sábado, 16 de febrero de 2013

Fin


Título original: Fin
Año: 2012
País: España

Dirección: Jorge Torregrossa
Guión: Sergio G. Sánchez & Jorge Guerricaechevarría
Producción: Belén Atienza, Fernando Bovaira, mercedes Gamero, Mikel Lejarza & Enrique López Lavigne  
Fotografía: José David Montero
Música: Lucio Godoy
Montaje: Carolina Martínez Urbina
Dirección artística: Isabel Viñuales
Vestuario: Manuel Bonillo & Irene Orts 
Reparto: Miquel Fernández, Antonio Garrido, Daniel Grao, Clara Lago, Eugenio Mira, Blanca Romero, Carmen Ruiz, Andrés Velencoso, Maribel Verdú… 

la catástrofe son ellos

Ahora entiendo el motivo por el que Jorge Torregrossa no está nominado a un Goya a la mejor dirección novel, aunque sí lo estén los dos guionistas de la que es su ópera pirma. Es posible que el planteamiento de Fin, la adaptación cinematográfica de la novela de David Monteagudo, tenga algo de original, pero no consigue pasar de ahí. 

No sé si decir que, en gran parte, la culpa es del insoportable reparto de la película, que salvo el caso de Clara lago, están todos más sobreactuados que Roberto Benigni puesto de ácido lisérgico en una entrega de los premios Oscar. Quizás la culpa sea también de Torregrossa, que por mucho que se ponga doble s en el apellido, no parece saber controlar a sus televisivos actores y actrices, ni saber darles indicaciones apropiadas.

Si acaso hubiese visto la mitad de las películas que sobrevuelan, o mejor permanecen soterradas, en las entrañas de Fin, todavía tendría sentido, pero da la impresión de que ni eso. Nos encontramos desde una versión inversa de El ángel exterminador (1962, Luis Buñuel), hasta una versión a gran escala de Los pájaros (The birds, 1963, Alfred Hitchcock), pasando por un momento que parecía se iba a convertir en ¿Quien puede matar a un niño? (1976, Narciso Ibáñez Serrador). El caso es que la conjunción de tantos referentes, careciendo de personalidad previa, mezclando con "chuches", esquizofrénicos paranoides y un sin fin de anécdotas sacadas en su mayor parte de los telediarios de los últimos dos años, hace que un servidor sólo consiga disfrutar a medida que van desapareciendo todos y cada uno de los personajes. 

Si a todo esto sumamos la gratuidad de algunas situaciones, como el desnudo integral de Sergio (Miquel Fernández) -por otro lado bastante más agradable que la secuencia de los gritos en la bicicleta de Sara (Carmen Ruiz)-, con la obviedad de las relaciones personales entre los personajes y la ausencia total de nivel intelectual de todos y cada uno de los diálogos de la película (los mejores diálogos son los que se deben producir entre los animales), que me hacen pensar que este grupito de cuarentones debe haber sobrevivido gracias a la beneficencia. 

Con este panorama no me extraña en absoluto que a los guionistas no se les haya ocurrido dotar al relato de una dimensión metafórica. Lo más probable es que, al igual que sus personajes, no tenga ni idea de lo que es un tropo, un recurso estilístico o la polisemia visual. Y pensar que Sergio G. Sánchez y Jorgue Guerricaechevarría deben ser dos de los guionistas mejor considerados de este país. Ah, claro, por eso el cine está en crisis.