miércoles, 4 de julio de 2012

La sombra de la traición


Título original: The Double
Año: 2011
País: EE.UU.

Dirección: Michael Brandt
Guión: Michael Brandt & Derek Haas
Producción: Patrick Aiello, Ashok Amritraj, Andrew Deane & Derek Haas  
Fotografía: Jeffrey L. Kimball
Música: John Debney
Montaje: Steve Mirkovich 
Diseño de producción: Giles Masters 
Dirección artística: Caty Maxey
Decorados: Erin Boyd
Vestuario: Aggie Guerard Rodgers
Reparto: Richard Gere, Topher Grace, Martin Sheen, Tamer Hassan, Stephen Moyer, Chris Marquette, Odette Annable, Stana Katic, Yuri Sardarov, Ivan Fedorov, Ed Kely, Jeffrey Pierce, Lawrence Gilliard Jr., Mike Karft, Andy Manning, Randy Flagler, Ella Maltby, Dan Lernieux, Maxfield Lund, Jimmy Ortega, Darcy Leutzinger, Ele Bardha, Nina Kircher, Devin Scillian, Jimmy Rhoades, Hugh Maguire, Jamie Ridge, Sonja Crosby, Nicole Forester, David Shackelford, Isaac Ellis, matt McColm, Frank Fileti… 

acción obvia, suspense nulo

No es lo mismo escribir para otros, o mejor dicho, escribir un guión para otros que para dirigir uno mismo. Aunque cuentes con la ayuda de tu colega, Derek Haas, con el que has escrito los guiones de A todo gas (2 Fast 2 Furious, 2003, John Singleton), El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007, James Mangold) o Wanted (2008, Timur Bekmambetov). Más que nada porque el principal defecto de La sombra de la traición es que deja traslucir excesivamente desde la primera secuencia que a su director, Michael Brandt, no le importa ni le interesan tanto la historia que cuenta, como los personajes que la desarrollan. Su empeño por conseguir un producto emocionante e imprevisible que genere acción y suspense a raudales, acaba traicionado por la ingenuidad de pensar que el público no se va a dar cuenta de la artificialidad de una propuesta que, de tan rebuscada que se presenta, acaba siendo total y absolutamente previsible.

No voy a dedicarme a desgranar cuales son esos giros absurdos que en lugar de despistar dirigen la atención sobre lo que tratan de enmascarar, dejaré que cada uno los descubra por sí mismo. Tan sólo les advierto que a los quince minutos de proyección uno ya sabe, o es capaz de barajar, todas y cada una de las opciones por las que discurrirá la trama de la película. Lo peor de todo no es eso, sino que en oposición a otros thrillers recientes, como Safe, en la que se dejaba traslucir la influencia que los acontecimientos mundiales provocados por la crisis y la indignación general están dejando en la sensibilidad de la sociedad, The Double pasa olímpicamente de ellos colocándose en un tono distante y casi absurdo que imposibilita que la apuesta tenga la más mínima credibilidad.

No ayuda en absoluto la banda sonora compuesta por John Debney -responsable de las partituras de bodrios como Hannah Montana: The Movie, Valentine’s Day, Iron Man 2, Predators, Yogi Bear, No strings Attached, The Change-UpDream House o New Year’s Eve-, que parece más un intento de emular las atmósferas de los videoclips de Massive Attack, que de dotar a la película de una banda sonora coherente y en sintonía argumento y personajes. Lo que termina por alejar a cualquier espectador que, como un servidor, siempre esté más interesado en que le cuenten una historia, que en que le entretengan con adrenalina inyectada a la fuerza.

Si por un lado se aprecia el esfuerzo de Richard Gere por dotar de credibilidad a su personaje, tampoco es que consiga parecer tan inteligente como se supone que es. Si en muchos momentos de la película uno se pregunta si el guión no estaría originalmente escrito para Harrison Ford, desde luego no ayuda en absoluto tener como antagonista un personaje interpretado por un actor tan torpe como Topher Grace. No sólo porque lo haga fatal, sino porque resultan incomprensibles los motivos por los que no es eliminado al momento por el villano de la película (que no quiero revelar aunque florece en la primera media hora de la película, para los que no se hayan dado cuenta a los quince minutos).

Quizás los productores de la película creyeron que incluyendo en el reparto de The Double a Martin Sheen iban a conseguir algo de la fuerza de una película como Infiltrados (The Departed, 2006, Martin Scorsese) con la que tiene muchos puntos en común, pero a la vista está que no ha sido así. Si acaso resaltar la breve intervención de Stephen Moyer, que junto a Sheen, son los únicos que aportan lo que sus respectivos personajes necesitan y de lo que carece en absoluto toda la película, que acaba siendo cualquier cosa menos simplemente entretenida.

Publicado originalmente en EXTRACINE