miércoles, 30 de noviembre de 2011

Jane Eyre


Título original: Jane Eyre
Año: 2011
País: Reino Unido & EE. UU.

Dirección: Cary Fukunaga
Guión: Moira Buffini, basado e a novela de Charlotte Brontë
Producción: Alison Owen & Paul Trijbits 
Fotografía: Adriano Goldman
Música: Dario Marinelli
Montaje: Melanie Oliver
Diseño de producción: Wil Hughes-Jones
Dirección artística: Karl Probert
Decorados: Tina Jones
Vestuario: Michael O'Connor
Reparto: Mia Wasikowska, Janie Bell, Su Elliot, Holliday Gringer, Tamzin Merchant,  Amelia Clarkson, Craig Roberts, Sally Hawkins, Lizzie Hopley, Jayne Wisener, Freya Wilson, Emily Haigh, Simon McBurney, Sandy McDade, Freya Parks, Edwina Elek, Ewart James Walters, Judi Dench, Georgia Bourke, Sally Reeve, Romy Settbon Moore, Eglantine Rembauville-Nicolle, Michael Fassbender, Rosie Cavaliero, Angela Curran, Imogen Poots, Sophie Ward, Joe Van Moyland, Hayden Phillips, Laura Phillips, Harry Lloyd, Ned Dennehy, Joseph Kloska, Ben Roberts, Valentina Cervi… 

romanticismo gótico elegante

Aunque no sea la adaptación definitiva de Jane Eyre, la tercera película dirigida por Cary Fukunaga es una de las versiones más interesantes que se han realizado de la inmortal novela de Charlotte Brontë. Si en el equipo artístico destacan las interpretaciones de Michael Fassbender y Mia Wasikoeska, en el equipo técnico hay que resaltar la exquisita labor de su director de fotografía, la eficacia del compositor de su banda sonora y la inteligencia de una guionista que sabe alterar el orden de los sucesos y quitar algunos elementos sin desvirtuar por ello el espíritu de la obra original.

Denostada por muchos como una obra femenina -como si eso fuera algo malo-, es precisamente una mujer, Moira Buffini -responsable recientemente de otro guión centrado en otra mujer revolucionaria a su manera, como Tamara Drewe-, la que despoja de cualquier atisbo de melodrama a la triste historia de Jane Eyre, sin adulterar por ello la naturaleza de todos y cada uno de sus personajes. Quizás algunos lectores echen de menos el doloroso periplo de Lowood, del que apenas se dan unas pinceladas. Puede que no estén excesivamente bien retratados el señor Rivers y sus hermanas. Tampoco parece que haya hecho mucho hincapié en algunas de las cualidades que hacían de Jane Eyre una mujer avanzada para su tiempo al no regir sus actos por la religión, ni doblegarse a los deseos de un hombre. Pero sí queda perfectamente claro que lo que estamos presenciando es la historia de una persona que, por su condición femenina, pasará a ser una persona diferente en el momento en que contraiga matrimonio, perdiendo también su nombre de nacimiento.

Cary Fukunaga aprovecha visualmente la espectacularidad y exuberancia de la campiña inglesa, que junto a una precisión pictórica a la hora de encuadrar a sus personajes consigue que podamos desvincular la obra del momento en el que está realizada para hacernos creer que estamos realmente en el siglo XIX. Gran parte del poderoso impacto visual de la película se debe a la fascinante fotografía de Adriano Goldman que, con una aproximación absolutamente naturalista de la luz, consigue un tono gótico y exquisitamente tétrico sin renunciar por ello al color. Podríamos decir que si la fotografía ilustra lo externo, esa fría apariencia que desprenden los personajes, es la música la que muestra el interior, pues realmente parece que la partitura de Dario Marianelli expresara a la perfección los sentimientos de los personajes, siendo por ello crucial su aportación en secuencias como la de la declaración, en la que se ponen de acuerdo todos los elementos para conseguir un momento sublime, sin abusar de estética o elementos artificiales.

La pericia de Fukunaga no se queda sólo en el aspecto visual, sino que consigue unas prodigiosas interpretaciones de todos y cada uno de los miembros de su reparto, siendo especialmente cuidadas las de sus dos protagonistas, Mia Wasikowska y Michael Fassbender. Si de este último no me sorprende en absoluto, vistos sus numerosos éxitos recientes, debo decir que en el caso de la joven protagonista de la película es toda una revelación, dada la complejidad del personaje que no llega a decir lo que siente, pero que se puede percibir perfectamente en su mirada.

En definitiva, una película recomendable tanto para los que hayan leído la novela de Charlotte Bronté, que no se sentirán defraudados, como para los que no lo hayan hecho, que ciertamente les entrarán ganas de hacerlo.

Publicado originalmente en EXTRACINE