martes, 17 de abril de 2012

Blancanieves

Título original: Mirror Mirror
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Tarsem Singh
Guión: Melissa Wallack & Jason Keller, basado en un relato de Jacob Grimm & Wilhelm Grimm
Producción: Bernie Goldmann, Ryan Kavanaugh & Brett Ratner  
Fotografía: Brendan Galvin
Música: Alan Menken
Montaje: Robert Duffy & Nick Moore 
Diseño de producción: Tom Foden 
Dirección artística: Ramsey Avery, Isabelle Guay, Nicolas Lepage, Jean-Pierre Paquet & Réal Proulx
Decorados: Jille Azis & Paul Hotte
Vestuario: Eiko Ishioka
Reparto: Julia Roberts, Lily Collins, Armie Hammer, nathan lane, Jordan Prentice, Mark Povinelli, Joe Gnoffo, Danny Woodburn, Sebastian Saraceno, Martin Klebba, Ronald Lee Clark, Robert Emms, Mare Winnigham, Michael Lerner, Sean Bean, Bonnie Bentley, Arthur Holden, Kwasi Songui, Eric Davis, Kathleen Fee, Nadia Verrucci, Dawn Ford, Alex Ivanovici, Richard Jutras, Mélodie Simard, Kimberly-Sue Murray, Lisa Roberts Gillan, Adam Butcher, André Lanthier, Lisa Noto, William Calvet, Nicholas Guest, Frank Welker… 

una manzana intragable

¿Espejito, espejito mágico, cual es la adaptación más fea de Blancanieves? La de Tarsem Singh desde ya. Mirror Mirror es una película completa y absolutamente ‘in’. Intratable, incomestible, insoportable, infumable y todos los ‘in’ que se te ocurran. Principalmente porque no es una nueva adaptación del popular cuento de los hermanos Grimm, sino un nefasto y extravagante remake de la adaptación del que fuera primer largometraje animado de Walt Disney -de hecho la banda sonora está compuesta por Alan Menken, que tan buenos resultados la ha dado a la factoría de animación estadounidense en los últimos años.

Las cuatro vueltas de tuerca que los guionistas de la película, Melissa Wallack y Jason Keller, le dan a la historia de Blancanieves no sirven para estimular al espectador -ni siquiera el falso feminismo del que recubren una historia en la que su heroína termina casada con su príncipe azul-, porque esto no es una adaptación de un cuento de hadas, sino otra absurda y aburrida comedia insoportable al servicio de Julia Roberts. ¡Que le corten la cabeza! La frase no responde tanto a mis deseos primarios hacia la actriz, sino por lo que de Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010, Tim Burton) tiene la aproximación visual de la historia, que parece pretender aprovechar igualmente el despilfarro de Maria Antonieta, que acabara con la cabeza rodando por los suelos.

¿Es esto una respuesta a la crisis? ¿Busquemos a un príncipe azul que nos ayude a luchar contra el mal, aunque al final seamos nosotros mismos los que le venzamos? Permítanme decirles que esperaba más, mucho más, de un cineasta como Tarsem Singh, aquí en auténtica crisis creativa, que nos ofrece con Mirror Mirror el peldaño más bajo y lamentable de toda su filmografía (espero que incluso de todo lo que le queda por hacer, si es que no le cargan la cabeza definitivamente).

De nada le sirve recurrir a Tom Foden, que fuera su diseñador de producción en La celda (The Cell, 2000, Tarsem Singh) o Immortals (2011, Tarsem Singh), porque los decorados en cartón piedra que utiliza son de lo más aburrido y previsible. Si el bosque es aburrido hasta extenuación, la ornamentación del castillo llega a resulta sorprendente de lo vulgar y ordinaria que llega a ser. Asimismo, Eiko Ishioka, la maravillosa diseñadora de vestuario de filmes como Dracula (1992, Francis Ford Coppola) y todas las anteriores películas de Tarsem Singh, debía de estar en muy baja forma porque pareciera que se hubiera limitado a reciclar los retales que le sobraran de películas anteriores, particularmente de El sueño de Alejandría (The Fall, 2006, Tarsem Singh). La única seña de identidad que realmente podemos encontrar de Tarsem es que, como en sus anteriores trabajos, vuelve a hacer un homenaje a los orígenes del cine, en este caso con la inclusión de un praxinoscopio en la primera secuencia de la película.

Podría extenderme en todos y cada uno de los momentos ridículos de Mirror Mirror, pero ninguno de ellos tuvo tanto impacto y me dejó tan estupefacto como la primera imagen de Lily Collins, que luce unas descomunales, desproporcionadas y deslumbrantes cejas (cejotas diría yo) que aparte de provocarme una parálisis momentánea en la que llegué a tener convulsiones, me llevan a una única y posible conclusión: debía llevarse con la maquilladora igual de bien que su madrastra en la ficción se lleva con la respotera de Mirror Mirror. Vale que es la hija de Phil Collins, un señor peludo donde los haya, vale que igual han querido apurar al máximo el rigor histórico no queriendo utilizar pinzas de depilar en una época en la que igual no las había, pero creo que podrían haberse tomado una licencia en este caso.

Pero si la primera aparición de Lily Collins es impactante, no menos lo es la última, que me reservaré para que decidan por sí mismos si les han tomado el pelo -que no han querido quitarle a la protagonista (menos mal que no nos muestran ni sus piernas ni sus axilas)- con esta innecesaria adaptación de Blancanieves, que no sirve para otra cosa que para esperar con los brazos abiertos la otra, Snow White and the Huntsman, que ojalá sea una película de Charlize Theron.

Publicado originalmente en ETRACINE