lunes, 8 de noviembre de 2010

Stone

Título original: Stone
Año: 2010
País: EE.UU.


Dirección: John Curran
Guión: Angus MacLachlan
Producción: David Mann & Jordan Schur
Fotografía: Maryse Alberti
Montaje: Alexandre de Franceschi
Diseño de producción: Tim Grimes
Dirección artística: Kerry Sanders
Decorados: James V. Kent
Vestuario: Victoria Farrell
Reparto: Robert De Niro, Edward Norton, Mila Jovovich, Frances Conroy, Enver Gjokaj, Pepper Binkley, Sandra Love Aldridge, Greg Trzaskoma, Rachel Loiselle, Kylie Tarnopol, Bailey Tarnopol, Madison Tarnopol, Peter Lewis, Sarab Kamoo, Richard Murphy, Richard Goteri, Ron Lyons, David A. Hendricks, Wayne David Parker, Madeline Loiselle, Linda Boston, Jan Cartwright, Wallace Bridges, James Oscar Lee, Marcus Sailor, Brian Peters, David Strohschein, Jason Waugh, Lamont Bell, John Bostic, Jordyn Thomas, Rory Mallon, Trudy Mason, Sammy A. Publes, Tevis R. Marcum, Jonathan Stanley, Rod McIntosh, Jane Burkey, Connie Cowper, Bonnie Clevering, John 'Punch' Lewis, Chris Nolte, Tobiasz Daszkiewicz, Troy Coulon, Mike Shreeman, Thomas D. Mahard, Kitty Joy Schur, Tom Lowell, Banzai Vitale…

epifanía dominical

El mayor atractivo que propone Stone es, sin duda, el duelo interpretativo de dos generaciones tan distantes como las que representan Robert De Niro y Edward Norton. Un duelo que, si bien no defrauda, no consigue hacer de la última película de John Curran un producto de interés, por muy espectacular que fuera su tráiler.


El discurso del guión escrito por Agnus MacLachlan se apoya en cuatro personajes, de los que los dos masculinos están mucho más y mejor perfilados que los femeninos, de los que tan sólo se ofrece un perfil superficial y distorsionado, y que además forman dos parejas de lo más pintoresco: la formada por Jack (Robert De niro) y Madylyn (Frances Conroy) responde al tópico del matrimonio “clásico” cristiano en el que la mujer está total y completamente sometida a la voluntad del marido, encarcelada en vida por un maltratador psicológico, tal y como se muestra sin ningún tipo de pudor ni concesiones en la primera secuencia de la película, la mejor y la única realmente interesante de toda la película: la formada por Stone (Edward Norton) y Lulcetta (Milla Jovovich) es todo lo contrario, la exaltación de la perversión y el libertinaje en una pareja que no sabe distinguir entre el bien y el mal.


La evolución de estos personajes transcurre por cuatro caminos que tan sólo se encuentran en el plano físico, nunca en el psicológico, pues ninguno de ellos parece escuchar en todo momento al otro, a pesar de que el trabajo de Jack sea, precisamente, escuchar a Stone, y tampoco entre las dos parejas, cuyos cónyuges evolucionan por separado, nunca juntos, a pesar de que repiten la mayoría de sus actos de manera sistemática y conjunta. Y si los personajes llegan a la epifanía espiritual es siempre por causalidad, nunca por experimentación, de manera que cualquier filosofía, religión o cuento chino les hubiera valido para alcanzar el nirvana. Amén de la manipulación a las que nos somete guionista y director en una película que no acaba de encontrar el equilibrio entre la estructura de thriller psicológico con giro final (que nunca llega) o drama intimista (que nunca intima).


No se nos muestran ni los motivos por los que los personajes actúan de la manera que lo hacen, ni el beneficio que les reporta continuar con la vida que llevan. Y si en el caso de los personajes masculinos podemos llegar a ver algunos hechos que determinan su comportamiento, no será así en los personajes femeninos, que parecen actuar por instinto de supervivencia. Mucho menos en el caso de la esposa sumisa interpretada por Frances Conroy, que muchos recordarán de la estupenda serie de televisión A dos metros bajo tierra (Six Feet Under, 2001-2005, Allan Ball), de la que tendremos que rascar en miradas y movimientos para entender el lugar en el que se encuentra, sin llegar realmente a sacar nada en claro.


El único aliciente que tiene el espectador para contemplar la evolución de estos “pecadores” es la magnífica voluntad que ponen los cuatro actores protagonistas, que casi llegan a hacer interesantes los apuntes que el guionista no supo desarrollar, y que consiguen que no abandonemos la butaca de la sala del cine con su carisma y profesionalidad. Destaca la pareja de la tercera edad, mucho más resolutiva e interesante que la joven, y ciertamente Milla Jovovivh es mejor modelo que actriz, o por lo menos mejor actriz en las películas de acción–reacción como la comenatada recientemente Resident Evil: Ultratumba (Resident Evil: Afterlife, 2010, Paul W. S. Anderson), que en las de plano–contraplano.


John Curran no merece nota en Stone, ni siqueira un aprobado. Quizás los paisajes y la ambientación de El velo pintado (The Painted Veil, 2006) sirvieran para distraer nuestra atención sobre su nula capacidad para la dirección, pero en Stone, se hace más que evidente que no sólo no es capaz de contar una historia, sino que ni siquiera sabe hacerla entretenida. La única idea interesante de todo el relato, la que se intuye que mueve a guionista y director, es la que nos dice que son nuestros actos los que nos encarcelan, los que nos convierten en lo que somos, se platea con tal torpeza que nos obliga a hablar de un existencialismo de saldo en un discurso insólita y aburridamente pretencioso.
 
Publicado originalmente en EXTRACINE