lunes, 16 de abril de 2012

¿Y ahora adónde vamos?

Título original: Et maintenant, on va où?
Año: 2011
País: Francia, Líbano, Italia y Egipto

Dirección: Nadine Labaki
Guión: Rodney Al Haddid, Jihad Hojeily, Nadine Labaki, Sam Mounier & Thomas Bidegain
Producción: Nadine Labaki & Anne-Dominique Toussaint  
Fotografía: Christophe Offenstein
Música: Khaled Mouzannar
Montaje: Véronique Lange 
Diseño de producción: Cynthia Zahar 
Vestuario: Caroline Labaki
Reparto: Cluade Baz Moussawbaa, Leyla Hakim, Nadine Labaki, Yvonne Maalouf, Antoinette Noufaily, Julian Farhat, Ali Haidar, Kevin Abboud, Petra Saghbini, Mostafa Al Sakka, Sasseen Kawzally, Caroline Labaki, Anjo Rihane, Mohammad Aqil, Gisèle Smeden, Khalil Bou Khalil, Samir Awad, Ziad Abou Absi, Adel Karam, Anneta Bousaleh, Olga Yerofyeyeva, Oxana Chihane, Yulia Maroun, Oksana Beloglazova, Fouad Yammine, Cendrella Yammine, Sami Khorjieh, Mounzer Baalbaki, Marlein Ziadeh, Maria Skeif, Georgina El.Zaitrini, Mona Moukarzel, Joëlle Najem, Mohamad Al Sakka, Charbel El-Teeny, Kassem Istanbouli, Ahmad Hafez, Georges Khoury, Georgio Ghawi, Mohammad Raad, Elie Abou Zeid, Moustapha El Masri, Ali Baajour, Paola Sleiman, Angelica Saleh, Issa Abboud, Reslan El-Karra, Georges Abi Khalil, Abdel Rahman Billoz, Suzane Talhouk, Nathalie Abi-Habib… 

hacia el triunfo de la voluntad

Cuando la película de la cineasta libanesa Nadine Labaki se proclamo triunfadora del pasado festival de Toronto, me pregunté que tendrían en común una producción como Et maintenant, on va où? y El discurso del rey (The king’s speech, 2010, Tom Hooper), triunfadora en la anterior edición del mismo festival y acaparadora posteriormente de muchos otros galardones. Puede que en la forma y en el fondo no tenga mucho en común, pero hay una cualidad que sobresale en ambos títulos: ambas están contadas desde el sentimiento. Quizás por eso se erigieron ganadoras en un festival en el que decide el público.

Nadine Labaki propone en su película seguir esa premisa que muchas veces habremos escuchado de que no habría guerras si gobernaran las mujeres. Sus personajes están ubicados en una entrañable comunidad que a pesar de estar en medio de un conflicto entre cristianos y musulmanes, son capaces de convivir en una forzada armonía, gracias a que todos ponen de su parte para que así sea. Particularmente ellas, que están hartas de ver morir a sus seres queridos en el nombre de Dios o Alá. Puede que se trate de un pensamiento algo ingenuo y utópico, pero resulta encantador y entrañable, gracias a la pericia de este maravilloso grupo de mujeres que con su fuerza de voluntad son capaces de arrastrara a sus maridos, sus hijos y sus padres, al punto que quieren y necesitan para poder vivir en paz.

Guionista, productora, directora y protagonista de la película, Nadine Labaki es capaz de construir un relato sencillo pero gratamente contundente y efectivo en el que tiene la habilidad de pasar, con inusitada agilidad, de la comedia a la tragedia, más que al drama, y sin caer en ningún momento en sensiblerías ni sentimentalismos. Su puesta en escena es sencilla, pero muy cuidada y precisa, sabiendo comunicar con todos los elementos a su disposición, mucho más allá de lo que parece que nos está contando. Ya desde la primera secuencia de la película comprobamos que la lucha que se libra no es sólo la del estrógeno contra la testosterona, sino la del individuo contra su entorno y consigo mismo, pues si la topografía del entorno en el que habitan parece estar dispuesta para complicar su existencia, los conflictos que surgen entre el ser humano no sólo le llevan a colocar minas que complican inoportunamente su convivencia, sino que tenemos que sumarle ese mal de formas tan diferentes, pero que afecta a todas las culturas: la religión.

En este entorno tan hostil, más que la mujer, es la condición femenina la que permite que ellas sean capaces de pensar y desarrollar estrategias para combatir la violencia, que es lo único que parece liberar a los hombres. La dualidad de género se complica con la religión. Aunque aquí también son ellas las que llevan las de perder, pues las que viven su vida bajo la condición musulmana parecen estar más sometidas que las cristianas, pero siguen siendo ellas las que son capaces de hacer todo tipo de sacrificios con el objetivo de mantener la armonía. Si todos sabemos que el nivel de estrógeno y testosterona no es siempre el mismo en todos los individuos, no llegando a comportarse nunca todas las mujeres ni hombres de la misma manera, estoy de acuerdo con el planteamiento de la directora en que sólo con la voluntad se consigue alcanzar la victoria en cualquier terreno.

Si como espectador no tengo ningún problema en entrar en la utopía de la propuesta, sólo hay un pequeño matiz del relato, que no es que no me parezca acertado, es que me resulta tan difícil imaginar que los representantes de Dios y Alá en la tierra sean capaces de doblegarse en favor del bien comunitario. Quizás al llevar vidas segregadas y solitarias, hayan perdido la empatía con los seres humanos que tienen otras creencias, pero de todos los hombres, me parecen los seres más intransigentes e insensibles, por lo que no creo que fueran capaces realmente de hacer el sacrificio que hacen en Et maintenaunt, on va où?. Un sacrificio que nos llevaría al triunfo de la voluntad y con el que ganaríamos la paz en el mundo.

Publicado originalmente en EXTRACINE