sábado, 31 de diciembre de 2011

Perros de paja


Título original: Straw Dogs
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Rod Lurie
Guión: Rod Lurie, basado en el guió de David Zelag Goodman y Sam Peckinpah, basado a su vez en la novela de Gordon Williams
Producción: Marc Frydman & Rod Lurie 
Fotografía: Alik Sakharov
Música: Larry Groupé
Montaje: Sarah Boyd
Diseño de producción: Tony Fanning
Dirección artística: John P. Goldsmith
Decorados: Kristin Bicksler
Vestuario: Lynn Falconer
Reparto: James marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgard, James Woods, Dominic Purcell, Rhys Coiro, Billy Lush, Laz Alonso, Willa Holland, Walton Goggins, Anson Mount, Drew Powell, Kristen Shaw, Megan Adelle, Randall Newsome, Tim J. Smith, Richard Folmer, Wanetah Walmsley, Clyde Heun, Rod Lurie, Kelly Holleman, Grayson Capps, Tommy MacLuckie, Josh Kerin, John Milham, Kristin Kelly… 

perros desfasados

Como muchas veces sucede, Straw Dogs, la película dirigida por Rod Lurie tan sólo viene a reforzar la extraordinaria calidad de la película homónima dirigida por Sam Peckinpah. Salta a la vista que Lurie ha decidido realizar lo que se dice un remake, sin fisuras ni pelos en la lengua, de la magnífica película de 1971 cuyo guión escribiera el propio Peckinpah en colaboración con David Zelag Goodman, que estaba basado en una novela de Gordon Williams. Realmente da la impresión de que ni se ha leído la novela ni se ha molestado en actualizar el contenido del guión original. Quizás su propósito era que el espectador jugase a encontrar las diferencias entre una y otra, siendo así hay van mis diferencias, que son cuatro: el prólogo, la localización, el oficio del protagonista y la explicación del nombre de la película.

Lo del prólogo es realmente innecesario y casi me atrevería a decir que ralla el mal gusto porque relacionar con esos planos detalle testosterona, armas y alcohol para mostrar que estos individuos son unos indeseables es casi un pleonasmo sin sentido. Ni siquiera consigue que lleguemos a verlos como unos cazadores piadosos porque maten al ciervo antes de despojarle de su cornamenta, único propósito para matarlo, aparentemente.

El cambio de localización no es nada relevante y resta verosimilitud al discurso del relato, pues si puede resultar perfectamente coherente que un estadounidense no tenga conocimiento de todas las peculiaridades de la cultura inglesa, como sucedía con el personaje que interpretaba Dustin Hoffman, resulta bastante patético que un californiano no conozca las peculiaridades de los oriundos de Nueva Orleans. Dice, desde luego, bastante poco de su capacidad como guionista y de su conocimiento por el comportamiento humano, como proclama el personaje a propósito de Stalingrado.

El cambio de matemático a guionista con lo que respecta al oficio del protagonista no sólo no es innecesario sino que además es injustificado pues si David Summer era un individuo absolutamente racional, que no se dejaba llevar por sus impulsos en la película de 1971, desconozco completamente las implicaciones psicológicas acerca de que el protagonista de la versión de 2011 sea guionista. De hecho, los garabatos que se le ven esbozar en la película son algo ridículos.

Por último queda la explicación, la inclusión dentro del relato del título de la película que, desde mi punto de vista, viene a mostrar el poco respecto que Rod Lurie muestra hacia su público, al que le entrega todo masticado. Quizás se debe a que el público al que se dirige debe ser única y exclusivamente el adolescente, lo que explicaría que todos los personajes estén interpretados por jóvenes mucho más guapos y fornidos que la película precedente, que estaba dirigida a un público adulto, tanto física como psicológicamente.

Quizás algunos estén pensando que me limito a hacer comparaciones entre una y otra versión, pero ha sido el propio Rod Lurie el que me ha obligado a hacerlo así porque su ejercicio no tienen nada que ver con propuestas similares realizadas primero con poca fortuna por Gus Van Sant, a propósito de Psycho, y después con Michael Haneke, a propósito de Funny Games. En lo que respecta las dos películas de este último, que distaban diez años entre sí, tanto el cambio de localización como la repetición sistemática del texto servía para demostrar que su discurso era universal y atemporal. Sin embargo, la repetición exacta del texto y acciones de Straw Dogs no hacen más que corroborar la nula capacidad del guionista -también Rod Lurie- para adaptar acciones y personajes a la realidad contemporánea. ¿Acaso se detuvo la emancipación de la mujer y el desarrollo cultural de los jóvenes blancos de Nueva Orleans?

Lo que no voy a hacer es comparar las interpretaciones de Dustin Hoffman y Susan George con las de James Marsden y Kate Bosworth, es obvio quienes salen perdiendo. Quien tampoco sale bien parado, ya sin comparación, es James Woods, odiosamente sobreactuado en un personaje que interpretara espléndidamente Peter Vaughan. Tampoco voy a entrar en comparaciones de estilo y estéticas pues claramente Sam Peckinpah sabía hacerte pasar un momento incómodo haciéndote reflexionar y cuestionar lo que está pasando en la pantalla, sin hacer un retrato superficial de sus personajes, sino todo lo contrario. Y si no me crees, ya está yendo al video-club más cercano, no te arrepentirás.

Publicado originalmente en EXTRACINE