sábado, 4 de diciembre de 2010

El hombre de al lado

Título original: El hombre de al lado
Año: 2009

País: Argentina
 
Dirección: Mariano Cohn & Gastón Duprat

Guión: Andrés Duprat
Producción: Fernando Sokolowicz

Fotografía: Mariano Cohn & Gastón Duprat
Música: Sergio Pangaro

Montaje: Jerónimo Carranza
Dirección artística: Lola Llaneza
Reparto: Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Inés Budassi, Lorenza Acuña, Eugenio Acuña, Eugenio Scopel, Debora Zanolli, Bárbara Hang, Enrique Gagliesi…

conflictos con el vecino gafapasta


Incluida en la lista de filmes que optan por la nominación a Mejor Película Hispanoamericana en los Goya 2011, nos encontramos con El hombre de al lado, una amable y entreñable película que teniendo dos directores, Mariano Cohn y Gastón Duprat, también cabalga entre dos miradas: la del moderno y contemporáneo gafapasta que vive en una casa de diseño y la de su vecino, un hombre rudo y tradicional que vive en el edificio de al lado, pero sin una ventana que le de un rayito de sol, evidenciando un duelo entre razón y sentimiento.


La primera acción de la película no deja lugar a dudas. La apertura de un butrón en una pared que da al patio de la casa de al lado, abre una cicatriz que va a ser difícil de curar. Sobre todo cuando hablamos de la Casa Curuchet, único diseño arquitectónico de Le Corbusier en en el continente americano bajo las premisas de comodidad, simplicidad y armonía.


Una armonía que se rompe visualmente en un plano que se muestra en pantalla partida para poder ofrecer la causa y el efecto desde un lado y del otro. Los directores prefieren quedarse con una sola de las miradas, la del exterior, no volviendo a penetrar en el interior y conociendo toda la historia desde el punto de vista de uno de los dos personajes, no pretendiendo por ello inclinar la balanza en su favor.


Aunque en un principio el espectador pueda empatizar inmediatamente con el problema de Leonardo (Rafael Spregelburd), las convincentes explicaciones de Víctor (Daniel Aráoz) evidencian que su carencia es de educación, pero no de razón y mucho menos de comunicación.

Si bien la historia principal pueda ser el conflicto establecido por esta ventana, en la subtrama podemos encontrar una crítica al hombre postmoderno, al que vive instalado en la cultura más contemporánea y elitista que no tiene tiempo de razonar con aquellos que no han alcanzado su nivel cultural, que viven arropados en las nuevas tecnologías, ante cuya pérdida se evidencia su falta de control y de recursos en la comunicación verbal, lo que se demuestra con la nula relación que mantiene con su hija, la que tiene con su esposa basada en la mentira, y que resulta torpe incluso cuando pretende flirtear con una de sus alumnas.


Ambos vecinos no están realmente tan lejos uno del otro pues, si Víctor está abriendo una ventana al patio de al lado, Leonardo la está abriendo al mundo entero a través de Internet, algo que él mismo critica cuando se refiere a que en algún lugar de la red se indica que su casa se puede visitar, propiciando miradas inoportunas y visitas de curiosos.


De entre los intérpretes de la película destaca, inevitablemente, Daniel Aráoz, el vecino inculto pero capaz de dotar de sensibilidad y humanidad a un personaje que crea sus teatritos con deshechos de comida y esculturas con basura, además de aportar indirectamente maravillosos sonidos sincopados a las experimentales piezas musicales que escucha su vecino.


Y si sus esculturas no son exactamente piezas de museo, trasmiten a la perfección que están hechas con sentimiento, porque la necesidad de expresión artística subyace en todo tipo de personas, las que se mueven con la cabeza y las que lo hacen con el corazón, las antiguas y las modernas, las cultas y las incultas.
 
Publicado originalmente en EXTRACINE