martes, 21 de septiembre de 2010

Accidents happen


Título original: Accidents Happen
Año: 2009
País: Australia & Reino Unido

Dirección: Andrew Lancaster
Guión: Brian Carbee
Producción: Anthony Anderson
Fotografía: Ben Nott
Música: Anthony Partos
Montaje: Ferry Barden & Anouska Zarkesh
Diseño de Producción: Elizabeth Mary Moore
Dirección Artística: Angus MacDonald
Decorados: Richard Jensen
Vestuario: Nina Edwards & Ruth Myers
Reparto: Geena Davis, Harrison Gilbertson, Harry Cook, Joel Tobeck, Karl Beattie, Viva Bianca, Lachlan Campbell, Flynn Colby, Hitler Coppin, Joshua Denyer, Sebastian Gregory, Morgan Griffin, Peter Lamb, Ivy Latimer, Rebecca Massey, Nathan Page, Troy Planet, wendy Playfaie, Katrina Retallick, Eric Thomson, Sarah Woods...

los accidentes pasan, los milagros no

Hay películas que tardan en llegar a la cartelera desde que se estrenan en su país de origen, unas veces te preguntas porqué, pero otras veces acabas deseando que no las hubieran estrenado nuca. Es el caso de Accidents Happen, que todo lo que promete en su tráiler, defrauda a los cinco minutos.


El máximo atractivo de la película reside en su secuencia inicial, un divertido homenaje en forma, que no en fondo, a la primera secuencia de la obra maestra de David Lynch, Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), pero que terminado el homenaje más les hubiera valido haber terminado también la película, pues no cuenta absolutamente nada más. Quizás Andrew Lancaster, director de la cinta, y Brian Carbee, guionista de la misma, debieran haber hecho un cortometraje, como In Search of Mike, que hicieran juntos nueve años antes.

Accidents Happen es la historia de una familia con un hijo, una hija y dos gemelos, que se desmorona la noche que tienen un accidente de coche en el que fallece la hija y uno de los gemelos se queda en coma. La insoportable y manipuladora Gloria Conway (Geena Davis), la madre yo-lo-hago-todo-bien-tu-tienes-la-culpa-de-todo, incapaz de digerir lo que le ha sucedido, se dedica a amargar la existencia de los demás, incluyendo la suya, teniendo como único apoyo a su hijo menor Billy (Harrison Gilbertson), quien cree es el causante de todos los accidentes que suceden en la película.

Es difícil concretar el tema de la película, al que sólo se puede llegar por deducción, en un guión que parece buscar desesperadamente situaciones impactantes que puedan impresionar al público, aunque sean inverosímiles. A esto se añade la deliberada manipulación de la que hace gala Brian Carbee, que al igual que hace el personaje de Geena Davis, se encarga de indicar si el personaje nos tiene que caer bien o mal, antes incluso de mostrarlo.

Igualmente, la artificialidad estética de la que hace gala el australiano Andrew Lancaster, a base de eternos planos al ralentí —-pudieran ser precedentes de los de Origen (Inception, 2010, Christopher Nolan), pues también se produce un accidente de coches con cristales, y también hay momento agua—-, no hace más que enturbiar las relaciones de los personajes para hacerlas menos creíbles, terminando por ofrecer un bello catálogo de imágenes tan impresionantes como emocionalmente huecas.

No puedo destacar ninguna interpretación pues cada uno de los integrantes del reparto se las ve y desea para hacer creíbles sus personaje, teniendo más credibilidad los adolescentes que los adultos. Quizás podría destacar lo contrario, la nefasta y superficial interpretación de Genna Davis yo-soy-estupenda-tú-no-vales-nada que consigue que no nos olvidemos en ningún momento de que ella no es una actriz, sino una estrella. La estrella sin brillo se empeña en dejar al resto del reparto en la humilde tesitura de los actores y actrices que tienen que interpretar un personaje, cosa que ella no está dispuesta a hacer, limitándose a ofrecer una comedida variedad de gestos, poses y amaneramientos que hacen imposible su credibilidad en ningún momento. Ni me creo que sea Gloria Conway, ni que sea ama de casa, ni que esté casada, ni que tenga hijos, mucho menos que los quiera, ni que no pueda superar sus traumas, ni que le guste su nuevo pretendiente, ni que juegue al bingo…

El despropósito de la película es tal que el tiempo en el que se desarrolla no tiene importancia y mucho menos el espacio, y es que me pierdo a lo largo del desarrollo de la acción. Parece que estamos en Canadá más que en los Estados Unidos ¿o estamos en Australia? Sé que no estamos en Europa por los coches, las casas con jardín y porque juegan al béisbol, aunque la película esté poseída por un espíritu europeo. Igual han mencionado el sitio, pero es que sinceramente cariño, me importa un bledo.

Publicado originalmente en EXTRACINE