miércoles, 30 de noviembre de 2011

The Human Centipede II (Full Sequence)


Título original: The Human Centipede II (Full Sequence)
Año: 2011
País: Holanda, Reino Unido & EE. UU.

Dirección: Tom Six
Guión: Tom Six
Producción: Ilona Six & Tom Six 
Fotografía: David Meadows
Música: James Edwards Barker
Reparto: Laurence R. Harvey, Ashlynn Yennie, Maddi Black, Kandance Caine, Dominic Borrelli, Lucas Hansen, Lee Jude Gennis, Georgia Goodrick, Emma Lock, Katherine Templar, Peter Blankenstein, Vivien Bridson, Bill Hutchens, Peter Charlton, Daniel De'sioye… 

cien por cien perturbadora

Si eres de los que pensaba que The Human Centipede (First Sequence) era el punto más alto en cine gore, escatológico y desagradable, permíteme decirte que Tom Six consigue sorprenderte con The Human Centipede II (Full Sequence). Si eres de los que pensaba que Tom Six era un director de tres al cuarto que sería capaz de hacer un cine de bajo presupuesto sin capacidad para hacerte pensar, permíteme decirte que el cineasta holandés sabe sugerir para contar mucho más que lo que muestra. Si eres de los que pensaba que lo habías visto todo, permíteme decirte que hay cosas que te gustaría no te hubieran enseñado.

La primera cuestión que me llama la atención de The Human Centipede II (Full Sequence) es que su director, Tom Six, es perfectamente consciente de la manera en la que su obra es consumida por el público. El protagonista de su película, Martin -interpretado por Laurence R. Harvey, un actor que tiene la misma peculiaridad de resultar desagradable a simple vista, al igual que Dieter Laser en su precedente-, disfruta una y otra vez de The Human Centipede (First Sequence) en su ordenador.

Aunque todavía hay una interesante reflexión metacinematográfica mucho más interesante, y es la que introduce el director cuando coloca en manos de su personaje un álbum que contiene, no sólo imágenes de la película que le fascina, sino de sus protagonistas en su vida real. No puedo imaginarme el horror, asco y repulsión que debieron experimentar Ashley C. Williams y Ashlynn Yennie cuando pensaron en la posibilidad real de que un perturbado de estas dimensiones pueda disfrutar con su imagen.

Aún a pesar de que muchos me puedan tildar de exagerado y desproporcionado, me atrevería a decir que Tom Six plantea una auténtica reflexión moral con respecto a aquellos que hacen cine de alto contenido sexual o violento que puede incidir el comportamiento de otras personas. Pero más que nada, porque un servidor, nunca ha creído que una película pueda incidir en el comportamiento de nadie, o al menos en la magnitud en que la literatura de caballería hizo mella en otra perturbada mente, la del romántico y soñador hidalgo don Quijote.

Tom Six aborda la secuela de la película que le ha hecho famoso en el mundo entero con una elegancia y una aproximación estética que supera con creces a su original. Sin duda la decisión de fotografiar la película en blanco y negro le proporciona de un aspecto visual que hace que la podamos desvincular de una época concreta. Independientemente de que el aspecto de algunos personajes, detalles como el vestuario, o elementos de atrezzo como los coches y el ordenador que utiliza Martin, o el hecho de que esté viendo una película estrenada en 2009 nos ubique en nuestra realidad, lo cierto es que se puede prever que esta secuela va a envejecer mucho mejor que su precedente.

De entrada, me parece fascinante la manera que tiene de relacionar visualmente la película que Martin ve en su ordenador, con la pantalla a través de la que ve a los incautos que guardan sus coches en el garaje que vigila, o el propio Martin visto a través del ventanuco de su oficina. Lo que me lleva a reflexionar sobre la cuestión de lo raros que podemos ser cualquiera de nosotros si se nos observa de la misma manera que estamos observando la insólita vida de este pobre desgraciado, particularmente los que nos atrevemos a ver esta película en cuestión. Ironía y sentido del humor ante todo, tanto para el cineasta como para su público potencial.

Y todavía mucho más que el uso de la imagen, la efectividad de la repulsión de muchos momentos de la película, esa atmósfera de tensión que se respira en todo momento, o la crispación que el espectador pueda a llegar experimentar son fruto del magnífico uso del sonido a lo largo de toda la película. En ese sentido, si la primera parte me recordaba estéticamente al cine de David Cronenberg, en este caso tendría que remitirme al espectacular uso que del sonido hace David Lynch en todas sus películas. La fotografía en blanco y negro y la caracterización de algunos personajes, sin duda, nos remiten a Eraserhead.

El desaliñado aspecto de la madre de Martin, que contrasta con el hecho de que siempre lleve los rulos puestos; el improbable aspecto del médico que le atiende, que parece fuera un hippie que siguiera conservando el aspecto físico de sus tiempos de universidad -si es que este pavo hubiera ido a alguna (me encanta ironía de cómo termina su relación)-; o la sorprendente estética del vecino de arriba, a mitad de camino entre un ángel del infierno, un integrante de una banda de cabezas rapadas y un homosexual leather. Todos ellos confieren una inquietante y perturbadora dimensión al relato de Tom Six, casi más que las secuencias sangrientas y escatológicas que puedan interesar a un sector del público.

Resaltar también la efectividad de un relato que comienza en un punto álgido, haciendo que la tensión sea inmediata, abundando en elipsis que permiten que la acción avance a gran velocidad. Evita repeticiones obvias e innecesarias, pero construye un relato cuya intensidad sensorial, más que emocional, provoca que el tiempo se dilate para el espectador de una manera tan insoportable como para sus desgraciados personajes.

Asimismo, me veo en la obligación de resaltar otros momentos que… Bueno, mejor descúbranlos por ustedes mismos. Tan sólo quisiera advertirles que si, como un servidor, pasada la primera hora de la película, y a pesar de que está plagada de momentos espeluznantes, alguno llega a pensar que toda la acción se va a centrar en la insólita y deplorable forma de vida de Martin, que sepan que pasada casi la primera hora de la película llegarán a todo un festival de torturas dignas de Salò o le 120 giornate di Sodoma. Momentos espeluznantes, insoportables y absolutamente desagradables que harán las delicias de unos y el disgusto de otros. Avisados quedan. ¡Ahora que yo la tercera no me la pierdo!

Publicado originalmente en EXTRACINE