miércoles, 10 de octubre de 2012

Mátalos suavemente


Título original: Killing them softly
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Andrew Dominik
Guión: Andrew Dominik, basado en una novela de George V. Higgins
Producción: Dede Gardener, Anthony Katagas, Brad Pitt, Paula Mae Schwartz & Steve Schwartz  
Fotografía: Greg Fraser
Montaje: John Paul Horstmann & Brian A. Kates 
Diseño de producción: Patricia Norris 
Decorados: Leslie Morales
Vestuario: Patricia Norris
Reparto: Brad Pitt, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, James Gandolfini, Vincent Curatola, Richard Jenkins, Ray Liotta, Trevor Long, Max Casella, Sam Shepard, Slaine, Christopher Berry, Ross Brodar, Julio Castillo, Joe Chrest, Garret Dillahunt, Oscar Gale, Mustafa Harris, Bella Heathcote, Wendy Clarice Jordan, Mark Jr. Tubre, John C. Klein, Shadoe Knight, Raymond Lapino, Cynthia LeBlanc, Elton LeBlanc, David Joseph Martinez, Linara Washington… 

hazlo, te lo pido por favor

Es posible que Andrew Dominik no consiguiera premio en el pasado festival de Cannes con Killing Them Softly, pero no creo que su película vaya a defraudar a nadie. Brad Pitt abandera una magnífica obra repleta de homenajes (que no plagios, aquí sí) a diversos cineastas que han renovado y actualizado las claves del cine de gángsteres, pero traspasando forma y contenido para construir un relato a dos niveles que funciona igual de bien como película de género y como cine político.

En un primer nivel nos encontramos con una sencilla trama en torno al asalto a una timba de póker. La fabulosa construcción de los diálogos, sin duda, nos recordará algunos momentos de Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino), de la misma manera que la propia repetición, tanto en la acción como en sus consecuencias, que hemos presenciado en filmes de idéntica índole y que se hace explícita por los propios personajes, en lugar de proporcionar esa antipática sensación de déjà vu, sirve para imprimir a la obra de una dimensión existencialista que nos remonta a la primera revisión que experimentara el género en los años cuarenta, de mano de un cineasta como John Huston. Si la presencia de Ray Liotta nos remite directamente a Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990, Martin Scorsese), la de James Gandolfino alude a la vuelta de tuerca que supuso para el género la serie de televisión Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007, David Chase).

Pero ninguna de las alusiones es tan impactante ni determinante en la morfología sonora de Killing Them Softly con la que nos remite a David Lynch. El uso de Love Letters, la misma canción que el cineasta de Missoula utilizara en Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) para conferir un doble sentido a la secuencia en la que se escucha, previo cambio semántico explicado por Frank Booth (Dennis Hopper), que no sólo sirve para configurar una secuencia prodigiosamente bella y emotiva, sino para confirmar la doble lectura que se desarrolla a lo largo de toda la propuesta.

Porque en otro nivel, toda la trama de la película está salpicada de alusiones políticas contemporáneas, tanto en vayas publicitarias, como en emisiones radiofónicas y televisivas. Desde la misma secuencia de créditos, hasta la última secuencia de la película, la campaña política que dio la victoria a Barack Obama irá de la mano del ajuste de cuentas para el que se ha contactado a Jackie Cogan. Más que un paralelismo se trata de un comparación que vendría a situar en los mismos términos los tejemanejes que se producen en la vida política, que los que se producen en el mundo del hampa (en algunos países europeos no hacen falta este tipo de comparaciones, basta encender la televisión).

Esto me lleva a determinar que el mensaje manifestado en el título de la película, y al que alude el propio protagonista en un momento determinado, funciona exactamente igual para la escoria que pulula por su trama, como para la que se refugia en la devaluada clase política. Un pensamiento que no va dirigido a ningún lado político en particular, sino a todos, que por la ineficacia de sus políticas, sus asociaciones con los mercados económicos y la vacuidad de sus palabras, han devaluado sus discursos al mismo nivel de aquellos insectos de la secuencia de apertura de Blue Velvet, coronando a Killing Them Softly como una nueva y rotunda propuesta cinematográfica indignada.

La parte visual de la película está fabulosamente bien ensamblada, desde la aterciopelada fotografía de Greig Fraser a la fabulosa aportación de Patricia Norris, tanto en el diseño de producción como en el diseño del vestuario. Pero todavía mucho más excepcional y definitiva resulta la aportación de un espléndido reparto encabezado por Brad Pitt. Sus tête à tête con Richard Jenkins o James Gandolifini son absolutamente excepcionales. Aunque sin duda la mejor aportación es la que ofrece otra pareja, la pareja que interpretan fabulosamente Ben Mendelsohn y Scoot McNairy. Si juntos resultan tan delirantes como patéticos, en sus secuencias por separado consiguen que un servidor se quede con la boca abierta y muriendo lentamente en la butaca, pero de placer.

Publicado originalmente en EXTRACINE