domingo, 14 de octubre de 2012

The deep blue sea


Título original: The Deep Blue Sea
Año: 2011
País: EE.UU. & Reino Unido

Dirección: Terence Davies
Guión: Terence Davies, basado en una obra de Terence Rattigan
Producción: Sean O'Connor & Kate Ogborn  
Fotografía: Florian Hoffmaeister
Música: Samuel Barber
Montaje: David Charap 
Diseño de producción: James Merifield 
Dirección artística: David Hindle & Sarah Pasquali
Decorados: Debbie Wilson
Vestuario: Ruth Myers
Reparto: Ann Mitchell, Jolyon Coy, Karl Johnson, Rachel Weisz, Simon Russell Beale, Tom Hiddleston, Harry Hadden-Paton, Sarah Kants, Oliver Ford Davies, Barbara Jefford, Mark Tandy, Stuart McLoughlin, Nicolas Amer… 

esa pobre, trágica y desdichada mujer infeliz

No se puede negar que The Deep Blue Sea, la película dirigida por Terence Davies incluida en la sección oficial del festival de San Sebastián del año pasado, posee una intensidad que le hace merecedora de una atención especial. Pero dudo realmente que esa fuerza apasionada merezca una mayor consideración. Protagonizada por Rachel Weisz, Tom Hiddleston y Simon Russell Beale, y fotografiada con suprema elegancia y estilo por Florian Hoffmeister, no dudo de la influencia de Edward Hopper en la composición de sus planos, aunque se me antoja mucho más cercana a intentar alcanzar el espíritu de otro triángulo amoroso en una Inglaterra de posguerra como fuera aquella maravillosa película de David Lean, Breve encuentro (Breif Encounter, 1954).
Mientras que en la película de Terence Davies el pasado sólo sirve para entender el conflicto del presente, la de David Lean, no sólo contribuye a que entendamos las decisiones que toman sus protagonistas, sino a ellos mismos. Porque el problema de The Deep Blue Sea no es realmente lo que pasa, sino lo que no sucede. Lo que pasa por la mente de sus protagonistas. Si las acciones y los motivos por los que estos toman sus decisiones parecen perfectamente claros, no lo están en función de la psicología de sus personajes, sino en su intención de crear un melodrama emotivo en torno a su personaje femenino.
Por mucho que nos pueda cautivar la profundidad emocional de Hester Collyer (Rachel Weisz), no deja de ser una de esas personas que parecen gozar, única y exclusivamente, con el sufrimiento. Encuentro de lo más razonable que se niegue a aceptar el amor sincero que le proporciona su marido a cambio de la lujuria con la que le paga un hombre que no corresponde a su amor de la misma manera. Pero mientras el triángulo de Brief Encounter era comprensible, me refiero a que Laura (Celia Johnson) estuviera casada con Fred (Cyril Raymond) y se enamorara de Alec (Trevor Howard), aquí sólo se entiende que Hester se enamore de Freddie (Tom Hiddleston), siendo la único explicación plausible a su matrimonio con William (Simon Russell Beale) el estatus y el nivel social y económico que este le proporciona. Una explicación que no concuerda en absoluto con el espíritu del personaje.
Si puedo entender que Hester se enamore de un patán como Freddie, sinceramente, no puedo comprender que este no se enamore irremediablemente de ella, dada la adorable y exquisita elegancia con que la retrata Rachel Weisz. Su sobrecogedora interpretación es lo mejor de la película, junto con la breve aportación de Ann Mitchell como su casera. Si además utilizas la fabulosa música de Samuel Barber para la banda sonora, es normal que obtengas una obra cautivadora e impactante emocionalmente, pero que no consigue transmitir la autenticidad de sus personajes dejando la misma sensación de vacío y angustia que tienen sus protagonistas, pero por razones diferentes. Personalmente porque no me importa realmente la suerte de ninguno de los personajes. Los tres me parecen igual de papanatas. Una por exceso de autocompasión, otro por su deplorable falta de empatía y el último por la ausencia absoluta de dignidad.
Publicado originalmente en EXTRACINE