domingo, 26 de septiembre de 2010

El americano

Título original: The American
Año: 2010
País: EE.UU.


Dirección: Anton Corbijn
Guión: Rowan Joffe, basado en una novela de Martin Booth
Producción: Amme Carey, George Clooney, Jill Green, grant Heslov & Ann Wingate
Fotografía: Martin Ruhe
Música: Herbert Grönemeyer
Montaje: Andrew Hulme
Diseño de producción: Mark Digby
Dirección artística: Denis Schnegg & Mikael Varhelyi
Decorados: Michelle Day
Vestuario: Suttirat Anne Larlarb
Reparto: George Clooney, Irina Björklund, Lars Hjelm, Johan Leysen, Paolo Bonacelli, Giorgio Gobbi, Silvana Bosi, Thekla Reuten, Guido Palliggiano, Samuli Vauramo, Antonio Rampino, Violante Placido, Filippo Timi, Ilaria Cramerotti, Angelica Novak, Isabelle Adriani, Raffaelle Serao, Anna Foglietta, Sandro Dori...

entre el café con leche y el café americano

La segunda película como director de Anton Corbijn, The American, es un interesante ejercicio de estilo que, aunque incluye una espléndida interpretación de George Clooney, no llega a ofrecer todo lo que promete en su tráiler, aunque por muy muy poco.


La sencillez de la primera secuencia de la película no deja lugar a dudas, no estamos ante el típico producto de acción made in Hollywood que se centra en la acción de unos personajes estereotipados, sino ante un filme intimista en el que lo importante son los personajes.

Ya su director se ha encargado de aclarar en la promoción de la película que se considera un director europeo, algo que queda bastante evidente en la metonimia con la que titula su película y con algunas de las acciones de su protagonista, que delatan una leve crítica al americano medio (estadounidense) que rara vez conoce algo del lugar al que viaja, cuando viaja.

Este cariz europeo, el intimismo y la ausencia de diálogos, no quiere decir que estemos ante una película aburrida y lenta. Si hay algo que sabe utilizar Anton Corbijn con efectividad, además de su fascinante capacidad para colocar la cámara —-apelando siempre a la psicología del plano, no sólo a su estética—- y conseguir un aspecto visual impecable e impactante, es su habilidad para utilizar las elipsis, que unido a una estructura inductiva que nos impide predecir lo que va a suceder —-salvo en la parte final—-, le ayuda a construir un interesante thriller intimista.

Fiel a sí mismo, como ya hiciera cuando se dedicara a la realización de videoclips, Anton Corbijn recurre a sus propios motivos y referencias para dotar de mística y profundidad a sus personajes, Jack finge ser fotógrafo —-primer oficio del director—-, se hace amigo del párroco del pueblo —-el propio padre del director es pastor—- y comienza una relación sentimental con una prostituta —-un oficio que en Holanda, país de origen de Corbijn, no se practica en la clandestinidad, sino completamente integrado en la sociedad.

También hace evidentes sus fuentes, particularmente las que vienen de los spaghetti western de Sergio Leone, incluyendo una secuencia de Érase una vez en el Oeste (
C'era una volta il West -Once Upon a Time in the West, 1968, Sergio Leone) dentro de la película. Pocas dudas puede haber de la influencia de otros cineastas europeos como el existencialismo de Michelangelo Antonioni o el cine polar de Jean-Pierre Melville.

George Clooney demuestra que, si alguna vez se le hubiera acusado de mostrarse liviano y superficial, debe haber sido sólo cuando se le hace trabajar en productos igual de superficiales, porque lo que es en The American, no sólo es capaz de llevar el peso de la película con sobrada soltura, sino que consigue que penetremos en la mente de su personaje, llegando a percibir con toda claridad su angustia existencial sin la necesidad ni de una voice over explicativa, ni de unos diálogos que aclaren y guíen nuestro camino.

Entonces, ¿cuál es el problema? Dirá alguno. El problema no lo voy a revelar, pues llega con el final de la película y sólo es el final, que quizás sea un poco descafeinado, no por la resolución, que me parece perfectamente adecuada, sino por una leve precipitación. Quizás sea la falta de anticipación al haber tardado en presentar algún personaje o no haberle dado más importancia. Pura especulación. El caso es que el final tiene el mismo sabor que el café que toma Jack en la película: un americano, largo y con mucho agua, que si fuese más el aroma del principio que del final igual no tendría mayor problema. Más vale un mal principio con un buen final que lo contrario. En cualquier caso, no quita para que se pueda disfrutar plenamente de la película.

Publicado originalmente en EXTRACINE