miércoles, 10 de octubre de 2012

El Skylab


Título original: Le Skylab
Año: 2011
País: Francia

Dirección: Julie Delpy
Guión: Julie Delpy
Producción: Michael Gentile  
Fotografía: Lubomir Bakchev
Montaje: Isabelle Devinck 
Diseño de producción: Yves Fournier 
Decorados: Philippe Cord'homme
Vestuario: Pierre-Yves Gayraud
Reparto: Lu Alvarez, Julie Delpy, Eric Elmosnino, Aure Atika, Noémie Lvovsky, Bernadette Lafont, Emmanuelle Riva, Vicent Lacoste, Marc Ruchmann, Sophie Quinton, Valérie Bonneton, Denis Ménochet, Jean-Louis Coullo'ch, Michelle Goddet, Luc Bernard, Albert Delpy, Candide Sanchez, Lily Savey, Chloé Antoni, Maxime Julliand, Félicien Moquet, Antoine Yvard, Anne-Charlotte Moquet, Angelo Souny, Léo Michel-Freundlich, Noah Huntley, Karin Viard, Roland Menou, Julian Blight, Christian Erickson, Paul Bandey, Jérôme Chappatte, Lee Delong, Lisa Jacobs, Franck Mercadal, Hélène Milano, Aramis Bakchev-Arcé… 

celebrando la imperfección de la familia

Mucho más conocida por su labor delante de la cámara, la actriz Julie Delpy ha desarrollado en la última década una interesante trayectoria como guionista y directora. Con Le Skylab fue reconocida con el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián de 2011. Se trata de una sencilla comedia familiar en la que, a través de una jornada en la que celebran el cumpleaños de su madre y que transcurre con la amenaza de que pueda caer sobre ellos un satélite, permite que afloren las afinidades y conflictos de cualquier familia que se precie. Cargada de recuerdos personales de la propia directora, que escribe también el guión, lejos de ser una crítica a la institución familiar, pareciera una celebración de la imperfección como el mejor camino para llegar a la madurez.

Con sólo nueve años, Albertine (Lu Alvarez) -que vendría a ser Delpy de pequeña- ha visto películas como El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1979, Volker Schlöndorf) o Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola), pero no se ha vuelto una psicópata violenta. Igual que sus primos, es consciente de que van a comerse un cerdo que han matado en casa, pero no por ello se traumatiza volviéndose vegetariana. Padres y tíos se enzarzan en fuertes discusiones políticas, pero eso no hace que desaparezca entre ellos el cariño y la comprensión. Ella misma se pelea con su prima porque su padre le ha regalado un vestido como el que le regaló a ella en su cumpleaños, aunque de otro color, pero no por eso dejan de jugar juntas. Incluso se lleva su primera decepción sentimental, que lo más probable es que le haga más fuerte de cara a la siguiente.

La reflexión a la que he llegado sólo es posible porque el relato parte desde el presente, en el que vemos a Albertine (Karin Viard) de adulta, ya con su propia familia, que se intuyen viajan al mismo lugar de Bretaña. Precisamente será un pequeño conflicto lo que nos permita comprobar que, a los ojos de los demás, forman la familia perfecta, aunque como cualquier otra, no lo sea.

Julie Delpy permite que toda la fuerza de su discurso caiga en sus personajes, dejando que la cámara se centre siempre y en todo momento en ellos, sin buscar la complacencia estética o el estilo visual. Probablemente por eso se rodea de un fabuloso reparto en el que se integran dos actrices como Bernadette Lafont y Emmanuelle Riva, que fueran referente de la nouvelle vague. La primera por su participación en El bello Sergio (Le beau Serge (El bello Sergio, 1958), la película de Claude Chabrol, y la segunda por la suya en Hiroshima mon amor (1959), la maravillosa película de Alain Resnais.

Alusiones simbólicas, porque tanto el discurso de la película, como su aproximación visual se aleja de las premisas del movimiento, o al menos no trata de emularlo. Aunque sí utiliza a las actrices como referentes culturales que son, de la misma manera que para la madre de Lu es importante mayo del 68, para sus tíos la guerra de Argelia o para sus abuelas lo fueran otras. Porque si en el nivel infantil esta experiencia puede marcar su personalidad de cara al futuro, otras experiencias fueron las que forjaron las de sus padres, haciéndoles como son hoy en día y volcando en sus descendientes sus propios traumas y conflictos.

Quizás algunos momentos de la primera parte de la película transcurran con cierta lentitud, así como se descuide la verosimilitud en lo que respecta a los repentinos chaparrones que empapan todo el escenario, apareciendo completamente seco en el preciso momento en que vuelve a lucir el sol. Pero tampoco hay que olvidar que estamos dentro de un recuerdo. Seguramente por eso da la impresión de que, en ocasiones, todo parece un falso decorado que no busca plasmar la realidad, sino aunar de manera simbólica en un fin de semana, ese conjunto de experiencias que influirán en la personalidad de Lu. Una pequeña comedia que, si puede servir como ejercicio de retrospección para el espectador -particularmente con aquel que coincida en edad con la directora, como un servidor-, también permitirá pasar un rato de lo más agradable.

Publicado originalmente en EXTRACINE