martes, 10 de septiembre de 2013

Riddick


Título original: Riddick
Año: 2013
País: EE.UU. & Reino Unido

Dirección: David Twohy
Guión: David Twohy, Oliver Butcher y Stephen Cornwell, basado en personajes creados por Jim Wheat & Ken Wheat
Producción: Vin Diesel, Ted Field & Samantha Vincent  
Fotografía: David Eggby
Música: Graeme Revell
Montaje: Tracy Adams 
Diseño de producción: Joseph C. Nemec III 
Dirección artística: Jean-Andre Carriere
Decorados: Daniel Carpentier
Vestuario: Simonetta Mariano
Reparto: Vin Diesel, Jordi Mollà, Matt Nable, Katee Sackhoff, Dave Bautista, Bokeen Woodbine, Raoul Trujillo, Conrad Pla, Danny Blanco Hall, Neil Napier, Nolan Gerard Funk, Karl Urban, Andreas Apergis, Keri Hilson, Charlie Marie Dupont, Jan Gerste, Antoinette Kalaj, Alexandra Sokolovskaya… 

buscando la bestia interior

A veces es indispensable entender el código de un determinado cineasta para valorar su obra dentro de los parámetros que él mismo establece. En este sentido nos enfrentamos a un profesional honesto, que se mueve dentro de los mismos parámetros tanto cuando ejerce como guionista para otros, como cuando dirige sus propias películas. El terror, la acción y la ciencia-ficción son los territorios en los que suelen transcurrir la mayoría de sus obras, particularmente aquellas que giran entorno a quien es, quizás, su personaje más ilustre, Riddick. Quizás lo de ilustre sea demasiado, pero lo cierto que así, casi sin pretenderlo se ha marcado una trilogía no demasiado interesante, pero razonablemente entretenida.

Las aventuras de este renegado, siempre en continua búsqueda de nave que le transporte fuera de algún planeta infestado de peligros, comenzó sin demasiadas pretensiones con Pitch Black (2000), que revisaba con descaro el esquema argumental de Alien (1979, Ridley Scott) —curiosamente tres años antes había escrito para Scott el guión de La teniente O'Neil (G.I. Jane, 1997). El inesperado éxito de su aventura le dio la oportunidad de dirigir una secuela más ambiciosa, Las crónicas de Riddick (The cronicles of Riddick, 2004), que con el mismo descaro se apoderaba de la estética de Alien 3 (1992, David Fincher), a la que trataba de imprimir la profundidad de la magnífica novela de Frank Herbert, Dune, dando como resultado una película ligeramente más pretenciosa, pero cuya ingenuidad permitía disfrutar sin demasiadas exigencias. Casi una década después, Twohy retoma su ilustre personaje, para lanzarlo de nuevo (y sin muchas explicaciones) a un planeta habitado de peligrosas y hambrientas criaturas, repitiendo el mismo esquema que en su primera aventura, pero con menor fortuna.

Es cierto que Vin Diesel no tiene mayor problema en recuperar el tono de su personaje —sólo necesitaba unas lentillas—, pero quizás el director confía demasiado en la fuerza de su protagonista, con el que se regodea dilatando en exceso el ritmo de una película que no llega a enganchar en ningún momento. Aunque Jordi Mollà se adapte a la perfección a las necesidades de este tipo de producción, la baja calidad de su personaje, así como los de sus compañeros de reparto, impiden que el espectador pueda encontrar algún aliciente que despierte un mínimo interés por su paradero, como sí sucedía en Pitch Black. Las secuencias de acción son escasas y breves. El terror no llega a parecer realmente. E incluir detalles como una forma de vida extraterrestre que emula las características de un perro, tampoco consiguen crearnos la ilusión de que estamos viendo una película de ciencia-ficción.

Y todo esto a pesar de que la película comienza con una reflexión razonablemente interesante, que establece una relación directa con la merma de las capacidades de supervivencia del protagonista con el exceso de civilización al que ha estado sometido, llegando a la conclusión de que si pretende sobrevivir en un entorno tan hostil como el planeta en el que se encuentra deberá recurrir al más puro instinto, buscando el ser primitivo que fuera antaño. Un planteamiento que se diluye en el momento en que aparece la lluvia que trae consigo el peligro, de la misma manera que en su primera aventura la trajera la noche. Quizás la explicación sea simplemente que consigue resultados más interesantes cuando plagia a otros, que cuando se copia a sí mismo.