domingo, 15 de septiembre de 2013

jOBS


Título original: jOBS
Año: 2013
País: EE.UU.

Dirección: Joshua Michael Stern
Guión: Matt Whiteley
Producción: Mark Hulme  
Fotografía: Russell Carpenter
Música: John Debney
Montaje: Robert Komatsu 
Diseño de producción: Freddy Waff 
Dirección artística: Bruce Robert Hill
Decorados: Linda Lee Sutton
Vestuario: Lisa Jensen
Reparto: Ashton Kutcher, Dermot Mulroney, Josh Gad, Lukas Haas, Matthew Modine, J.J. Simmons, Lesley Ann Warren, Ron Eldard, Ahna O'Reilly, Victor Rasuk, John Getz, Kevin Dunn, James Woods, Nelson Franklin, Eddie Hassell, Elden Henson, Lenny Jacobson, Brett Gelman, Brad William Henke, Giles Matthey, Robert Pine, Clint Jung, David Denman, Masi Oka, Abby Brammell, Annika Bertea, Paul Baretto, Amanda Crew, Samm Levine, Cody Chappel, Joel Murray, William Mapother, Scott Krinsky, Evan Helmuth, Laura Niemi, Jim Turner, Clayton Rihner, Rachel Rosenstein, Christopher Curry, Mark Kassen, Dan Shaked, Duncan Bravo, Kent Shocknek, Aaron Kuban, Olivia Johnson… 

iJobs

Amado y odiado a partes iguales, comienzan a llegar las primeras películas en torno a una personalidad tan influyente y controvertida como la de Steve Jobs. No cabe duda que habrá tres tipos de espectadores para esta película. Por un lado estarán los fanboys, o admiradores en mayor o menor medida de Apple, en el extremo opuesto se colocarán los haters, o más adeptos a Microsoft, y en un punto intermedio estarán aquellos que, simplemente, sienten curiosidad por descubrir lo que hay detrás de quien es ya un auténtico mito contemporáneo. Si los primeros estarán encantados con lo que se muestra, sabiendo de antemano los más y menos de la historia, los segundos quedarán decepcionados por la total ausencia de alusiones a su (anti)héroe —con la excepción de una que con toda probabilidad sólo aprobarán los fanboys del primero—, pero que si bien puede resultar razonablemente entretenida para los terceros, termina por defraudar en cierta medida, al no ser más una película que pretende quedar bien, que arrojar luz sobre el conflicto en el que se centra. 

De entrada, jOBS comienza muy bien. Queda clara la posición de la película  al comenzar con un flashforward de la presentación del iPod, para situarse después en los tiempos de Universidad de Steve Jobs, cuando ni siquiera tenía todavía clara su vocación. La ambientación de la película consigue realmente situarnos en la época, gracias tanto al de fotografía de Russell Carpenter, como al  adecuado diseño de producción de Freddy Waff, reforzado por el vestuario diseñado por Lisa Jensen, que evita la exageración en favor de la sencilla verosimilitud. Tampoco elementos más emocionales, como la banda sonora, abusan para convertir la película en un revival en clave tecnológica de la época. Al contrario, la sensación en todo momento es la de asistir a un momento histórico, arrojando las mismas luces que sombras sobre el protagonista, permitiendo que sea el espectador quien le juzgue, pero nunca la película. El problema es que partimos del guión de un principiante, Matt Whiteley, que dirige un cineasta como Joshua Michael Stern, más acostumbrado a producciones ligeramente edulcoradas y melodramáticas, que terminan por demostrar su incapacidad para articular un discurso serio y coherente sobre conflicto y personaje. 

Si es posible que sea muy favorable su falta de implicación con respecto al personaje, no resulta igual de positivo que, en lo que parece un intento de emular el tono de La red social (The social network, 2010, David Fincher), terminen por intentar elaborar lo que sería un thriller en clave empresarial que el biopic que nos habían vendido. Cierto es que la mayoría conocemos el conflicto entre Jobs y Bill Gates gracias a una película como Piratas de Silicon Valley (Pirates of Silicon Valley, 1999, Martyn Burke), pero omitir cualquier tipo de alusión al creador de Microsoft sólo sirve para hacer incomprensible la conversación telefónica que mantiene en el único momento que se alude a Gates, pero sin nombrarle. Asimismo, sorprende que eludan toda vinculación con Pixar, cuando quedaría perfectamente justificado dentro de la trama, debido al período en el que se centran, y que serviría para reforzar y entender la personalidad primordialmente positiva y emprendedora del protagonista. 


Lagunas que hacen que, una vez pasada la mitad de la película, el interés decaiga considerablemente, no teniendo demasiado sentido que se centren, no ya en cómo levantó una empresa como Apple —que habría justificado la película, sino en cómo sus ejecutivos terminaron por echarle de su propia compañía, de la que se vengaría volviendo posteriormente con mucho más poder. Una etapa que queda algo farragosa al querer insinuar demasiadas cosas, pero sin explicar ninguna. Por otro lado, no puedo más que alabar el trabajo de Ashton Kutcher, que aparte de su razonable parecido real con el personaje que interpreta, no parecía ofrecer muchas garantías de tener la capacidad de interpretarle sin que pareciera una caricatura. Sin embargo, consigue una interpretación verdaderamente convincente, tanto en la construcción física de su personaje, como en la proyección emocional de su compleja personalidad, consiguiendo eclipsar a compañeros de reparto como Dermot Mulroney o Matthew Modine.

A pesar de las incoherencias y las lagunas, lo cierto es que la película permite el acercamiento a una figura imprescindible de la cultura contemporánea que, como avanzaba aquel mítico primer spot publicitario dirigido por Ridley Scott, que aludiendo a la novela 1984, aseguraba que a partir del 24 de enero, 1984 no sería como George Orwell lo había imaginado. Quizás aquella predicción se volvería en su contra en los años noventa, pero el tiempo le daría la razón posteriormente. Le pese a quien le pese.