viernes, 15 de abril de 2011

El águila


Título original: The Eagle
Año: 2011
País: EE.UU. & Reino Unido

Dirección: Kevin Macdonald
Guión: Jeremy Brock, basado en la novela de Rosemary Brock 
Producción: Duncan Kenworthy
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Música: Atli Örvarsson 
Montaje: Justine Wright
Diseño de producción: Michael Carlin
Dirección artística: Neal Callow, Peter Francis & Zsuzsa Kismarty-Lechner 
Decorados: Rebecca Alleway 
Reparto: Channing Tatum, István Göz, Bence Gerö, Denis O'Hare, Paul Ritter, Zsolt László, Julian Lewis Jones, Aladár Laklóth, Marcell Mikklós, Bálint Magyar, Ferenc Pataki, Bálint Antal, Lukács Biscskey, Douglas Henshall, James Hayes, Donald Sutherland, András Faragó, Jamie Bell, Simon Day, Dakin Matthews, Pip Carter, Ben O'Brien, Róbert Bánlaki, Brian Gleeson, Jon Campling, Mark Strong, Tahar Rahim, Thomas Henry, Ned Dennehy, Ralph Aiken, Granville Saxton, Walter Van Dyk… 

honor, amistad y tensión sexual

Nada Nada mejor que una de romanos para prepararnos ante la inminente llegada de Semana Santa. Y nada mejor que una película de romanos como The Eagle, para quitarse el mal sabor de boca que dejara Centurion (2010, Neil Marshall), que sale a colación no sólo porque sea de romanos, sino porque como la película de Kevin Macdonald, tiene este aspecto tan frío, para una película de este género, al desarrollarse en las tierras del Norte, que en este último caso, son las tierras de lo que hoy se conoce como Escocia.

Y ahí concluye toda la comparación porque cuando Neil Marshall no sabía ni lo que quería contar ni por qué, Kevin Macdonald, no sólo lo tiene perfectamente claro, sino que consigue una espectacular película que huye de clichés y estereotipos para convertirse una fascinante variante de road-movie, más que el típico peplum de acción. Y lo digo así porque a pesar de que The Eagle tenga dos espectaculares secuencias de acción, no constituyen, para nada, el centro de atención ni de la película ni de su argumento.

De entrada, voy a contradecir un poco, a mi pesar, al director de la película, pues si su intención era realizar una comparación en la que los romanos eran los estadounidenses y los pueblos conquistados de lo que los romanos denominan Britania son pueblos recientemente invadidos por los estadounidense, como Irán o Afganistan, no lo entiendo yo exactamente así. Desde mi punto de vista funciona, pero estableciendo las comparaciones de otra manera, casi por contraste. Lo que me choca del discurso de The Eagle es que estos antepasados de los escoceses se quejan rabiosamente de la invasión de los romanos, cuando algunos siglos después, los anglosajones harían exactamente lo mismo a los nativos americanos en las tierras que hoy se conocen como los Estados Unidos de América.

Puede que les afectara más las invasiones bárbaras que sufrirían posteriormente, pero, claro, el contraste con lo que les hicieron a los indios es bastante similar a lo que los romanos hicieron con ellos y desde luego, no se parece tanto a lo que los estadounidenses practican en la actualidad en los países que no son los suyos. Aún así, se interprete de una manera o de otra, sí podemos encontrar un equivalente con épocas posteriores de ambos pueblos, por lo que más cerca de mi interpretación o de la intención de Macdonald, lo cierto es que funciona.

Dicho esto, lo cierto es que el tema central de la película es en realidad otro, el honor y esa fascinante historia de amistad, (ejem), perdonen que les diga, toda una historia de amor contenido por parte de Marcus Aquila (Channing Tatum) hacia su esclavo, Esca (Jamie Bell), que resulta además correspondido. Una historia que continúa la línea de otras historias homosexuales como la de Ben-Hur (1959, William Wyler), aunque aquí la historia resulta mucho más comprometida pues recordemos que si en la época romana la homosexualidad era algo natural, sólo lo era entre miembros de la misma clase, pero no con esclavos. Quizás por eso Marcus Aquila y Esca mantienen la distancia, aunque nunca desaparece entre ellos la tensión sexual, palpable desde el primer momento en que cruzan su mirada, hasta el último plano de la película, que deja un final abierto para la especulación.

Y nuevamente, tampoco es este el argumento central de la película, claro que no, pero es que ir a buscar un símbolo que representa el honor perdido de la familia de Marcus Aquila en tierras de salvajes, no es más que la excusa para contar lo anterior. Además de para desarrollar un estimulante relación amo-esclavo, que se dice en el argot homosexual, entre romano y britano.

Fabulosa la ambientación, la fotografía y toda la parte artística de la película que prefiere ceñirse a la realidad antes de entregarse a la estética, como era de esperar de un cineasta que alterna las producciones de ficción, como La sombra del poder (State of Play, 2009) o El último rey de Escocia (The Last King of Scotland, 2006), con cine documental, como la flamante Touching the Void (2003), Un día de septiembre (One day in September, 1999), La vida en un día (Life in a Day, 2011) o el que ya esta en fase de posproducción, Marley.

No hace falta señalar la interpretación de Donald Sutherland, como Mary Poppins: prácticamente perfecto en todo. Tampoco la de Jamie Bell, pues todos estaremos de acuerdo que, no es que vaya ‘camino de’, sino que ‘ya es’ un actor excelente desde la mismísima Billy Elliot (2000, Stephen Daldry). Quien quizás sorprenda muy favorablemente sea Channing Tatum, que si no estuvo mal en Enemigos públicos (Public Enemies, 2009, Michael Mann), lo cierto es que nos tenía más acostumbrados a regalarnos su cuerpo en otro tipo de productos, poniendo aquí también su alma, en la que hasta el momento es su interpretación más conseguida.

Publicado originalmente en EXTRACINE