el timbre de voz de Bianca Castafiore, resulta para un servidor el visionado de una película que no sólo no he entendido, sino que me ha resultado insoportablemente aburrida, tremendamente soporífera y que seguro será capaz de provocar la muerte en seres extraterrestres de la misma manera que la música country lo hacía en Mars Attacks!

No voy a entrar en comparaciones con el cómic, ni en si los personajes reflejan o no el espíritu de Hergé, porque Hergé no es el responsable de la película. Tampoco voy a entrar en comparaciones con otras películas de animación, ni con otros cineastas que se hayan embarcado, tras una trayectoria haciendo cine con imagen real, en una película de estas características. Tan sólo recordaré el fabuloso trabajo de Wes Anderson con Fantastic Mr. Fox (2009), para que quede clara la nula capacidad de Spielberg al abordar un filme de animación. Y no me refiero a la técnica en sí, al fin y al cabo él no habrá realizado un dibujo en su vida, me estoy refiriendo a la fabulosa capacidad de Anderson para aprovechar visualmente las posibilidades de la animación y que Spielberg desaprovecha, o parece desconocer por completo.

Cierto que la dirige como si fuera una aventura de Indiana Jones, pero no me parece una virtud, sino un defecto porque ni la película está protagonizada por Harrison Ford, ni el personaje comparte la misma edad, más bien estaríamos hablando de un eterno adolescente, que debe ser lo que en principio interesara a Spielberg. Y es que el cineasta de Cincinatti ha demostrado sobradamente lo viejo y mayor que está. Véase el resultado de Hook (1991), de la que todos pensamos que íbamos a disfrutar con la adaptación definitiva de la novela de J.M. Barrie, puesto que estaba abordada por quien se decía que padecía el síndrome de Peter Pan, como consecuencia del cine que había desarrollado en su magnífica primera etapa. Sin embargo el resultado fue la obra de un señor mayor que clamaba por recuperar aquello que había perdido irremediablemente con la adquisición de las responsabilidades de la edad adulta. Sin ir más lejos, sucedía lo mismo cuando abordaba la cuarta entrega de su héroe particular, Indiana Jones, mostrando a un héroe decrépito y decadente que habría sido mucho mejor se hubiera quedado en el asilo. Por lo que de entrada, me parece que The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn es el enésimo intento de este anciano de Cincinatti por atrapar el elixir de la juventud, delatando más, si cabe, lo viejo que está.

A pesar de que se venda como una película en la onda de Indiana Jones, lo cierto es que encuentro más de un punto en común con una de las películas de aventuras más estupendas de Alfred Hitchcock. Me estoy refiriendo a Los treinta y nueve escalones (The 39 Steps, 1935) en la que también se confunden policías con espías, también hay armas secretas inusuales y también se salta de una secuencia a la siguiente sin esclarecer demasiado cómo se ha resuelto la situación. Pero cuando Hitchcock utilizaba recursos sencillos como elipsis y un inteligente humor negro, Steven Spielberg utiliza acción desenfrenada y unas bromas en tono slapstick de lo más desafortunadas, a esto tenemos que añadir un débil planteamiento de la historia -se ve que Tintin no tiene nunca nada que hacer y siempre está disponible para cualquier tipo de aventura, siempre que no sea sexual- y la inclusión de algunos personajes inútiles y totalmente anecdóticos -como el carterista. Me aburren los giros de guión, que se me antojan bastante aleatorios, la cura del capitán Haddock es demasiado precipitada, la obsesión de Ivanovich Sakharine excesivamente desproporcionada e injustificada, etc., etc. Aparte de la responsabilidad que podamos atribuir a los tres guionistas que han realizado la adaptación, Edgar Wright, Steven Moffat y Joe Cornish, o lo que pueda haber aportado Peter Jackson como uno de los productores, junto a Kathleen Kennedy; el responsable último es, sin lugar a dudas, Steven Spielberg.

Y lo más curioso de todo es que un cineasta que se ha volcado siempre con el cine familiar y ha realizado obras asexuadas, es decir, sin sexo o en el que éste tenía bien poco que aportar al argumento principal, me sorprende que aborde una obra que se me antoja estuviera más situada en la acera de enfrente que en ningún otro sitio. Si ya sobre el cómic planeara siempre la sombra de la homosexualidad, permítanme hacerles notar que no sólo no hay un sólo personaje femenino en la película -Blanca Castafiore no llega a ser un personaje, de hecho es un objeto, un arma-, sino que encuentro bastante sospechoso que ningún personaje tenga vinculación alguna con una mujer. ¿Acabarán Tintín y el capitán Haddock teniendo la típica relación pederasta de los tiempos romanos? ¿A qué jugarán Hernández y Fernández en la intimidad? Sin duda todas estas dudas no serán resueltas en las sucesivas aventuras de este periodista, que un servidor no está dispuesto a ir a ver. Lástima que no hubieran hecho una versión con Jimmy Somerville haciendo de Tintín.

No puedo dejar de mencionar lo insoportables que me resultaron las notas musicales de John Williams en una partitura que parece hiciera con la más absoluta desgana. Sin duda, muchos de ustedes no compartirán en absoluto mi punto de vista y estarán más cercanos a la opinión de mi compañera de Extracine, Rebeca Sánchez, que quedó completamente entusiasmada con el secreto del unicornio. Qué duda cabe que, como suele pasar en muchas otras ocasiones, siempre habrá opiniones para todos los gustos. ¿Cómo te posiciones tú, a favor o en contra? ¿Tienes tu opinión propia?

Publicado originalmente en EXTRACINE