lunes, 27 de septiembre de 2010

La trampa del mal


Título original: Devil
Año: 2010
País: EE.UU.

Dirección: John Erick Dowdle
Guión: Brian Nelson, basado en una idea de M. Night Shyamalan
Producción: Sam Mercer & M. Night Shyamalan
Fotografía: Tak Fujimoto
Música: Fernando Velázquez
Montaje: Elliot Greenberg
Vestuario: Erin Benach
Reparto: Chris Messina, Logan Marshall-Green, Jenny O'Hara, Bojana Novakovic, Bokeem Woodbine, Geoffrey Arend, Jacob Vargas, Matt Craven, Caroline Dhavernas, Joe Cobden, Zoie Palmer, Vincent Laresca, Rudy Webb, Craig Eldridge, Robert Lee, Genadijs Dolganovs, Joe Pingue, Michael Rhoades, Kelly Jones, Lee Oliveira, Jonathan Potts, Alice Poon, Stacy Chbosky, Jay Hunter...

el mundo al revés

Últimamente se está hablando mucho de que el mejor cine se hace en la actualidad para la pequeña pantalla, en forma de series de televisión. Debe ser verdad porque parece que ahora se han decidido a hacer televisión para cine, o al menos es lo que me parece Devil, un episodio de una serie estrenado en cine. No en vano, parece que constituye el primer episodio de una serie, perdón trilogía, que han denominado The Night Chronicles trilogy y que ya tiene secuela.
Las expectativas que pudiera haber creado el tráiler se diluyen en la secuencia de inicio, que ya constituye todo un jarro de agua fría pues los planos invertidos de Nueva York, articulados con una simple función estética, pues no llegan a crear inquietud ni desasosiego, con una música impresionista en línea con la que se utiliza en filmes magistrales como El exorcista (The Exorcist, 1973, William Friedkin) o El resplandor (The Shining, 1980, Stanley Kubrick), no bastan para que se nos pongan los pelos de punta. Tan sólo para que sepamos que debe(ría)mos tener miedo. Cosa que no.
La presentación de la situación y los personajes se parece demasiado a cualquier episodio de The Twilight Zone como para infundir miedo o temor, por lo que es difícil entrar en una realidad en la que van a suceder cosas inexplicables, con lo que ya, de entrada, el espectador se espera cualquier giro espectacular para captar su atención. Cosa que no sucede. Lo que no me esperaba es que encima pretendieran que hicieran gracia los, supuestos, gags y diálogos previsibles y estereotipados de cualquier película de serie B.
Encima estamos en una de esas películas que atentan contra la inteligencia del espectador incluyendo un narrador que nos explica todo lo que va a ir sucediendo, desde la A a la Z, por lo que ni siquiera puedo criticar la película de predecible, porque realmente Brian Nelson ---guionista demagogo donde los haya como demostrara con Hard Candy (2005, David Slade)---, quería que fuera así. Quizás podría criticarle por destriparnos la película antes de que sucedan los hechos, porque no estamos hablando ni de flashforward, ni de ironía dramática.
El estereotipo de los personajes —-de los cuales el más insultante (por extremadamente obvio) llega a ser Ramirez (Jacob Vargas), que reúne todas las convenciones, habidas y por haber, de la imagen que el estadounidense medio debe tener de un hispano—-, no son nada comparados con la burda manera de enlazar la historia del mecánico (Logan Marshall-Green) y la del detective Bowden (Chris Messina).
Tan sólo mencionar el buen gusto a la hora de escoger colaboradores como el director de fotografía Tak Fujimoto, que colaborara en algunos de los títulos dirigidos por el propio M. Night Shyamalan como El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999), Señales (Signs, 2002) o El incidente (The Happening,2008), además de la magnífica El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991, Jonathan Demme), entre otras.
Comentar, más que destacar, la presencia de Fernando Velázquez en la composición de la banda sonora, esa que es tan como de avisar de la presencia del mal. Resulta curioso, más que nada por la posible influencia de esas películas españolas que triunfan en el mercado internacional para asombro de más de uno —-entre los que me incluyo—-, como fuera El orfanato (2007, Juan Antonio Bayona), de la que también compusiera su partitura.
Destacar que aunque el producto está presentado con un cierto toque de elegancia por parte de su director, John Erick Dowdle—-director de Quarantine (2008), el remake de otra película española, [Rec] (2007, Jaume Balagueró & Paco PLaza), al final va a resultar que la influencia española es nefasta—-, su discurso resulta tan descaradamente moralista, desde la ausencia de ética y la absoluta carencia de fe en los temas que precisamente predica, que no permite que se llegue a conectar con el relato.
Ni siquiera hace falta compararlo con otros trabajos de M. Night Shyamalan para intentar dilucidar si la influencia del cineasta de lo religioso (más que místico) es positiva o negativa. Pudiéramos pensar que aparte de las decisiones que tome como productor de la película, sólo aporta la idea original sobre la que se desarrolla el texto. Pero si nos fijamos en la frase publicitaria de la película, “Todo pasa por una razón”, podremos escuchar el eco de los vasos de agua que llenaba la niña de Signs.

Publicado originalmente en EXTRACINE