viernes, 4 de noviembre de 2011

Asesinos de élite


Título original: Killer Elite
Año: 2011
País: EE. UU. & Australia

Dirección: Gary McKendry
Guión: Matt sherring, basado en una novela de Ranulph Fiennes
Producción: Michael Boughen, Steve Chasman, Matthew Street & Tony Winley 
Fotografía: Simon Duggan & Alain Duplantier
Música: Reinhold Heil & Johnny Klimek
Montaje: John Gilbert
Diseño de producción: Michelle McGahey
Dirección artística: Tim Dickel & Aziz Hamichi
Decorados: Rolland Pike
Vestuario: Aude Bronson-Howard & Katherine Milne
Reparto: Jason Statham, Clive Owen, Robert De Niro, Dominic Purcell, Aden Young, Yvonne Strahovski, Ben Mendelsohn, Adewale Akinnuoye-Agbaje, David Whiteley, Matthew Nable, Lachy Hulme, Firass Dirani, Nick Tate, Bille Brown, Stewart Morritt, Grant Bowler, Michael Dorman, Daniel Roberts, Rodney Afif, Jamie McDowell, Dion Mills, Andrew B. stehlin, Simon Armstrong, Rchard Elfyn, Chris Anderson, Brendan Charleson, Sandy Greenwood, Boris Brkic, Risley Evans, Tim Hughes, Tony Porter, Michael Carman, Jacl Llewellyn, Huw Garmon, Barry Stones, Salim Fayad, Sharbel Sukkar, Melissa Martin, Stephen Phillips, Kristy Barnes-Cullen, Kate Neilson, Ray Tiernan, Zane Dirani, Mohamed Dirani, Michael Dirani, Emily Jordan, Grahame Mapp, Sue Mapp, Blake O'Leary, Cody Faull… 

el mercenario sensible

Puede resultar difícil no entusiasmarse con un cartel encabezado por Jason Statham, Clive Owen y Robert De Niro. A mi, por lo menos, me resulta atractivo. Sin embargo, Killer Elite deja claro que testosterona mezclada con aspiraciones intelectuales y buenas interpretaciones, no es una ecuación que baste por sí misma para conseguir una película de acción de calidad. Sobre todo cuando sus artífices son debutantes pues lo son tanto su guionista, Matt Sherring, como su director, Gary McKendry. Si la primera secuencia de la película da buena cuenta de sus ganas de hacer una película de acción diferente, también pone en evidencia sus carencias tanto éticas como estéticas. 

Si en un principio puede parecer que quisieran sacar partido de la crisis aportando credibilidad a su discurso, dudo mucho que lo que valiera para la crisis del 29, sea realmente efectivo para la crisis económica actual. Y mucho menos cuando en una sola secuencia pretenden mostrarnos a un mercenario tan sensible que después de asesinar sin ningún escrúpulo a quien se le ponga por delante (pues asumo que esta no era su primera misión), recibe la iluminación, cual Jules Winnfield -Samuel L. Jackson en Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino), cuando se enfrenta cara a cara a la mirada de una niña (o adolescente), mostrando el machismo de su ética (o de su falta de ella), y decidiendo en ese mismo instante dejar de ser un asesino, y todo ello sin magdalena de por medio.

Aunque claro, más ridículo todavía es el aviso de que vamos a presenciar una historia basada en un hecho real. Que no digo que no lo esté, pero como que me creo más las conspiraciones de The X Files. En cualquier caso, si la trama se vuelve interesante en un momento dado, sobre todo a partir de la incorporación del personaje de Clive Owen, el estilo visual permanece por derroteros tremendamente aburridos, llegando a lograr lo impensable en una película de acción: que se vuelva larga y te transmita la sensación de eternidad, llegando un servidor a desear que terminase con la aniquilación de todos y cada uno de los personajes de la película.

Después está esa trama romántica con pretensiones. Pretensiones al romanticismo estético de películas como Memorias de áfrica (Out of Africa, 1985, Sydney Pollack) o El paciente inglés (The English Patient, 1996, Anthony Minghella), cuyas carencias no es necesario explicar. Ni funciona como película de acción, ni como cine romántico, ni mucho menos como filme de denuncia social. Quizás es que se trata, en realidad, de un título demasiado intelectual que no he sabido apreciar, pero Killer Elite es un título incomprensible para un servidor. Cualquier película de David Lynch es mucho más fácil de entender.

Publicado originalmente en EXTRACINE