sábado, 18 de diciembre de 2010

NEDS


Título original: NEDS
Año: 2010
País: Italia, Francia & Reino Unido

Dirección: Peter Mullan
Guión: Peter Mullan
Producción: Olivier Delbosc, Alain de la Mata & Marc Missonnier
Fotografía: Roman Osin
Música: Craig Armstrong
Montaje: Colin Monie
Diseño de producción: Mark Leese
Dirección artística: Carolina Grebbell
Decorados: Elaine McLenachan
Vestuario: Rhona Russell
Reparto: Conor McCarron, Martin Bell, Linda Cuthbert, Richard Mack, David McKay, Marcus Nash, Marianna Palka, Steven Robertson, Douglas Russell…



un asincrónico alegato generacional


Que la edición del año 2010 del Festival de San sebastián se caracterizaba por su mediocridad, no es nada nuevo. Pero que la Concha de Oro haya recaido en un filme tan pretencioso, vulgar y desorientado como NEDS no deja lugar a dudas sobre que tan cuidadoso como debe ser la selección de películas que comparecen en un festival, debe serlo la del jurado que las va a premiar.

Conocido a partes iguales por su tan breve como premiada obra cinematográfica como director, que incluye hasta la fecha tres títulos: Orphans (1997) —-premiada en Venecia, Angers y Gijón—-, Las hermanas de la Magdalena (The Magdalena Sisters, 2002) —-León de Oro en el Festival de Venecia—- y NEDS, como por la calidad de sus interpretaciones para otros directores, Peter Mullan parece querer apropiarse de los parámetros sociales de Ken Loach —-con quien ganó el Premio al Mejor Actor por Mi nombre es Joe (My Name Is Joe, 1998) en Cannes—-, más en el tratamiento del guión que en su aproximación visual.

Aunque la verdad es que yo me atrevería a decir que su intento es el de crear una película generacional más a tono con las dos magníficas adaptaciones que Francis Ford Coppola hiciera del universo literario de Susan E. Hinton en Rebeldes (The Outsiders,  1983) y La ley de la calle (Rumble Fish, 1983). Si estéticamente se acerca más a la primera, algunos personajes parecen seguir las premisas de la segunda, particularmente en lo que a la relación entre hermanos se refiere y con la diferencia de que si en aquella Rusty James (Matt Dillon) era el hermano tonto que idealizaba al chico de la moto (Mickey Rourke), aquí el que interpreta Conor McCarron sería el hermano listo, pero que elige volverse más malo que su propio hermano.

Quizás sea esto es lo que echa a perder las pretensiones de Mullan, pues mientras Ken Loach se limita a mostrar la realidad que le rodea, la que conoce, se intuyen unas pretensiones estéticas en NEDS, que no encajan ni con el característico realismo social británico, representado por el director de Sweet Sixteen (2002, Ken Loach), ni con las poses de aquellos jóvenes airados que lideraran el Free Cinema. Me refiero a momentos como la pelea en el puente al compás asincrónico del tema de Louis Armstrong, Check to Check, o al momento, también asincrónico, surrealista de Jesucristo descendiendo del crucifijo, por no hablar de la secuencia de los leones.

No es que el cine británico no tenga derecho a soñar, Orlando (1992, Sally Potter), 24 Hours Party People (2002, Michael Winterbottom) o incluso Trainspotting (1996, Danny Boyle) tienen algún momento de características similares, pero sus directores son más posmodernos (y jóvenes) que realistas, al contrario que Mullan que pretende contar una historia verdadera —-la suya con su padre—-, a la vez que defiende la idea de que la violencia que impera en la Gran bretaña contemporánea no es nueva, sino de siempre.

Precisamente los momentos más auténticos y conmovedores son los que se intuyen más sinceros, aquellos en los que interviene el padre de John McGill (Conor McCarron), interpretado por el propio Mullan, que perturban, aunque no se sepa bien el origen de su conducta. Sin embargo, lo que se refiere al personaje de John, que es presentado de una manera muy clara y rotunda pero que, a medida que avanza el metraje, sus contradicciones, siendo brillante y obstinado, consciente y deseoso de recibir esa educación que marca la diferencia entre el futuro de la vida en la calle y la posibilidad de salir de un entorno violento y salvaje, se enredan hasta caer en lo inverosímil. ¿Y todo porque no le quedó ninguna asignatura pendiente para septiembre y tuvo todo el verano para zangolotear y hacer amistades no recomendables?

Si bien la secuencia en la que se produce la conquista del instinto (animal) por encima de la razón es también clara y rotunda, la evolución del personaje no deja claro por qué elige el lado salvaje de la vida y, aunque el progreso de la historia no deja ser sugerente, llega un momento que deja de interesar. Lo que sí es cierto es que Conor McCarron defiende a su personaje con sangre, sudor y lágrimas, haciéndose valedor de la Concha de Plata al Mejor Actor, recibido también en San Sebastián.

Publicado originalmente en EXTRACINE