martes, 5 de octubre de 2010

Resident Evil: Afterlife

Título original: Resident Evil: Afterlife
Año: 2010
País: Reino Unido, Alemania & EE.UU.

Dirección: Paul W. S. Anderson
Guión: Paul W. S. Anderson
Producción: Paul W. S. Anderson, Jeremy Bolt, Don Carmody, Bernd Eichinger, Samuel Hadida & Robert Kulzer
Fotografía: Glen MacPherson
Música: tomandandy
Montaje: Niven Howie
Diseño de Producción: Arvinder Grewal
Dirección artística: Brandt Gordon
Decorados: Carolyn ‘Cal’ Loucks
Vestuario: Dense Cronenberg & Azalia Snail
Reparto: Mila Jovovich, Ali Larter, Wentworth Millar, Kim Coates, Shawn Roberts, Sergio Peris-Mencheta, Spencer Locke, Boris Kodjoe, Sienna Guillory, Kacey Barnfield, Norman Yeung, Fulvio Cecere, Ray Olubowale, Christopher Kano, Tatsuya Goke, Nobuya Shimamoto, Peter Kosaka, Denis Akiyama, Kenta Tomeoki, Shin Kawai, Mika Nakashita, Takato Yamashita, Hiromi Okuyama...

por que ella lo vale


Paul W. S. Anderson es un cineasta que siempre se ha movido en los parámetros de correspondencia entre el lenguaje cinematográfico y el de los videojuegos, por eso no debe extrañar que Resident Evil: Afterlife, la cuarta entrega de la saga Resident Evil (2002, Paul W. S. Anderson) —-aparte de la que hiciera Makoto Kamiya en animación: Resident Evil: Degeneration (2008)—-, se desarrolle a mitad de camino entre la aventura gráfica, el First Person Shooter o el terror, más que entre el terror, la acción y la ciencia-ficción.

La impresionante secuencia de comienzo no deja lugar a dudas sobre el espectáculo que vamos a presenciar, un ejercicio de pirotécnica y acrobacia que nos deja con la boca abierta, sobre todo por el cuidado que se toma su director en que disfrutemos de todos y cada uno de los movimientos de sus personajes, echando mano de ralentís, ángulos bizarros, CGI, etc., etc. Una secuencia en la que, si bien puede apreciarse la influencia de Matrix (The Matrix, 1999, Andy Wachowski & Lana Wachowski) y sus secuelas, tan sólo es en lo superficial, en lo estético, dado que por debajo de toda la secuencia subyace un fabuloso homenaje a la magnífica Akira (1988, Katsuhiro Ôtomo).

Ni siquiera se nos explica donde estamos ni qué hacemos aquí, algo que en este caso considero una virtud más que un defecto, pues toda la secuencia funciona como una gran deixis que nos fuerza a imaginar el desarrollo de la trama que ha posibilitado que Alice descubra el lugar en el que Umbrella tiene escondida su base, idear su ataque y crear sus réplicas. Parece simular el comienzo de una película de James Bond, en la que vemos la conclusión de una aventura del protagonista, aunque en este caso sí tendrá un sentido posterior.

Una de las cualidades, de ésta y de cualquier película de la saga Resident Evil, es que no sólo las vemos, sino que también podemos jugarlas. No en primera persona, pero sí, como si de un machinima se tratara, como si estuviéramos viendo la partida que Paul W. S. Anderson juega en su ordenador y graba para compartirla después con nosotros. Asimismo, tiene la capacidad de no desarrollar la aventura siguiendo con fidelidad la línea argumental del videojuego, sino a través de su propio camino, igual que los videojuegos se toman sus licencias de una versión a la siguiente. De hecho, podemos encontrar en este capítulo tanto elementos de Resident Evil Code: Verónica (2000) como de Resident Evil 5 (2009).

Y es que considero realmente que Paul W. S. Anderson es un auténtico autor —-según la concepción francesa—- dentro del cine de acción, dado que incluso cuando no hace películas basadas en videojuegos, les confiere idéntico tratamiento, como puede comprobarse viendo Horizonte final (Event Horizon,1997) o Death Race (2008). No sólo eso, sino que en todas sus películas podemos encontrar las mismas señas de identidad, ya no sólo de estética y estilo, sino argumentales, moviéndose sus personajes en los mismos parámetros de reivindicación de las cualidades del ser humano, ya sea contra otras especies, como contra el lado más perverso de sí mismo y fusionando, a su vez, la validez del individualismo dentro de una comunidad que necesita estar unida para sobrevivir.

Pero que nadie se engañe, la película no ofrece más que entretenimiento y ese es, precisamente, su mayor valor. Paul W. S. Anderson retoma la saga que él mismo iniciara y de la que nunca se alejara realmente —-siempre estuvo detrás del guión de las secuelas—-, recurriendo a un coherente equipo técnico, con reminiscencias a David Cronenberg, en el que además del estupendo diseño de producción que propone Arvinder Grewal, o el vestuario de Denise Cronenberg y Azalia Snail, sobresale una estupenda banda sonora de Tom Hajdu y Andy Milburn, conocidos como tomandandy.

Las interpretaciones están hechas a la medida de sus personajes ---Milla Jovovich se mueve dentro de Alice como si estuviera en el salón de su casa---, y Paul W. S. Anderson, se permite meter una puñalada a uno de los gremios cinematográficos, el de los productores —-no me imagino por qué—-, además de revitalizar el desarrollo de la trama pues el enemigo en esta entrega ya no es el zombie, sino la propia corporación Umbrella. Nos vemos en la próxima partida.

Publicado originalmente en EXTRACINE