domingo, 14 de octubre de 2012

Una botella en el mar de Gaza


Título original: Une bouteille à la mer
Año: 2011
País: Francia, Israel y Canadá

Dirección: Thierry Binisti
Guión: Thierry Binisti & Valérie Zenatti
Producción: Anne-Marie Gélinas, Amir Harel, Ayelet Kait, Miléna Poylo & Gilles Sacuto  
Fotografía: Laurent Brunet
Montaje: Jean-Pual Husson 
Vestuario: Hamada Atallah
Reparto: Agathe Bonitzer, Mahmud Shalaby, Hiam Abbass, Riff Cohen, Abraham Belaga, Jean-Philippe Écoffey, Smadi Wolfman, Salim Dau, Loai Nofi, François Loriquet, Abdallah El Akal, Max Oleartchik… 

el individuo ahogado en el mar de la soledad

Es posible que la carrera del cineasta francés, Thierry Binisti, se haya desarrollado principalmente a través de la televisión, después de haber trabajado como ayudante de dirección para Régis Wargnier o Diane Kurys, pero tiene la habilidad necesaria para retomar el lenguaje cinematográfico sin desaprovechar en absoluto el tono emocional característico de una TV-Movie. El que es su segundo largometraje, Une bouteille à la mer, comienza de una manera muy sencilla, y casi previsible, para convertirse en una emotiva película en la que lo más importante son todos los beneficios que te puede aportar escuchar verdaderamente al otro, pero no como parte de un colectivo, de una sociedad concreta, sino de manera individual, como una persona.

Como dicen muchas veces los propios protagonistas de la película, el problema entre judíos y palestinos es muy complicado. Tal y Naïm tendrán sus rifirrafes de vez en cuando, como consecuencia de las convenciones que lacran las relaciones entre los dos pueblos. Pero como ambos proclaman también en algún momento, no es culpa directa de ninguno de ellos, aunque les afecte emocionalmente. Sólo cuando comienzan a escuchar verdaderamente al otro, empiezan a entenderse, aprendiendo a distanciarse de sus respectivas realidades para tratar de construir una nueva. Es como si vinieran a aducir que la sociedad les ha puesto donde están, pero individualmente pueden luchar por mejorar su situación.

Es de agradecer que en el camino, ni se pierda en el romanticismo epistolar (electrónico), ni abuse de la demonización de uno y otro lado, ni permita que la guerra se apodere del relato. Cierto es que algunas situaciones podrían parecer ingenuas pero, en cualquier caso, el cineasta no pretende hacer una película didáctica ni moralizante, por lo que concluye con un final abierto que deja abiertas múltiples posibilidades. Curiosamente, pareciera que hubiera una analogía entre las respectivas carreras de los dos protagonistas que defienden a la perfección sus respectivos personajes. Si Agathe Bonitzer ya viene desarrollando su carrera desde hace una década, con alguna que otra incursión previa a Mahmud Shalaby se le abre un camino lleno de posibilidades después de la que es sus segunda película, después de participar en Jaffa (2009, Keren Yedaya). Mención aparte merece la presencia de la actriz israelí Hiam Abbass, que curiosamente hace de palestina y que ya se había dejado ver en producciones como La fuente de las mujeres (La source des femmes, 2011, Radu Mihaileanu), Los límites del control (The Limits of Control, 2009, Jim Jarmusch), The Visitor (2007, Thomas McCarthy) o Munich (2005, Steven Spielberg).

Déjate sorprender por este sencillo relato que conseguirá tanto emocionarte como aterrorizarte, además de obligarte a tomar conciencia, no sobre un problema global, sino por las mil y una penurias que miles de personas pasan individualmente debido a decisiones que tomaron por ellos. Porque lo que dicta la mayoría o los que ostentan el poder, no siempre es bueno para todos, sino para unos pocos.

Publicado originalmente en EXTRACINE