domingo, 4 de agosto de 2013

Objetivo: La Casa Blanca


Título original: Olympus Has Fallen
Año: 2013
País: EEUU

Dirección: Antoine Fuqua
Guión: Creighton Rothenberger & Katrin Benedikt
Producción: Gerard Butler, Ed Cathel III, mark Gill & Alan Siegel  
Fotografía: Conrad W. Hall
Música: Trevor Morris
Montaje: John Refouna 
Diseño de producción: Derek R. Hill 
Dirección artística: Karen Steward
Decorados: Cathy T. marshall
Vestuario: Doug Hall
Reparto: Gerard Butler, Aaron Eckhart, Finley Jacobsen, Dylan McDermott, Rick Yune, Morgan Freeman, Angela bassett, Melissa Leo, Radha Mitchell, Cole Hauser, Phil Austin, James Ingersoll, Freddy Bosche, Lance Broadway, Sean O'Bryan, Keong Sim, Kevin Moon, Malana Lea, Robert Forster, Sam Medina, Ashley Judd, Mike Snyder, Josiah D. Lee, Edrick Browne, Sean Boyd, Hunter Burke, Aonika Laurent, Jace Jeanes, Sione Ma'umalanga, Tory Kittles, Shane Land, Shanna Forrestall, Ian Casselberry, Dorothy Deavers, Amber Dawn Landrum, Han Soto, Kenneth Wayne Bradley, Bill Stinchcomb, Michelle Celeste, Mel Salih, Darrell L. Connerton, Terry Dale Parks, Michael Stallings, Hamish MacDonald, Lawrence O'Donnell, Rick Chambers, Scott Walker, Catherine Shreves… 

cómo convertir la casa blanca en una jungla de cristal

A primera vista no me hubiera acercado ante un producto de esta onda, tan claramente propagandístico del American way of life. Sin embargo, la calidad de algunos de los integrantes del reparto, que incluye a Morgan Freeman, Aaron Eckhart, Melissa Leo, Gerard Butler y Ashley Judd, me hizo reconsiderar mi postura, concediendo a Olympus Has Fallen el beneficio de la duda. Además se trata de la última película dirigida por Antoine Fuqua, responsable de títulos interesantes como Training Day o Brooklyn's Finest. Lamentablemente, ninguno de ellos debía estar en su mejor momento cuando aceptaban participar en un proyecto de unos guionistas primerizos, Creighton Rothenberger y Katrin Benedict, que no habían tenido ningún reparo en trasladar la trama de Die hard, conocida en España com La jungla de cristal, a la Casa Blanca.

Sí. Al principio parece otra cosa. Un intento de dotar de humanidad, e incluso vulnerabilidad, a un hipotético presidente de los Estados Unidos, capaz de crear lazos de amistad mientras desempeña su importantísima función, logrando además mantener el amor de su entrañable hijo y la atención de su queridísima esposa. Pero si consigues establecer una gran empatía por estos personajes en las tres primeras secuencias, ni mucho menos se debe a la eficacia narrativa del relato, sino a que apela al más puro y pornográfico sentimentalismo de manual, destruyendo cualquier atisbo de credibilidad en otra secuencia posterior en la que pareciera tuvieran como objetivo, no realmente la Casa Blanca, sino reabrir las heridas del 11-S en los estadounidenses a través de un ejercicio pirotécnico que quizás muchos podrían decir que nunca podría suceder, si no fuera porque en realidad, ya ha pasado.

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