lunes, 28 de marzo de 2011

Howl


Título original: Howl
Año: 2010
País: EE.UU.

Dirección: Rob Epstein & Jeffrey Friedman
Guión: Rob Epstein & Jeffrey Friedman 
Producción: Elizabeth Redleaf, Christine K. Walker, Rob Epstein & Jeffrey Friedman
Fotografía: Edward Lachman
Música: Carter Burwell 
Montaje: Jake Pushinsky
Diseño de producción: Thérèse DePrez
Dirección artística: Russell Barnes 
Decorados: Robert Covelman 
Vestuario: Jurt and Bart
Reparto: James Francos, Todd Rptpndi, Jon Prescott, Aaron Tveit, David Strathaim, Jon Hamm, Andrew Rodgers, Bob Balaban, Mary-Louise Parker, Heather Klar, Kaydence Frank, Treat Williams, Joe Toronto, Johary Ramos, Alessandro Nivola, Jeff Daniels… 

he visto las mejores mentes de mi generación destruidas por el aburrimiento

Rob Epstein y Jeffrey Friedman tropiezan en Howl con todas y cada una de las piedras en las que tropezara Aullido, el poema del poeta Allen Ginsberg, cuyo editor fuera procesado por publicar lo que unos consideraban una obra vulgar, innecesaria y carente de valores literarios, ofreciéndonos un filme tosco, aburrido y carente de valores cinematográficos, aunque no por ello se les vaya a procesar, ni hubiera que hacerlo.

Los mismos inútiles argumentos que se utilizan en el juicio para desarmar el poema de Ginsberg, sirven para deconstruir la película de Epstein y Friedman. Me sorprende escuchar de boca de uno de los testigos que no se debe convertir la poesía en prosa, cuando eso es justamente lo que parecen hacer Epstein y Friedman haciendo una película que está más cerca de la docu-ficción que de un tipo de cine poético. Cuando se dice que Ginsberg utiliza algunas palabras sucias, soeces y vulgares para impresionar al lector, pero que no se deben interpretar literalmente, Epstein y Friedman ilustran literalmente todas y cada una de las palabras del poema de Ginsberg en esos fragmentos de animación que no parecen otra cosa que una versión edulcorada (edulcorada sí) de Fantasia (1940, James Algar, Samuel Armstrong, Ben Sharpsteen, Ford Beebe, Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts & Paul Satterfield). Si en la poesía de Ginsberg es más importante lo que te hace sentir que lo que expresa, la película de Epstein y Friedman está fatalmente planteada porque sólo expresa, sin conseguir estimular otra cosa que no sea conducir todas tus ondas cerebrales hacia la fase R.E.M.

Rob Epstein y Jeffrey Friedman se enfrentan en Howl a su primera obra de ficción, dado que anteriormente siempre habían cultivado el género documental, siendo su obra más conocida El celluloide oculto (The Celluloid Closet, 1995). No sólo es que no dudo en que dominan a la perfección las técnicas del documental, es que no han sabido desembarazarse de ellas porque lo único interesante de Howl son sus intenciones reivindicativas hacia la figura de Allen Ginsberg y su conocido poema. También queda claro que no por ser homosexuales son capaces de contar la historia de otro homosexual.

Asimismo, desastrosa y desafortunada me parece el poco inspirador retrato que del poeta hace el sobrevalorado James Franco, un actor que parece sólo apto para productos comerciales. No basta con fumar sin parar, mover las manos al hablar y fruncir el entrecejo al escribir para parecer intelectual. Por supuesto, los actores que hacen de Jack Kerouac (Todd Rotondi) y de Neal Cassady (Jon Prescott) trasmiten todavía mucho menos, resultando imposible asociarlos no ya con los personajes ilustrados en el poema de Ginsberg o en la inspiradora obra de Kerouac, En el camino (On the Road, 1951), sino que dentro del relato, no hacen justicia a las palabras que se les dedica.

Tan solo David Strathairn es capaz de conmover con la evidente incapacidad de su personaje para entender las palabras que se ve obligado a repetir cada vez que lee un fragmento del poema motivo del juicio. Igualmente inspirados están todos y cada uno de los secundarios relacionados con el juicio, desde el juez interpretado por Bob Balaban, hasta el abogado defensor interpretado por Jon Hamm, además de todos y cada uno de los testigos que incluyen a Mary-Louise Parker, Treat Williams y Jeff Daniels.

Lo que Howl evidencia sin lugar a dudas es que, a pesar de todos los logros y avances técnicos y artísticos de los que podamos disfrutar, nuestra civilización no ha evolucionado en absoluto. Cuantas lamentables similitudes se pueden encontrar entre este juicio al editor del poema de Ginsberg en 1957, con el proceso incoado en España contra el director del Festival de Sitges, Ángel Sala, por programar A Serbian Film (2010, Srdjan Spasojevic) en su festival. Una película que sea buena o mala, mejor o peor que otras, no es más que ficción y nada de lo que sucede a lo largo de la película es en ningún momento real. ¿No deberían también procesar a todos los cines y cadenas de televisión en los que se haya proyectado el magnífico Novecento (1976) de Bernardo Bertolucci en la que una pareja de desalmados abusaban y asesinaban a un adolescente? Evidentemente no.


Publicada originalmente en EXTRACINE