sábado, 27 de noviembre de 2010

Chloe

Título original: Chloe
Año: 2009
País: EE.UU., Canada & Francia


Dirección: Atom Egoyan
Guión: Erin Cressida Wilson, basado en el guión de Anne Fontaine para la película Nathalie
Producción: Jeffrey Clifford, Joe Medjuck, Ivan Reitman, Simone Urdl & Jennifer Weiss
Fotografía: Paul Sarossy
Música: Mychael Danna
Montaje: Susan Shipton
Diseño de producción: Philip Barker
Decorados: Jim Lambie
Vestuario: Debra Hanson
Reparto: Julianne Moore, Liam Neeson, Max Thieriot, R.H. Thomson, Nina Dobrev, Mishu Vellani, Julie Khaner, Laura DeCarteret, Natalie Lisinska, Tiffany Lyndall-Knight, Meghan Heffern, Tamsen McDonough, Kathryn Kriitmaa, Arlene Duncan, Adam Waxman, Krysta Carter, Severn Thompson, Sarah Casselman, Milton Barnes, Dacid Barnes, David Reale, Kathy Maloney, Kyla Tingley, Sean Orr, Paul Essiembre, Rod Wilson, Riley Jones, David Gustav Fraser…



la insoportable levedad de Chloe

Chloe, la última película de Atom Egoyan y la primera integrada dentro de la industria cinematográfica estadounidente, que tras inaugruar la 57 edición del Festival de San Sebastián, se estrena en España con un considerable retraso con respecto a su estreno internacional.

Además de tratarse del remake de una película francesa, Nathalie, la película de Atom Egoyan sigue el mismo patrón que otra de Alfred Hitchcock, Vertigo (1958), que también procede de una idea francesa, que por momentos también parece una versión estilizada del Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini. Aunque Vertigo y Chloe no siguen la misma línea argumental, sí comparten el mismo tema acerca de la realidad subjetiva que puede formarse una persona a partir de la que le dibuja otra, como le sucediera a Scotty cuando seguía a Madeleine por las calles de San Francisco, o también de la que se forman a partir de sus propias intuiciones, que pudiendo ser ciertas, también pueden ser erróneas. No puedo hacer comparaciones con la película francesa de Anne Fontaine, porque no la he visto, pero esto no quiere decir más que muchas veces no hace falta comparar dos películas que parten de la misma idea para establecer cual es mejor o peor, ambas se sitúan en su lugar por su propio peso.

Chloe transcurre en los mimos lugares comunes de las anteriores películas de Atom Egoyan. Los personajes están perdidos en sus propios sentimientos, abocados a tomar decisiones por motivos que desconocen o no quieren reconocer, dejándose llevar por impulsos y emociones que pueden contradecir su propia naturaleza, pero que les permiten experimentar por facetas ocultas de su personalidad. Todos ellos se mueven en unos planos elegantemente construidos, resaltados en el magnífico diseño de producción de Phillip Baker, fotografiados con la exquisita luz de Paul Sarossy y aderezados con la siempre espléndida banda sonora de Mychael Danna, colaboradores todos habituales del cine de Atom Egoyan.

El hecho de trabajar con un guión de Erin Cressida Wilson, ajeno a su universo artístico, y después de haber escrito todos y cada uno de los guiones de sus películas, parece ser el indicador de la inconsistencia de algunas partes de la película. Atom Egoyan siempre ha sido un cineasta que sugiere, que proporciona las piezas justas y necesarias para que el espectador articule el puzle emocional de sus personajes y lo ordene para entender su comportamiento, pero nunca para justificarlos. Por eso sorprende encontrarnos con una historia llena de giros predecibles desde el momento en que Chloe (Amanda Seyfried) y Catherine (Julianne Moore) se encuentran en el tocador de señoras de un restaurante, además de algunas obviedades que no voy a comentar.

No sólo eso, [SPOILER] sino que además la historia se desarrolla utilizando recursos visuales tramposos, cometiendo el mismo error —-desde mi punto de vista—- que cometiera Alfred Hitchcock, pero no en Vertigo, sino en Pánico en la escena (State Fright, 1950), cuando mostrara en un flashback la versión de los hechos desde el punto de vista de un personaje que miente, engañando al protagonista y al espectador. Cierto es que este recurso está bastante extendido hoy en día, lo que facilita que el espectador esté ojo avizor para este tipo de artimañas, pero no por ello deja de ser un giro previsible.

Quizás también la película salga perjudicada por un casting erróneo, en aras de un mayor alcance de público en el que Egoyan renuncia a todos y cada uno de sus actores fetiche que le han seguido a lo largo de su filmografía, incluyendo a su inseparable Arsinée Khanjian, que ha participado en todas y cada una de sus películas. Si Amanda Seyfried sí proporciona el adecuado misterio a su personaje, así como un espontáneo y natural comportamiento obsesivo, no sucede lo mismo con Liam Neeson, que no parece haber invertido mucho tiempo en la preparación de su personaje —-no es excusa que la mayoría de sus apariciones formen parte de los mencionados flashbacks. Pero la que decepciona sobre manera es Julianne Moore, una actriz tan esforzada y empeñada en parecer espontánea y lesbiana, que acaba estando totalmente sobreactuada. Falla por completo el componente químico, las miradas, los gestos, que resultan automáticos y antipáticos, increíbles e inverosímiles, tanto hacia Chloe como hacia su marido, Michael (Liam neeson), o incluso a su propio hijo, Michael (Max Thieriot).

Cierto es que aquellos que no hayan visto una película de Atom Egoyan en su vida puedan encontrar en Chloe un entretenido thriller erótico, por supuesto. Pero los que hayan visto una sola de las estimulantes propuestas de este cineasta, quedarán defraudados y desencantados con una película más hecha para gustar que para estimular.
 
Publicado orioginalmente en EXTRACINE