domingo, 5 de mayo de 2013

La soledad de los números primos


Título original: La solitude dei numeri primi
Año: 2010
País: Italia, Alemani & francia

Dirección: Saverio Costanzo
Guión: Paolo Giordano y Saverio Costanzo, con la cobaoración de Filippo Timi, basado en una novela de Paolo Giordano
Producción: Mario Gianani, Philipp Kreuzer & Anne-Dominique Toussaint  
Fotografía: Fabio cianchetti
Música: Mike Patton
Montaje: Francesca Calvelli 
Diseño de producción: Marina Pinzuti Ansolini & Rinaldo Geleng 
Vestuario: Antonella Cannarozzi
Reparto: Alba Rohrwacher, Luca Marinelli, Martina Albano, Arianna Nastro, Tommaso Neri, Vittorio Lomartine, Aurora Ruffino, Isabella Rossellini, Maurizio Donadoni, Roberto Sbaratto, Giorgia Senesi, Filippo Timi… 

el mágico terror a sentir

Desconozco la popular novela de Paolo Giordano en la que está basada la película dirigida por Saverio Costanzo. Pero a pesar de que se pueda intuir la condensación de algunas acciones y personajes, La solitudine dei numeri primi consigue desplegarse ante el espectador como una película insólita, emocional y absolutamente conmovedora que, a través de una aproximación visual rabiosamente orgánica, consigue transmitir cómo sienten unos personajes que no consiguen llegar a comunicarse plenamente, ni con los demás ni consigo mismos.

La soledad de los números primos es una película en la que no importan las acciones, sino los sentimientos, aunque hayan sido determinadas acciones las que han llevado a Alice y Mattia a comportarse de la manera en que lo hacen. Desde mi punto de vista, la fragmentación del relato y los alteración temporal contribuyen a que el espectador penetre en el corazón de los personajes a medida que ellos se van conociendo, así como descubrir aquello que les atormenta casi al mismo tiempo que ellos son capaces de compartirlo el uno con el otro.

Quizás por eso tanto los inestables movimientos de cámara, los despreocupados encuadres y la esquizofrénica banda sonora de la película, transmitan sentimientos que oscilan entre la sublimación emocional de Luchino Visconti hasta la transgresión psicodélica del cine de Dario Argento -de hecho incluso se cuela en la banda sonora un tema de Goblin, Magic Terror-, salpicado de unos toques de angustiante terror. Porque aunque sea en primera instancia una película romántica, sobre dos 'primos gemelos' que nunca acaban de encontrarse, cada uno de ellos se enfrenta a su vida de una manera terrorífica.

Los número primos pueden dividirse sólo por uno y por sí mismos. Son números especiales, desconfiados y solitarios. Algunos números primos son incluso más especiales, se llaman primos gemelos. Son los pares de números primos separados por un sólo número, como el 11 y el 13 o el 17 y el 19. Pero los primos generales nunca se tocan, porque siempre están separados por un número par.

Particularmente interesante encuentro el personaje de Viola Bai, que al menos en la película no parece quedar completamente explicado, pero que podría considerarse igualmente como uno de esos números primos, pero no uno gemelo, sino de los que se dividen únicamente por sí mismos. Quizás por eso sienta esa empatía y atracción hacia Alice en primera instancia, aunque no quiera compartirla con Mattia, y aunque finalmente no sepamos que era exactamente lo que en ella veía para acercarse como lo hace. No en vano es ella quien pronuncia en su boda el tecto señalado, aunque fuera en el libro una reflexión de Mattia. Tampoco quedan completamente perfilados los personajes de los progenitores, salvo en lo que a la madre de este último se refiere.

Carencias todas que quedan completamente difuminadas por la extraordinaria fuerza de los actores y actrices que les dan vida. Si Alba Rohrwacher y Luca Marinelli bordan sus respectivos papeles de Alice y Mattia de adultos, merece una mención especial la joven Arianna Nastro, que defiende algunas de las secuencias más duras de la adolescencia de Alice. Y no sólo por la fuerza de sus actos, sino porque consigue transmitir a la perfección tanto las contradicciones del personaje como su inestabilidad emocional. De la misma manera, Aurora Ruffino, que interpreta a la fascinante Viola Bai tanto en su adolescencia como de adulta, consigue sacar el máximo partido de un personaje tan enigmático como cruel y mezquino. Y no puedo dejar de mencionar la increíble aportación de Isabella Rossellini, en un personaje capaz de ser a la vez duro y tierno, con un sentimiento maternal no falto de egoísmo hacia un hijo que siente perdido.

Quizás, por comparación, pueda parecer ligeramente reducida la intensidad del relato en la última parte de la película, pero tras haber vapuleado al espectador en todo el periplo previo, no creo que haya nadie que no se haya rendido ante La soledad de los números primos, como para perdonarle un final más liviano después de tanta tensión, pero sobre todo, de tanta belleza visual que además no es forzada, sino totalmente natural.

Publicado originalmente en EXTRACINE