lunes, 26 de diciembre de 2011

Missión: Imposible - Protocolo fantasma


Título original: Mission: Impossible - Ghost Protoccol
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Brad Bird
Guión: Josh Appelbaum & André Nemec, basado en los personajes creados por Burce Geller para la serie de televisión Mission: Impossible
Producción: J.J. Abrams, Bryan Burk & Tom Cruise 
Fotografía: Robert Elswit
Música: Michael Giacchino
Montaje: Paul Hirsch
Diseño de producción:James D. Bissell
Dirección artística: Michael Diner, Helen Jarvis, Christa Munro, Michael Turner, Martin Vackar & Grant Van Der Slagt
Decorados: Rosemary Brandenburg, Andronico del Rosario & Elizabeth Wilcox
Vestuario: Michael Kaplan
Reparto: Tom Cruise, Paula Patton, Jeremy Renner, Simon Pegg, Léa Seydoux, Ving Rhames, Josh Holloway, Tom Wilkinson, Michael Nyqvist, Anil Kapoor, Darren Shahlavi, Samuli Edelmann, Vladimir Mashkov, Miraj Shvedoff, Brian Caspe… 

el vértigo de una montaña rusa

Muchos esperábamos con ganas Mission: Impossible - Ghost Protocol, la cuarta entrega de la saga cinematográfica que comenzaba en 1996 con la película que dirigía Brian De Palma, Mission: Impossible, que a su vez, suponía la primera vez que Tom Cruise se involucraba en tareas de producción, haciendo suya, de alguna manera, la película. Si probablemente muchos tan sólo esperaban disfrutar con las aventuras de Ethan Hunt y su equipo de agentes del FMI, otros albergábamos grandes expectativas ante la que es la primera película de imagen real de Brad Bird, director de filmes de animación tan estimulantes como The Iron Giant, The Incredibles o Ratatouille. Pero si, desde mi punto de vista, Brian De Palma consiguiera imponer su criterio artístico sobre el del actor y productor, aportando un estilo y estética que dotaban a las acrobacias de los personajes de un atractivo valor añadido a una película de acción, Brad Bird parece haber sucumbido a la presión de su poderoso productor y actor realizando un producto divertido, trepidante y extraordinariamente entretenido, pero en el que cuesta encontrar sus propias señas de identidad.

De entrada, los que vean la película en su versión original les resultará muy fácil determinar los personajes malos, malísimos de la muerte, pues están todos interpretados con acento extranjero, desde el francés de Léa Sedoux -a quien veíamos en Midnight in Paris-, o el sueco de Michael Nyqvist -que descubrimos, junto a Noomi Rapace, en las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Stieg Larsson, conocidas genéricamente como Millenium. También resulta algo antipática y pasada de moda esa enemistad entre rusos y estadounidenses, más propia de la Guerra Fría y la época en la que se desarrollaba la serie original de televisión. Aunque cierto es que en la resolución de esta línea argumental sí podemos encontrar puntos comunes a otras películas de Bird en las que trata de demostrar los prejuicios de la sociedad estadounidense hacia cualquier extranjero, sea cual sea su acento.

Asimismo, la familia tiene una gran importancia para el desarrollo de los personajes de Mission: Imposible - Ghost Protocol, ya sea la sentimental, o la que se forma a partir de los vínculos de amistad que, en este caso, se establecen con los miembros del equipo de trabajo. Este también es un elemento común a los otros filmes de Brad Bird, que aquí contribuye a humanizar a unos personajes que ni comen ni duermen, pues la trama se desarrolla en apenas ¿tres días?, aunque sí sienten. Cierto es que no nos preocupa pues la película se enmarca en una ficción casi fantástica, luego la verosimilitud queda relegada al olvido por un acuerdo tácito con el espectador.

Visualmente, tan sólo el momento en el que entran en el Kremlin, nos hace recordar el pasado cinematográfico de Brad Bird, vinculado al cine de animación, pues la deliciosa secuencia del pasillo bien pudiera haber pertenecido a cualquiera de sus títulos previos. Una secuencia tan brillante como divertida que demuestra que aunque las demás escenas de acción estén resultas con un gran sentido del espectáculo, casi habría sido más estimulante darle rienda suelta a la imaginación de Brad Bird, que a las ganas de Tom Cruise de demostrar que se encuentra en perfecto estado físico.

No quiero decir con esto que Mission: Impossible - Ghost Protocol sea una película sin interés. Al contrario, es una auténtica montaña rusa vertiginosa, repleta de acción y suspense. Un filme realmente entretenido que te mantiene clavado en el asiento desde la primera secuencia hasta la última. Lo malo es que, tal y como sucede cuando te subes en una atracción de este tipo, mientras dura es muy emocionante, pero una vez te bajas y te recuperas del subidón de adrenalina, la primera inquietud que surge es lo que vas a hacer a continuación ¿cena, copa o cama?

Para colmo y frustración de Tom Cruise, más que las secuencias de acción, lo que más y mejor perdura tras la proyección es el sentido del humor que aporta el personaje de Simon Pegg, que relaja extraordinariamente las situaciones de tensión, sin estar por ello fuera de tono, sin duda pericia del propio actor que consigue ser gracioso sin necesidad de hacer el payaso, o siéndolo en justa medida. También destaca por encima de Cruise (el actor) la emoción aportada por Paula Patton, que demuestra las mismas capacidades para la interpretación que su propio personaje para desenvolverse tanto en situaciones de acción, como en las de índole más sexista (me encantaría ver en una futura secuela al personaje de Jeremy Renner seduciendo a su objetivo masculino, tal y como su personaje sugiere).

Y si se ha especulado mucho con que esta cuarta entrega vendría a ser como una despedida de Tom Cruise de la saga en la que sería reemplazado por el personaje interpretado por Jeremy Renner, nada sobre esto se sugiere en el desarrollo de la trama, más bien todo lo contrario, pareciendo, que los dos continuarán mano a mano. De ser así, un servidor está realmente dispuesto a ver cualquiera de las secuelas por venir pues Renner aporta realmente un personaje estimulante y mucho más rico en matices que el que interpreta Cruise, revelándose este último como el auténtico fantasma de su propia película.

En definitiva y para que no haya lugar a equívocos, que aunque en Mission: Impossible - Ghost Protocol tengamos que soportar de nuevo a Tom Cruise, merece la pena verla tanto por las interpretaciones de cualquiera de sus compañeros de reparto, como por la incontrolable dosis de adrenalina que se libera durante su proyección.

Publicado originalmente en EXTRACINE