lunes, 14 de noviembre de 2011

Criadas y señoras


Título original: The Help
Año: 2011
País: EE.UU., India y Emiratos Árabes

Dirección: Tate Taylor
Guión: Tate Taylor, basado en la novela de Kathryn Stockett
Producción: Michael Barnathan, Chris Columbus & Brunson Green 
Fotografía: Stephen Goldblatt
Música: Thomas Newman
Montaje: Hughes Winborne
Diseño de producción: Mark Ricker
Dirección artística: Curt Beech
Decorados: Rena DeAngelo
Vestuario: Sharen Davis
Reparto: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O'Reilly, Allison Janney, Anna Camp, Eleanor Henry, Emma Henry, Chris Lowell, Cicely Tyson, Mike Vogel, Sissy Spacek, Brian Kerwin, Wes Chatham, Aunjanue Ellis, Ted Welch, Shane McRae, Roslyn Ruff, Tarra Riggs, Leslie Jordan, Mary Syeenburgen, Tiffany Brouwer, Carol Sutton, Millicent Bolton, Ashley Johnson, Ritchie Montgomery, Don Brock, Florence 'Flo' Roach, Nelsan Ellis, David Oyelowo, LaChance, Dana Ivey, Sheerene Whitfield, Cleta Elaine Ellington, Henry Carpenter, John Taylor, Charles Cooper, Diana Cooper, Coyt Bailey, Wade Cottonfield, Kelsey Scot, Amy Beckwith, Sloane Fair, Anna Jennings, Lauren Miller, Elizabeth Smith, Mary Taylor Kilebrew, Kathryn Ursy, Stephanie Ward… 

criadas, señoras y actrices fabulosas

No me extraña en absoluto que The Help haya sido la sorpresa de la temporada en los Estados Unidos. Quizás no sea una película llena de giros de argumento sorprendentes, ni tenga una aproximación visual impactante, ni desde luego está plagada de efectos especiales u otros recursos característicos de películas que no tienen nada que contar. No. The Help es una emotiva y emocionante historia llena de personajes que se instalan en nuestro corazón de manera que acabaremos odiando unos y amando a otros. Sin contemplaciones ni términos medios, ya sean blancas o negras, criadas o señoras. Y lo expreso en femenino porque el discurso de la película se centra sólo en el punto de vista femenino.

Parafraseando una de las frases de la película, podemos decir que aunque historias como esta se han contado antes, tanto sobre la emancipación de la mujer como sobre integración racial, quizás sea cierto que nunca se hayan contado exclusivamente desde el punto de vista femenino, o mejor todavía, exclusivamente femenino. Una premisa que Tate Taylor, su director así como responsable del guión, comprende y asume para desaparecer detrás de sus magníficos personajes. Podemos decir que, en The Help, emancipación e integración caminan de la mano, pues aunque Skeeter (Emma Stone) sea una joven contemporánea que ha tomado las riendas de su vida -en la línea de personajes más como los que interpretara Katharine Hepburn que por los que hiciera Barbara Stanwick-, no deja de ser considerada entre sus amigas como un bicho raro, tanto por el hecho de que trabaje y no tenga su correspondiente marido, como por tratar a la gente de color de la misma manera que trata a los de sus propia raza.

La fuerza de The Help no está ni en los acontecimientos históricos que suceden mientras se desarrollan los conflictos de las protagonistas, que se muestran siempre en un segundo plano aunque cambiarán la vida de todos los miembros de la raza negra estadounidense; ni en los hechos concretos que tienen lugar en el pequeño pueblecito de Jackson, que cambiarán la vida personal de todos y cada uno de los que están implicados en el relato; sino en los sentimientos y emociones de cada uno de los personajes. Ciertamente, lo más interesante de The Help es el proceso de cómo cada una de estas mujeres asimila las consecuencias de sus propios actos. Quizás por eso Tate Taylor se conforma con firmar un guión inteligente, pero realizando una aproximación visual bastante discreta, aunque muy efectiva, en favor del excelente trabajo actoral.

Este trabajo comienza por todas y cada una de las actrices de reparto, cuyo espléndido trabajo comienza, nuevamente, desde la escritura de guión y la perfecta descripción de personajes de Tate Taylor -que aunque probablemente retome de la novela en la que se basa, perfectamente podría haber dejado de lado. El caso es que se reflejen de una manera muy precisa las diferencias entre generaciones pues tanto la madre de Skeeter, interpretada espléndidamente por una actriz injustamente poco conocida como Allison Janney, como la madre de Celia (Jessica Chastain), interpretada deliciosamente por la siempre maravillosa Sissy Spacek, marcan sus respectivas distancias, en materia más racial que feminista, con sus respectivas hijas.

Destacar en el grupo de los personajes de reparto la presencia de Mary Steenburgen que ofrece la imagen contraria de estas dos madres, intuyo que en una manera de decir que no es la sociedad la que encarcela a la mujer en el fuego de la cocina, sino que, en muchos casos, son ellas mismas las que se dejan encarcelar, como consecuencia de una educación tradicional y unas convenciones sociales ancladas en ese oscuro pasado. Precisamente por eso considero que la película da mayor importancia a lo subjetivo que a lo objetivo, es decir, a los acontecimientos personales por encima de los históricos, como la muerte de Martin Luther King, que tan importante fuera para la comunidad negra.

Y en lo personal, el personaje catalizador de todas las historias, tanto de las negras como de las blancas es Skeeter, interpretada con convicción y coherencia por Emma Stone, pero que debo decir, quizás quede eclipsada por las dos parejas de la película que se erigen como las auténticas protagonistas. Por un lado están Viola Davis y Octavia Spencer que representan dos maneras opuestas de afrontar el mismo problema, cuando una de ellas nos gana con el corazón, la otra ciertamente nos derrite con el humor que acompaña todas y cada una de sus intervenciones. Por otro lado están Jessica Chastain y Bryce Dallas Howard, quizás los personajes más estereotipados de la película que gracias al espléndido trabajo de cada una de las actrices conseguirán que odiemos a una de ellas para amar, irremediablemente, a la otra, con todos sus defectos.

Habrá quien piense que mis palabras son excesivas para un título que, en resumidas cuentas, tampoco va a ser innovador ni renovador del lenguaje audiovisual, pero es que al igual que títulos como El color púrpura (The Color PUrple, 1985, Steven Spielberg), Magnolias de acero (Steel Magnolias, 1989, Herbert Ross) o Tomates verdes fritos (Fried Green Tomatoes, 1991, Jon Avnet), esta es una película que va directa al corazón.

Publicada originalmente en EXTRACINE