sábado, 31 de diciembre de 2011

El cascanueces


Título original: The Nutcracker in 3D
Año: 2010
País: Reino Unido & Hungría

Dirección: Andrei Konchalovsky
Guión: Andrey Konchalovsky & Chris Solimine
Producción: Andrey Konchalovsky & Paul Lowin 
Fotografía: Mike Southon
Música: Eduard Artemiev
Montaje: Mathieu Bélanger & Andrew Glen
Diseño de producción: Kevin Phipps
Dirección artística: Claudo Campana, Stephen Dobric, Adam O'Neill, Attila Raczkevy, Tom Still & János Szabolcs
Decorados: Judy Farr
Vestuario: Louise Stjernsward
Reparto: Elle Fanning, Nathan Lane, John Turturro, Frances de la Tour, Richard E. Grant, Yuliya VVysotskaya, Shirley Henderson, Aaron Michael Drozin, Charlie Rowe, Peter Elliott, Daniel Peacock, Alan Cox, Hugh Sachs, Africa Nile, Jonny Coyne, Stuart Hopps, Ferenc Elek, Attila Kalmár, György Honti… 

fantasía nostalgica y cine muy muy muy infantil

Tras haber desarrollado su más reciente carrera cinematográfica en el seno del cine ruso que le proporcionara sus primeros éxitos internacionales con películas como Pervyy uchitel (El primer maestro, 1966), Dyadya Vanya (Tío Vania, 1971) o, sobre todo, Sibiriada (Siberiada, 1979), Adrei Konchalovsky retorna al cine estadounidense en el que tan bien le fuera en las décadas de los ochenta con películas como Maria’s Lovers (1984), Runaway Train (1985), Duet for One (1986), Shy People (1987) o la entrañable Homer and Eddie (1989). En esta ocasión, centra su mirada en una historia dirigida, sin ningún tipo de complejo, al público infantil con The Nutcracker in 3D -qué estúpidos encuentro los nombres de películas que incluyen la alusión al efecto tridimensional en su titulo-, con la que pretende recuperar la fantasía de los cuentos más clásicos y tradicionales, poniendo a su servicio las últimas tecnologías en efectos especiales y 3D.

Muchas son las referencias que podemos encontrar en The Nutcracker in 3D. Por un lado recurre sin prejuicios a recursos típicos de historias tan populares como Peter Pan, El mago de Oz o Alicia en el país de las maravillas al utilizar el recurso onírico para enlazar fantasía con realidad, aunque la influencia más determinante provenga de la interpretación ética y moralista que la factoría Disney hiciera tanto de estos cuentos y otros como Pinocchio, así como de aquellos filmes en los que mezclaba imagen real con animación, como Mary Poppins. Pero también podemos encontrar rastros de títulos contemporáneos, más cercanos a la estética gótica, como las fantasías retrofuturistas que crearan Jean Pierre Jeunet y Marc Caró en Delicatessen y Le cité des enfants perdus. Todo ello mezclado con la inevitable pirotecnia de producciones más recientes que nos pueden remitir a la saga de Harry Potter.

Aunque no puedo decir que a The Nutcracker in 3D le falte encanto y entusiasmo por parte de sus creadores, lo cierto es que el conjunto adolece de un argumento algo más sólido y consistente. Si bien no dudo que pueda hacer las delicias de los más pequeños, el resto de los espectadores van a encontrarse con una obra que va perdiendo fuelle a medida que avanza la acción. Ni siquiera el encanto de Elle Fanning, que rodara la película el mismo año que afrontara el rodaje de Somewhere (2010, Sofia Coppola), no es suficiente para captar toda la atención del espectador. Debo resaltar que la joven actriz tiene la capacidad de retraerse de todo el magnetismo que desprendía sus personaje de la otra propuesta, mucho más carismático que el que aquí interpreta, que parece una niña bastante más infantil, acorde con el público al que va dirigida la película.

The Nutcracker se nutre, además, de un interesante reparto que integra a Nathan Lane, John Turturro, Richard E. Grant o Frances de la Tour -que también estaba en algunas entrega de Harry Potter-, que aunque se desenvuelven a la perfección en esta tesitura infantil, no llegan a paliar las carencias del guión que el propio Konchalovsky desarrolla con Paul Lowin, colaborador de filmes previos como su adaptación televisiva de The Odyssey, así como de alguno de sus recientes filmes en Rusia.

La contradicción surge en el momento en que se constata que el discurso incluye también al público adulto, dado que si desde un principio se asume que el público más joven captará sin ningún problema el código mágico y fantástico que se propone, pareciera que a través de los personajes adultos se demandara un esfuerzo similar a los niños. Y ahí es donde considero que falla estrepitosamente la película. Aunque indudablemente pueda perderse la espectacularidad del 3D, quizás sea más aconsejable esperar a la edición doméstica de The Nutcracker, siempre que no quieras echarte una siesta en el cine.

Publicado originalmente en EXTRACINE