sábado, 29 de diciembre de 2012

Twixt


Título original: Twixt
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Francis Ford Coppola
Guión: Francis Ford Coppola
Producción: Francis Ford Coppola  
Fotografía: Mihai Malaimare Jr
Música: Dan Deacon & Osvaldo Golijov
Montaje: Kevin Bailey, Glen Scantlebury & Robert Schafer 
Dirección artística: Kimmy DiMarcellis
Decorados: Katherine Covell
Vestuario: Marjorie Bowers
Reparto: Val Kilmer, Bruce Derns, Elle Fanning, Ben Chaplin, Joanne Whalley, David Paymer, Anthony Fusco, Alden Ehrenreich, Bruce A. Miroglio, Don Novello, Ryan Simpkins, Lucas Rice Jordan, Fiona Medaris, Katie Crom, Lucy Bunter, Dorothy Tchelistcheff, orraine Gaudet, Stacey Mattina, Tom Waits… 

en busca de la inspiración por el camino interior

A estas alturas de la película, es evidente que Francis Ford Coppola no tiene que demostrar nada en absoluto. Guionista, director, productor y patriarca de una familia dedicada casi por completo completo al mundo del cine, en muy diferentes vertientes, lo cierto es que no había tenido la oportunidad de echar un vistazo a su última etapa como director, que podemos decir se reinicia con Youth Without Youth (2007), continúa con Tetro (2009), y se extiende ahora con Twixt. No podré entonces ubicar su última película dentro de su nueva realidad artística, que le lleva por los caminos del cine independiente, pero sí puedo afirmar que, sin ser una película excepcional, no deja de tener un llamativo encanto que, tanto en lo que se refiere a su temática como a su estilo y estética, nos remite al personal universo artístico de su creador, así como revela alguna que otra de sus influencias más recientes.

De entrada, salta a la vista que su homenaje a Edgar Allan Poe resulta mucho más gratificante, interesante y efectivo que el que James McTeigue le profería en El enigma del cuervo (The Raven, 2012). Una alusión curiosa si tenemos en cuenta que el inmortal escritor estaba interpretado por John Cusak, quien en otra película de terror interpretaba a un escritor que busca fantasmas y que naciera de la pluma de Stephen King, a quien también se alude en Twixt. Las alusiones no terminan ahí pues esa búsqueda de inspiración que requiere el propio Hall Baltimore (Val Kilmer) para continuar y completar su nueva novela, no debe ser muy diferente de la que el propio director necesitaba cuando trabajaba para la factoría de Roger Corman, en una etapa que concluiría con la dirección de la interesante Dementia 13 (1963).

El mundo onírico y el real se fusionan en Twixt para dar lugar a un mundo en el que ficción y realidad tampoco tienen fronteras. La fotografía, en color o en blanco y negro, sirve para ubicarnos en el espacio real o ficticio, por el que también se mueven los fantasmas del propio protagonista, que funcionan como resortes que contribuyen a la germinación de las propias ideas del escritor. Pareciera que el cineasta estuviera así dando respuesta a todas las especulaciones sobre la posibilidad de la influencia personal de muchos artistas en sus obras, aunque partan de hechos e ideas ajenos a ellos mismos. De esta manera, una película en principio de encargo, como fuera El padrino (The Godfather, 1972) acabaría siendo tan personal gracias a la impregnación del cineasta y su propio entorno, que termina de consolidar la fuerza de sus personajes.

En oposición a este tipo de cine de gran presupuesto, Twixt sintoniza visualmente más con otras obras que quizás son menos consideradas por el público de a pie, pero que resultan mucho más personales y significativas dentro de su filmografía, como es el caso de La ley de la calle (Rumble Fish,1983), en la que ya utilizaba el recurso del blanco y negro salpicado con toques de color, o el gusto por la estética neogótica que él mismo popularizara en los años noventa con Dracula (1992). Las similitudes se confirman con la delicada poesía visual de la mayoría de los planos de la película, que contrastan con una sencillez narrativa que no pretende en ningún momento ni impresionar ni generar suspense, tan sólo especular con los caminos internos por los discurre la creación artística.

En este amalgama de autocitas, sorprende curiosamente una influencia contemporánea, la de la obra de David Lynch, procedente tanto de su serie Twin Peaks como de algunos de sus filmes, pero que emana más de un personaje como Bobby LaGrange (Bruce Dern) que de la truculencia de todo lo que le sucede a la enigmática V (Elle Fanning). La alusión no sólo es cinematográfica sino también familiar porque Bruce Dern es en la vida real el padre de Laura Dern, que protagonizaba terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), Corazón salvaje (Wild at Heart, 1990) e Inland Empire (2006), cerrando la cita tanto de manera cinematográfica como familiar. Fusiona de esta manera tanto la búsqueda de la creación con la influencia con que la aportación personal y en muchos casos familiar ejercen sobre la obra artística de un cineasta.

Publicado originalmente en EXTRACINE