domingo, 20 de noviembre de 2011

Anonymous


Título original: Anonymous
Año: 2011
País: Reino Unido & Alemania

Dirección: Roland Emmerich
Guión: John Orloff (A Mighty Heart -la de Michael Winterbottom con angelina Jolie- y Legend of the Guardians: The Owls of Ga'Hoole)
Producción: Roland Emmerich, Larry J. Franco & Robert Leger 
Fotografía: Anna Foester
Música: Harald Kloser & Thomas Wanker
Montaje: Peter R. Adam
Diseño de producción: Sebastian T. Krawinkel
Dirección artística: Sabine Engelberg, Stephan O. Gessler, Philip Higgs, Stefan Speth & Bryce Tibbey
Decorados: Simon-Julien Boucherie
Vestuario: Lisy Christl
Reparto: Rhys Ifans, Vanessa Redgrave, Sebastian Armesto, Rafe Spall, David Thewlis, Edward Hogg, Xavier Samuel, Sam Reid, Jamie Campbell Bower, Joely Richardson, Paolo De Vita, Trystan Gravelle, Robert Emms, Tony Way, Julian Bleach, Derek Jacobi, Alex Hassell, James Garnon, Mark Rylance, Jasper Brown, Ned Dennehy, John Keogh, Lloyd Hutchinson, Vicky Krieps, Helen Baxendale, Paula Schramm, Amy Kwolek, Luke Thomas Taylor, Isaiah Michalski, Timo Huber, Richard Durdan, Shaun Lawton, Detlef Bothe, James Clyde, Christian Sengewald, Jean-Loup Fourure, Victoria Gabrysch, Axel Sichrovsky, Katrin Pollitt, Patricia Grove, Laura Lo Zito, Gode Benedix, Nic Romm, Henry Lloyd-Hughes, Patrick Diemling, Patrick Heyn, Nino Sandow, Craig Salisbury, Rainer Guldener, Trystan Wyn Puetter, André Kaczmarczyk, Jonas Hämmerle, Leonard Kinzinger, Mike Maas, Christian Leonard, Christian Banzhaf, Victor Calero, Martin Engler, Alfred Hartung, Oliver Kube, Christian Ludwig, Oliver Rickenbacher, Claudius von Stolzmann… 

de reina virgen a coneja desaforada

Dado que no puede destruir el mundo, está visto que Roland Emmerich se ha propuesto destruir la cultura. Al menos esto es lo primero que me viene a la mente después de digerir, con esfuerzo y paciencia, la delirante Anonymous. Y no lo digo por el tema que plantea, sino por la torpe manera en la que desarrolla su propuesta que, finalmente, termina por confirmar lo que un servidor tenía bastante claro con las películas previas del cineasta -qué grande le viene este sustantivo- alemán: que no es más que un ultraconservador disfrazado de cuero que no bucea en los orígenes de su propia cultura, ¿la nazi?, por si se le fuera a ver el plumero con más claridad.

Comenzando por el principio, tenemos que fijarnos ante todo en el guión que propone John Orloff en la que es su tercera película, tras Un corazón invencible (A Mighty Heart, 2007), una de las pocas películas flojas de Michael Winterbottom, y Ga'Hoole - La leyenda de los guardianesi (Legend of the Guardians: The Owls of Ga’Hoole, , la película de animación que dirigía Zack Snyder y que, aunque fue de mi agrado, también tenía un fuerte tufo a fascismo soterrado. Al menos en Anonymous tiene la sensatez de enmarcar su teoría dentro de la ficción al desarrollarse sobre un escenario, remarcando la idea de que todo lo que se va a presenciar no es más que pura (y absurda) especulación. Si cuestionar la autoría de William Shakespeare sobre su obra no es nuevo, sin duda convertir a Elizabeth, la que se considera “reina virgen”, en una coneja desaforada que se quedaba embarazaba con cada nueva conquista desbarata la poca credibilidad que tenga la primera premisa.

Con lo que respecta al texto en sí, las únicas palabras inteligentes que se escuchan a lo largo de todo la película son, como no podía ser de otra manera, las que reproducen las obras originales de William Shakespeare. Las acciones a través de las que se desarrolla el argumento de la película, ya sea más o menos creíble, quedan totalmente ridiculizadas en el momento en que el torpe reparto de la película abre la boca, porque todos los personajes parecen escritos por un aficionado de las mismas características que el William Shakespeare que se retrata en Anonymous.

Ninguno de los actores es capaz de insuflar algo de carisma y personalidad a sus respectivos personajes, comenzando por un insulso Rhys Ifans y terminando por un insoportablemente patético David Thewlis. Las únicas que se salvan de que les corten la cabeza son las espléndidas aportaciones de Vanessa Redgrave y Joely Richardson en su representación de Elizabeth, que hacen que nos olvidemos por un momento, tanto de Cate Blanchett en Elizabeth (1998, Shekhar Kapur), como de Judi Dench en Shakespeare in Love (1998, John Madden). Mención aparte merece el joven actor Jamie Campbell Bower, que sí consigue insuflar fuerza y personalidad en su personificación del joven Edward de Vere, dejando claro que el problema de los demás actores no es tanto el texto y las acciones, como su falta de capacidad.

Por lo demás, la única premisa que me ha interesado de toda la película es la que Edward de Vere le plantea a Ben Jonson sobre la política intrínseca en cualquier expresión artística. Efectivamente, estoy completamente de acuerdo en que todo artista, con la mínima decisión que toma para su obra, desde el sexo de cada personaje, hasta su edad, la época en la que viven o, incluso su aspecto físico, pone de manifiesto las simpatías y afinidades del autor con su propia época, tanto desde un punto de vista social, como político. Y esto siempre es así, por muy liviana que sea la película y aunque tenga como objetivo únicamente el de entretener. Como dice el conde: toda expresión artística es política, lo que me lleva a hacer mi propia reflexión sobre lo que quiere decir Roland emmerich con Anonymous:

1. El planteamiento de que una persona sin estudios nunca pueda ser capaz de crear obras de la calidad de las que creó William Shakespeare demuestra que Roland Emmerich y John Orloff, no deben haber visto nunca una película de Charles Chaplin, por mencionar un artista más o menos contemporáneo, sin estudios, autodidacta, que no sólo actuaba, sino que escribía, dirigía y componía las partituras de la mayoría de sus obras. Hay muchos más con las mismas características.
2. Igualmente, me quedo perplejo ante el poco respeto que tienen director y guionista hacia el arte dramático. Está visto que para ellos los actores son gente vacía que únicamente se aprenden un texto que posteriormente olvidan con el primer cigarrillo, la primera copa, o el primer polvo que se echan una vez han terminado de actuar.
3. Un pensamento como los dos anteriores solo puede venir de unas mentes clasistas, conservadoras y peligrosamente fascistas, cosa que no me sorprende del artífice de filmes como Stargate, Independece Day o 2012, independientemente de que alguna de ellas me pueda parecer más o menos entretenida, que nuca magnífica, claro.
4. Si todo artista es político, está visto que la política de Roland Emmerich es absolutamente inservible, como lo es el grueso de su filmografía, o respondiendo al lema de su película: Emmerich es el fraude.

¿Que más puedo decir? Si quieren ver una interesante película de intrigas y traiciones reales, que además sea total y absolutamente cierta, por favor alquilen Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons, 1966, Fred Zinnemann). Quedarán mucho más reconfortados tanto por su aspecto artístico, como por el político. Y, además, es infinitamente más emocionante.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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