lunes, 23 de julio de 2012

MS1: máxima seguridad


Título original: Lockout
Año: 2012
País: Francia

Dirección: James Mather & Stephen St. Leger
Guión: Luc Besson, Stephen St. Leger & James Mather, según una idea original de Luc Besson
Producción: Marc Libert & Leila Smith  
Fotografía: James Mather
Música: Alexandre Azaria
Montaje: Camile Delamarre & Eamonn Power 
Diseño de producción: Romek Delmata 
Dirección artística: Oliver Hodge & Frank Walsh
Decorados: Malcolm Stone
Vestuario: Olivier Bériot
Reparto: Guy Pearce, Maggie Grace, Vincent Regan, Joseph Gilgun, Lennie James, Peter Stormare, Jacky Ido, Tim Plester, Mark Tanlersley, Anne-Solenne Hatte, Peter Hudson, Nick Hardin, Dan Savier, Damijan Oklopdzic, Bojan Peric, Evan Moses II, Greg De Cuir, Thomas Kelly, Daryl Fidelak, Miodrag Stevanovic, Charles Robertson, Michael Sopko, Yan Dron, Vanja Lazin, Marko Janjic, Stefan Buzurovic, Pete Chaffey, Bojana Bregovic, Milorad Kapor, Jason Ryan, Jovan B. Todorovic, Milana Milunovic, Patrick Cauderlier… 

colmo científico, pero entretenimiento honesto

AA pesar de lo que pueda parecer, Lockout es una muestra de cine francés. No es que sea precisamente aquel tipo de cine galo que rindiera pleitesía al cine de autor tan defendido por los miembros de la nouvelle vague, sino al que encuentra en la imitación del cine de acción estadounidense su mejor baza comercial. Una estrategia que, independientemente de sus resultados artísticos, siempre le ha funcionado muy bien a Luc Besson, tanto cuando ejerce de director, como cuando, como es el caso, lo hace de productor y/o guionista. No me cabe duda de que la original idea que se le ocurrió al director de filmes como Nikita y Léon fue la de mezclar sin ningún escrúpulo filmes de acción del gusto de todos como 1997: rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981, John Carpenter), Jungla de cristal (Die Hard, 1988, John McTiernan) y Alien (1979, Ridley Scott) -¿quizá más Alien 3 (1992, David Fincher)?-, añadiendo una pizca de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977, George Lucas). Contra todo pronóstico, no es que vaya a defenderla como una película estupenda, pero lo cierto es que funciona bastante bien, resultando un producto, cuanto menos, bastante entretenido, que es lo único que prometía.

La honestidad del código que utiliza el tándem formado por los primerizos James Mather y Stephen St. Leger para poner en práctica su propio guión permite que no haya ningún lugar a dudas sobre el tipo de producto que ofrecen, más cerca de la estética del cómic que de la narrativa cinematográfica, como se declara desde la primera secuencia. Al menos en lo que respecta a los parámetros de verosimilitud en los que va a discurrir, porque no tienen ningún escrúpulo en distanciarse de la realidad, permitiendo que se disfrute del espectáculo sin problemas de coherencia. Dentro de este contexto, no sólo se agradecen las estupendas dosis de humor que proporciona, sobre todo, el personaje interpretado por Guy Pearce, Snow, sino que le vienen como anillo al dedo, siendo el complemento perfecto para relajar los momentos de tensión.

Al establecerse desde un primer momento este código completamente ausente y distante de la realidad, no podemos pedir una gran responsabilidad en todo lo que respecta a las secuencias desarrolladas en el espacio exterior. Ninguna. En la estación espacial que sirve como prisión en donde se desarrolla toda la trama principal que, una vez se resuelve, decae peligrosamente al volver la atención sobre una trama secundaria cogida con pinzas y que sólo sirve para abrir y cerrar la película. Al menos la resuelven con celeridad, evitando que la decepción llegue a palabras mayores. Si acaso lamentar que la banda sonora de la película sea tan estereotipada como sus personajes, mermando las posibilidades del producto.

Si Guy Pearce nunca ha sido santo de mi devoción, debo admitir que consigue captar a la perfección la ironía de la que hace gala su personaje, alcanzando el que debería ser su registro natural, al menos desde mi punto de vista. No puedo decir lo mismo de Maggie Grace, un poco forzada en los momentos en que tienen que ser sencillamente natural, y demasiado preocupada en parecerse a Angelina Jolie cuando se entrega de lleno al mismo registro que su compañero de reparto. Tampoco es que Peter Stormare sea el colmo de la interpretación, pero se ciñe a lo que se espera de su personaje y en los mismos parámetros de exigencia de un producto de estas características. Si no le pides más te lo pasaras muy bien, pero si quieres algo más, mejor no te molestes.

Publicado originalmente en EXTRACINE