miércoles, 13 de octubre de 2010

Amador


Título original: Amador
Año: 2010
País: España

Dirección: Fernando León de Aranos
Guión: Fernando león de Aranoa
Producción: Fernando León de Aranoa & Jaume Roures
Fotografía: Ramiro Civita
Música: Lucio Godoy
Montaje: Nacho Ruiz Capillas
Diseño de producción: Llorenç Miquel
Dirección artística: Llorenç Miquel
Vestuario: Fernando García
Reparto: Magali Solier, Manolo Solo, Celso Bugallo, Antonio Durán ‘Morris’, Pietro Sibille, Priscilla Delgado, Sonia Almarcha, Raquel Pérez, Fany de Castro, Eleazar Ortiz, Juan Alberto de Burgos, Christian Sampedro...

la poética de lo social


Amador, la película protagonizada por Magaly Solier y dirigida por Fernando León de Aranoa, desarrollada a través de un ambiente urbano y social característico de su director, se muestra como un filme reposado, cargado de sutilidades y poesía.
Premiado en casi todas las ediciones de los premios Goya, además de acaparar múltiples premios internacionales, Fernando León de Aranoa se encuentra dentro de ese reducido grupo de cineastas españoles, cuyos estrenos despiertan tal expectación, que casi es obligatorio acudir al cine para tener una opinión sobre su última película.
Amador comparte con el resto de su filmografía lugares comunes como los barrios obreros de la periferia, personajes poco favorecidos por la sociedad como los inmigrantes, y una mirada característica del cine social. Sin embargo, rescata de alguno de sus cortometrajes, como Sirenas (1994), elementos mágicos y sobrenaturales que acopla con humor y sutileza, renovando su discurso y aportando una mirada inusual sobre la realidad de sus personajes.
Una de las primeras conclusiones que se puede sacar de Amador es que el inmigrante ya no es un miembro marginal de la sociedad, sino que forma parte de ella, tiene los mismos problemas que puedan tener los no inmigrantes pero a diferente escala, pues Nelson (Pietro Sibille) y Marcela (Magaly Solier) sacan adelante su negocio, como cualquier familia española, con la intención de progresar. Igualmente, lo que en otras películas del propio Aranoa podría considerarse como un marginación compartida, como la que experimentaban prostitutas e inmigrantes en Princesas (2005), ya no es la misma en Amador pues Marcela no vive la misma realidad que Puri (Fanny de Castro), la tierna y divertida prostituta de la tercera edad, quien además no es inmigrante.
Pero quizás lo más destacado de Amador sea la particular filosofía que desprende de una mirada más profunda sobre Marcela y Amador (Celso Bugallo). Marcela se mueve por instinto, está determinada a abandonar a Nelson porque no consigue imaginar su futuro junto a él, aunque vuelve a casa cuando descubre que está embarazada, encontrando después las pruebas de lo que ya intuía y le hacía imposible ver ese futuro común.
Por otro lado, Amador tiene una concepción de la vida basada en la responsabilidad de las decisiones que cada uno toma, perfectamente visualizada en ese puzzle que deja sin completar, igual que no consigue cerrar algunas cuestiones terrenales antes de partir. No quisiera profundizar mucho en esta relación para permitir a los interesados disfrutar de la resolución, pero Marcela encontrará en las lecciones de Amador aquello que le falta para encontrar su equilibrio y decidir sobre su presente, sobre el camino que debe seguir y las decisiones que debe tomar.
Fernando León articula su relato haciendo hincapié en lo que no se ve, jugando con elipsis y figuras deícticas, ampliando el campo visual, al obligar al espectador a especular sobre diferentes cuestiones como las cartas que envía y recibe Amador, las misteriosas señales que Marcela percibe cuando vuelve cada día a su puesto laboral, la relación entre Amador y la farmacéutica, los motivos por los que la familia de Amador le mantienen en casa mientras ellos están en otro lugar…
De la misma manera, dentro del relato, Marcela debe mantener la ilusión de la realidad de Amador a los otros personajes dentro de la ficción, consiguiendo momentos sorprendentemente graciosos, como la situación entre el cura (Manolo Soto) y Marcela, entre otros que no quiero desvelar. Igualmente, dentro del relato, algunos personajes sacarán conclusiones erróneas debido a la ironía dramática que se produce al conocer el espectador toda la historia desde el punto de vista de Marcela.
"Yo es que no soy de libros, soy más de películas"
Es obligatorio señalar la tranquila y serena interpretación de Magaly Solier, capaz, no sólo de llevar todo el peso del filme, sino por esa sutil capacidad para comunicar desde el interior, pues se llegan a percibir los pensamientos y sentimientos de Marcela con la misma fuerza y claridad con la que Amador ve las sirenas desde su cama. Igualmente sorprende gratamente la divertida aportación de Fanny de Castro, que proporciona un humor espontáneo con diálogos que algunos tildarán de almodovarianos, aunque forman parte de la más profunda cultura española, cuyo rastro podemos encontrar desperdigado en otros personajes de la filmografía previa de Fernando León.
Lo mismo sucede con la sobriedad de estilo con la particularidad de que, en este caso, la precisión de los encuadres y la cuidada fotografía de Ramiro Civita sirven para realzar, por contraste, ese aspecto mágico y casi sobrenatural que emana una película en la que incluso el nombre propio de su título obliga al espectador a decidir a quién se refiere.
Publicado originalmente en EXTRACINE