martes, 1 de marzo de 2011

Sin retorno

Título original: Sin retorno
Año: 2010
País: Argentina & España

Dirección: Miguel Cohan
Guión: Miguel Cohan, basado en una novela de Ana Cohan
Producción: Mariela Besuievski, Gerardo Herrero & Vanessa Ragone
Fotografía: Hugo Colace
Música: Lucio Godoy
Montaje: Fernando Pardo
Diseño de producción: Carolina Urbieta
Reparto: Leonardo Sbaraglia, Martin Slipak, Bárbara Goenaga, Luis Machín, Ana Celentano, Arturo Goetz, Agustín Vázquez, Antonia Bengoeches, Claudia Cantero, Mariano Fabricante, Manuel Longueiras, Federico Luppi, Pedro Merlo, Rocía Miñoz, Germán Rodríguez, Abian Vainstein, Daniel Valenzuela, Felipe Villanueva, Néstor Zacco… 

un viaje en busca de un culpable

Ganadora de la Espiga de Oro en la última Seminci, Sin retorno, la ópera prima de Miguel Cohan es un cine con vocación ética en torno a cuestiones que siempre están de actualidad como la culpa y el castigo de un delito, que debe la mayor parte de su fuerza al altísimo nivel interpretativo de sus protagonistas.

A Miguel Cohan no le interesa el proceso, tan sólo el hecho y las consecuencias que genera. Un joven en su bicicleta, un estudiante bebido al volante, un ventrílocuo que vuelve a casa después de su jornada laboral. Un accidente. Un atropello. Una casualidad que provoca, no sólo que cambien sus vidas, sino las de todos sus seres queridos: sus familias y sus amigos. Por eso no nos muestra la investigación, ni el juicio, ni la condena, tan sólo la evolución (y destrucción) de las vidas de estas tres familias unidas por una desgracia. Que nadie se alarme, esto no es un spolier pues no he contado nada que no se vea en el tráiler.

Un relato sencillo, sin golpes de efecto visuales, pero directo al corazón del espectador que podrá crear una empatía con todos y cada uno de los personajes, pues todos sufren. A su manera. Unos el tormento de saberse culpables, otros el de saberse inocentes, otros la comprensible angustia que lleva a culpar a cualquiera. Personalmente encuentro muy sugerente la idea que parece promover el discurso de Cohan de que la culpabilidad no es algo que te delate ni te haga parecer vulnerable a los demás. Faustino es culpable, pero no lo parece, aunque haga cosas sospechosas o tenga un comportamiento inusual. Sin embargo Víctor no lo es, pero las circunstancias le colocan en el objetivo de los prejuicios sociales y la predeterminación hacia la culpabilidad. El odio que genera su persona en algunos personajes, convencidos de su culpabilidad, es tan poderoso que sobrepasa el sentimiento de impotencia para ubicarnos en el terror psicológico.

Un viaje que no sería posible sin las prodigiosas interpretaciones de sus protagonistas, desde la breve pero contundente aportación de Federico Luppi como Víctor, el padre coraje que no ceja en su empeño de buscar al culpable que se ha llevado la vida de su hijo por delante; hasta la contenida interpretación de Leonardo Sbaraglia como Federico, el inocente acusado injustamente, víctima de unas circunstancias y su mal carácter; incluyendo a Martin Slipak como el ingrato Faustino, que lejos de provocar un rechazo en el espectador consigue dibujar a la perfección la línea que se desliza desde la compasión hasta el patetismo.

Imposible no destacar la magnífica aportación de Ana Celentano como Laura, la madre del homicida involuntario, que igual que hiciera en la magnífica Las viudas de los jueves (2009, Marcelo Piñeyro), consigue acaparar la atención en cada uno de los planos en los que aparece. Lástima que Bárbara Goenaga no se haya recuperado todavía de su Agnosia (2010, Eugenio Mira), pues hasta las niñas y adolescentes que participan son más naturales y verosímiles que ella, mermando el impacto emocional de algunas de las secuencias.

Quizás la última mitad de la película salga un tanto perjudicada, debido a unas dilatadas elipsis a las que nos somete la historia, forzando al espectador a imaginar lo que sucede en ese espacio de tiempo, necesitando asimilar en un breve período todo lo que no hemos visto del proceso definitivo de descomposición familiar. Un proceso que aunque unos personajes muestran a las perfección, otros acaban por evidenciar que si la primera parte de la historia esta perfectamente hilvanada, el ultimo tercio parece resuelto con prisa y corriendo.

Aún así Sin retorno resulta un título muy interesante que además de funcionar generando emociones en el espectador, también promueve la reflexión sobre un tema que, al menos en España, está de plena actualidad, debido a unos juicios tan mediáticos, que acaban por tergiversar la realidad y haciendo parecer lo evidente como la opción más absurda.