domingo, 4 de agosto de 2013

The Lords of Salem


Título original: The Lords of Salem
Año: 2012
País: EEUU, Reino Unido & canadá

Dirección: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Producción: Don  
Fotografía: Maxime
Música: Jeff
Montaje: Michele 
Diseño de producción: Alicia 
Dirección artística: Anthony
Vestuario: Wendy
Reparto: Sheri Moon Zombie, Bruce Davidson, Jeff Daniel Phillips, Judy Geeson, Meg Foster, patricia Quinn, Ken Foree, Dee Wallace, maria Conchita Alonso, Richard Fancy, Andrew Prine, Michael Berryman, Sid Haig, Bonita Friedericy, Nancy Linehan Charles, Flo Lawrence, Brynn Horrocks, Suzanne Voss, Susan Gray, Torsten Voges, Niko Posey, Julian Acosta, Lisa Marie, Brandon Cruz, Gabriel Pimentel, John 5, Piggy D., Roger W. Morrissey, Barbara Crampton, Michael Shamus Wiles, Dustin Quick, James Messersmith, Troy… 

pido un conjuro para alejar a rob zombie del cine

Hay guiones que si estuvieran escritos por adolescentes de 12 o 14 años, podrían tener algún interés. Más que nada por la posibilidad de que ante un relato prometedor, su autor pueda madurar y llegar a convertirse en un cineasta de calidad. No es, desde luego, el caso de Rob Zombie, de quien desconozco el resto de su filmografía (que ya no quiero descubrir), porque con The Lords of Salem tan sólo consigue articular el prodigioso truño de un cineasta empeñado en demostrar que está tan desfasado y caducado como el vestuario que luce la protagonista de su película, que pareciera directamente sacado de los restos de armario de la diseñadora del vestuario de The Doors (o del armario de la madre de la protagonista).

Intentar explicar lo que Rob Zombie pretende con su película, sería tanto como preguntarle a un adolescente cómo escoge entre las diferentes tribus urbanas que le ha tocado vivir. Claro que el director de la película dista bastante de ser un adolescente. En el fondo, se me antoja que su propósito (por apostar algo) pudiera ser el de postularse como creador de videoclips para bandas y artistas como Nine Inch Nails, Marilyn Manson o David Bowie, aparte de para sí mismo. Si bien su relato es insoportablemente torpe, desesperantemente obvio y absolutamente previsible, su capacidad para crear imágenes interesantes no deja de llamar la atención. Eso sí, es una belleza carente de fuerza, sin estimulación alguna, porque sus delirios satánicos no llegarían ni a escandalizar a los conservadores más recalcitrantes.

Crítica completa en EXTRACINE