martes, 13 de diciembre de 2011

The Conspirator


Título original: The Conspirator
Año: 2010
País: EE. UU.

Dirección: Robert Redford
Guión: James D. Solomon, según una idea original de James D. Solomon & Gregory Bernstein
Producción: Brian Falk, Bill Holderman, Robert Redford, Greg Shapiro & Robert Stone
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Música: Mark Isham
Montaje: Craig McKay
Diseño de producción: Kalina Ivanov
Dirección artística: Mark Garner
Decorados: Melissa M. Levander
Vestuario: Louise Frogley
Reparto: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Tom Wilkinson, Justin Long, Danny Huston, James Badge Dale, Colm Meaney, Alexis Bledel, Johnny Simmons, Toby Kebbell, Jonathan Groff, Stephen Root, John Cullum, Norman Reedus, John Michael Weatherly, Maracus Hester, Chris Bauer, Jim True-Frost, Shea Whigham, David Andrews, James Kirk Sparks, John Curran, Robert C. Treveiler, Brian F. Durkin, Cullen Moss, Jason Hatfield, Kathleen Hogan, Gerald Bestrom, Marshell Canney, Andy Martin, Dean Mumford, Dennis Clark, Tom Nelson, Brandon Carroll, Lori Beth Edgeman, Amy Tipton, Beau Turpin, Glenn R. Wilder, Brian Duffy, Richard Deloach, Lindsey Lambrakos, Cal Johnson, Chris Eckles, Kevin Nichols, Walter Brankson, Peter Bannon, Travis Sprayberry, John Bankson, Lance Miles, Adam Porter… 

esa triste historia que siempre se repite

Tal y como si fuera un síntoma más de rebeldía, es común entre los adolescentes de cualquier país o cultura quejarse de determinadas asignaturas, como la de Historia, alegando que su estudio no les aportará nada de cara a su incorporación al mercado laboral. De alguna manera pareciera que Robert Redford les diera la razón con The Conspirator. Pero no porque no sean interesantes los acontecimientos que relata en su película, sino porque, ciertamente, pareciera que nuestra sociedad (en esta caso la estadounidense), no parece ser capaz de aprender de los errores del pasado. Se trata de unos hechos y situaciones que, cual mantra generacional, se repiten sucesivamente a lo largo de su historia.

The Conspirator está narrada de una manera sencilla y clara, con una fotografía naturalista y una banda sonora que pasa desapercibida, para centrar toda su atención en un discurso que no se limita al juicio sobre los individuos que perpetraran el asesinato del que fuera decimosexto presidente de los Estados Unidos, primero del Partido Republicano y uno de los que mayor trascendencia han tenido a lo largo de su historia, sino que utiliza esos acontecimientos para señalar la violencia que subyace soterrada en el carácter de los estadounidenses. Particularmente en aquellos de ascendencia anglosajona que inmediata y sistemáticamente claman venganza ante tal incidente (como después harán ante otros), resistiéndose a poner la otra mejilla, tal y como debiera hacer un católico conservador convencido como los que se retrata en la película.

Si Abraham Lincoln fue asesinado por un actor, John Wilkes Booth, también podríamos decir que Lee Harvey Oswald fuera el punto visible de una espectacular puesta en escena con el objetivo de asesinar a John Fitzgerald Kennedy. Si la política del terror imperó en los momentos posteriores al asesinato de Lincoln, también sucedió así en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial o, sin ir más lejos, mucho más recientemente, volvía a extenderse bajo el mandato de George W. Bush que no sólo proclamó la venganza como justicia, tal y como sucede en The Conspirator, sino que arrastró en su gesta bélica a alguna países europeos entre los que, lamentablemente, también se encontraba España.

De hecho, como si fuera una manera de recordar a sus compatriotas que su país está fundado por extranjeros que cuando se acomodan en sus nuevas tierras se vuelven intransigentes con los que, como ellos, una vez vinieron a su país en busca de fortuna, la mayor parte del reparto está integrado por actores europeos, como James McAvoy, Tom Wilkinson o Colm Meany, relegando a los actores estadounidenses para los personajes más radicales, como Kevin Kline o Danny Huston, o aquellos a los que se está castigando, como Robin Wright.

Si todos ellos están realmente convincentes (y hasta odiosos, algunos) en sus personajes, la que está realmente impresionante como nunca es Robin Wright como esa madre coraje que es capaz de dar su vida a cambio de la de su hijo. Señalar la presentación de su personaje, digna de una de las apariciones de la divina Greta Garbo. Asimismo, también es muy destacable la más breve, pero igualmente intensa intervención de Evan Rachel Wood, como la hija de la conspiradora.

Robert Redford también demuestra con su película que cuanto más local es el tema de una película, más universal se vuelve ésta. Aunque los hechos y acontecimientos sean muy concretos y tuvieran lugar en un determinado punto de la historia estadounidense, lo cierto es que las reacciones de los personajes se producen de igual manera e intensidad en cualquier otra civilización, en aquella época y en esta, y particularmente, cuanto más religiosa sea esa cultura. Por eso reafirmo la máxima de que la Historia siempre se repite. Lamentablemente.

Publicado originalmente en EXTRACINE