viernes, 30 de noviembre de 2012

Holy Motors


Título original: Holy Motors
Año: 2012
País: Francia & Alemania

Dirección: Leos Carax
Guión: Leos Carax
Producción: Martine Marignac, Albert Prévost & Maurice Tinchant  
Fotografía: Yves Cape & Caroline Champetier
Montaje: Nelly Quettier 
Diseño de producción: Florian Sanson 
Dirección artística: Emmanuelle Cuillery
Vestuario: Anaïs Romand
Reparto: Denis Lavant, Edith Scob, Eva Mendes, Kylie Minogue, Elise Lhomeau, Jeanne Disson, Michel Piccoli, Leos Carax, Nastya Golubeva Carax, Reda Oumouzoune, Zlata, Geoffrey Carey, Annabelle Dexter-Jones, Elise Caron, Corinne Yam, Julien Prévost, Ahcène Nini, Laurent Lacotte, David Stanley Phillips, Matthew Gledhill, Hanako Danjo, Big John, Pierre Marcoux, Bastien Bertini, Elliot Simon, Quentin Auvray, Doctor L. Bertrand Cantat, Alexandre Leitao, David Nzavotunga Kiala, Johann Riche, Clément Robin, Yao Dembele, Yves Abadi, Miguel Saboga, Grégoire Simon, VIviane Arnoux, Hugo Boulesteix, Eloi Miehe, Michel Delahaye, Leslie Palanker, Camille Rutherford, Adrien Guitton, Johanna Nizard, Kester Lovelace, Sonia Brahim, Aurélia Jurca, William Blair, Alejandro Moreau Garriga, Zara Broughton… 

entre el existencialismo absurdo y el dadaísmo abstracto

Sin conseguir arrancar poco más que asombro y perplejidad en el festival de Cannes, el cineasta Leos Carax, arrasaba en el pasado festival de Sitges con Holy Motors, alzándose con el premio a la mejor película y el mejor director, además del premio de la crítica y otras menciones. Si en algunas ocasiones un premio puede resultar contraproducente para una película, por las altas expectativas creadas, debo advertir que, en el caso de esta peculiar obra, algún que otro espectador corre el riesgo de llevarse un supino disgusto. Por mucho que a algunos les pueda parecer atractivo un título del director de Mauvais sang, Les amants du Pont-Neuf y Pola X, en cuyo reparto intervienen figuras internacionales como Eva Mendes o Kylie Minogue, debo advertirles que decir que se trata de una obra arriesgada y peculiar es quedarme corto. Muy corto.

Sin opción al término medio, Leos Carax se sirve de uno de sus actores fetiche, Denis Lavant, para crear una obra absolutamente críptica y abstracta que algunos encontrarán fascinante, pero que (muchos) otros odiarán irremediablemente. El ser humano como actor que vive y experimenta diferentes vidas en una sola. Padre, marido, vagabundo, monstruo, amante, asesino y hasta dibujo animado en un viaje que comenzó con la evolución y termina, irremediablemente, con la muerte. Vidas llenas de dudas e incertidumbre que nunca encuentran respuesta y que abocan al ser humano a sensaciones tan familiares como el vacío, la soledad y el ostracismo interior. Hasta a mi me parece interesante expresado de esta manera. Sin embargo, y a pesar de una primera secuencia muy prometedora, a medida que avanzamos de la mano del protagonista en este periplo en limusina a lo largo de un intenso día, se van diluyendo las expectativas para enfrentarnos con la decepción, la indiferencia y el más completo aburrimiento.

Siguiendo la filosofía de la película, que defiende que la belleza no está en el objeto, sino en la persona que lo mira, resulta obvio que es mi mirada la que carece de belleza. Pero si soy capaz de apreciar el esfuerzo de Leos Carax por conseguir su objetivo en determinados momentos, como la secuencia de la captura de movimiento con ese insólito acto sexual, la interesante la conversación entre el padre que recoge a su hija después de una fiesta, el crimen simétrico -por llamarlo de alguna manera- o la secuencia del moribundo, es él quien no consigue mantener ese mismo tono durante toda la película. Da la impresión de que su propósito no era tanto crear una obra intelectual que forzara la reflexión, sino conseguir un filme sensorial que consiguiera arrastrar al espectador por un torbellino de emociones (por su puesto, a la manera Lynch). Pero momentos más grotescos que excéntricos, como el capítulo de la bella y la bestia, el momento musical o la ridícula secuencia final, terminar por destrozar una atmósfera que nunca consigue llegar a cuajar y que se diluye en el cambio de una vida a la otra.

Cierto es que Lavant defiende con uñas y dientes su(s) personaje. Pero también es verdad que no es tal personaje, sino una especie de conductor vacío y carente de personalidad que se quita un disfraz para meterse dentro de otro. Una composición quizás válida para un espectáculo en vivo, como si de un performance se tratara, pero que atrapado dentro de la pantalla se vuelve una experiencia artificial y sintética. Como el maquillaje que se quita y se pone para pasar de una vida a la otra. Al contrario, encuentro mucho más sólida la aportación de Edith Scob, que como chófer de personalidad única e invariable, sí parece conseguir una cierta empatía con el espectador. La que no parece encontrarse muy cómoda es Eva Mendes, que parece se limita a realizar los movimientos marcados, al contrario que Kylie Minogue, que sí consigue transmitir toda la tristeza y melancolía de la que adolece su personaje.

En definitiva, una obra desigual que arrebatará a algunos, pero que lo más probable es que consiga sacar de sus casillas a aquellos incautos que se metan en el cine sin saber con certeza lo que van a ver, como le sucedió a un servidor, a pesar incluso de que sí sabía los peligros a los que me iba a exponer y a los que estaba deseando enfrentarme. Quizás si la viera otra vez me diera cuenta de que es una película dadaísta, pero voy a esperar a entrar en otra vida para revisarla.

Publicado originalmente en EXTRACINE