miércoles, 8 de diciembre de 2010

Biutuful

Título original: Biutiful
Año: 2010
País: España & México

Dirección: Alejandro González Iñárritu
Guión: Alejandro González Iñárritu, Armando Bo & Nicolás Giacobone
Producción: Fernando Bovaira, Alejandro González Iñárritu & Jon Kilik
Fotografía: Rodrigo Prieto
Música: Gustavo Santaolalla
Montaje: Stephen Mirrione
Diseño de producción: Brigitte Broch
Dirección artística: Marina Pozanco
Decorados: Laura Musso
Vestuario: Bina Daigeler & Paco Delgado
Reparto: Javier Bardem, Maricel Álvarez, Hanaa Bouchaib, Guillermo Estrella, Eduard Fernández, Cheikh Ndiaye, Diaryatou Daff, Cheng Tai Shen, Luo Jin, George Chibuikwem Chukwuma, Lang Sofia Lin, Yodian Yang, Tuo Lin, Xueheng Chen, Xiaoyan Zhang, Ailie Ye, Xianlin Bao, Ana Wagener, Rubén Ochandiano, Karra Elejalde, Nasser Saleh, Tomás del Estal, Ángel Luis Arjona, Dolores Echepares, Adelfa Calvo, Manolo Solo, Violeta Pérez, Germán Almendros, Isaac Alcayde, Nacho Moliné, Carmen La Lata, Annabel Totusaus, Eduardo Gómez, Ramón Elies, Juan Vicente Sánchez, Félix Cubero, carmen Peleteiro, Federico Muñoz, Leticia Albizuri, María Casado, Judith Huertas, Aroa Ortiz, Victoria M. Díaz, Sonia Cruz, Sophie Evans, Luna Jiménez Colindres, Dunia Montenegro, Rodica Ioana Ungureanu…
mapa urbano de las miserias humanas


Biutiful propone un viaje al lado más sórdido de la vida en la urbe, (de)mostrando la espléndida evolución de su director, Alejandro González Iñárritu, incluido ya en la carrera por el Oscar y por el Goya; y la plena madurez interpretativa de Javier Bardem, que no actúa, sino que se funde entre las luces y sonidos de Barcelona para convertirse en un personaje tan anónimo como los que retrata la película, y que le valiera el reconocimiento en el pasado Festival de Cannes.

Pareciera que Iñárritu realiza con Biutiful, no sólo un emotivo homenaje a Javier Bardem, pues utiliza aspectos de su propia vida para enriquecer el personaje, como la temprana muerte de su padre, así como detalles de sus personajes de ficción previos; sino que aprovecha el legado artístico de su tío, Juan Antonio Bardem, y su madre, Pilar Bardem, para construir un relato a su medida.

Igual que Calle Mayor (1956, Juan Antonio Bardem) fuera un relato que podría suceder en cualquier lugar del mundo (por obra y gracia de la censura franquista que obligara a Juan Antonio a incluir esa explicación en una voice over), las miserias que pasan los personajes de Biutiful no son intrínsecas de los inmigrantes de Barcelona, ni son ajenas a las que sufren los de cualquier urbe del mundo. Iñárritu nos obliga a mirar aquellos lugares y vidas con las que todo ciudadano convive, pero que parece negar, volviendo la mirada hacia otro lado y dándose cuenta de su existencia únicamente cuando constituyen una noticia en los medios de comunicación.


En Nadie hablará de nosotras cuando hallamos muerto (1995, Agustín Díaz Yanes) —-filme que se desarrollara en un tono urbano similar al de Biutiful y que también tuviera su conexión mexicana—-, Doña Julia (Pilar Bardem), tras haber decidido que se va a suicidar, hace un llamamiento solicitando a sus pocos seres queridos que se acuerden de ella cuando se haya ido, igual que hace Uxbal (Javier Bardem) en Biutiful. Pareciera que en este caso, el llamamiento se extrapolara a las diferentes realidades reflejadas en la película, dado que aunque la columna vertebral del relato sea la historia de Uxbal y su familia, hay otras familias que le acompañan en su viaje por el inframundo, la china y la senegalesa, compartiendo todas los mismos anhelos y sufrimientos.

Pero no sólo de Bardem respira Biutiful. De todos los espléndidos componentes del reparto, destaca la desgarradora interpretación de la argentina Maricel Álvarez, en su primera experiencia cinematográfica, así como los dos niños que componen la familia de Uxbal. Las interpretaciones de Edurad Fernández y de los demás actores se mezclan a la perfección con los integrantes no profesionales del reparto que se limitan a representar su propia vida en un retrato tan veraz como documental.

Biutiful se desarrolla en los mismos lugares comunes en los que se movían Amores perros (2000), 21 gramos (21 Grams, 2003) y Babel (2006). Personajes perdidos, desesperados, abandonados en un doloroso viaje interior. Pero si en sus tres primeros viajes el camino fuera trazado desde la razón en un estimulante juego que trazaba diferentes capas que el espectador debía ordenar en el tiempo y el espacio, en Biutiful, el viaje está marcado desde el corazón, adquiriendo su mensaje una fuerza contenida, pero fuertemente penetrante en el espectador.

En este viaje, aunque se desprende de Guillermo Arriaga, le acompaña su director de fotografía habitual, Rodrigo Prieto, que dibuja una ciudad terriblemente fría, pero desborda de color. La frialdad que proporciona una urbe en la que desparece el individuo, en contraste con el color que proporcionan todos y cada uno de los personajes, que son los que hacen una cálida una ciudad. Igualmente su compositor de siempre, Gustavo Santaolalla, que no sólo compone una partitura sobrecogedora, sino que sabe seleccionar las canciones adecuadas para cada uno de los momentos, reivindicando nuevamente la actitud realista del relato. Una realidad rota, únicamente, por las pinceladas de conmovedora poesía —-más que realismo mágico—- que en algunos momentos llega a confundirse con la propia realidad.

Una cosa en común parecen tener todas las miserables familias de Biutiful, la necesidad del dinero para sobrevivir en un mundo que se supone mejor de aquel mundo del que proceden. Tan acostumbrada como está la sociedad actual a marcar el camino a seguir en función de la economía, la imagen que se ofrece en Biutiful del dinero es, precisamente, la más fea de todas.
 
Publicado originalmente en EXTRACINE