viernes, 26 de marzo de 2010

Paranoid Park

Título original: Paranoid park
Año: 2007
Nacionalidad: Francia & EE. UU.
Dirección: Gus Van Sant
Guión: Gus Van Sant, basado en una novela de Blake Nelson
Producción: David Allen Cress, Charles Gillibert, Nathanaël Karmitz & Neil Kopp
Fotografía: Christopher Doyle & Rain Li
Montaje: Gus Van Sant
Dirección artística: John Pearson-Denning
Decorados: Sean Fong
Vestuario: Chapin Simpson
Reparto: Gabe Nevins, Daniel Liu, Jake Miller, Taylor Momsen, Luren McKinney, Scott Patrick Green, John Michael Burrowes, Grace Carter, Jay 'Smay' Williamson, Christopher Doyle, Dillon Hines, Emma Nevins, Brad Peterson, Winfred Jackson, Joe Schweitzer, Oliver Garnier, Mubarak Ra'oof, Eric Anderson, Jeremy Anderson, Addison Owen, Richard Miller, Emily Galash, Esther Vaca, Jordy Weimer...
sensaciones de un adolescente
La filmografía de Gus Van Sant tiende a reincidir en el universo del adolescente: el adolescente ilegal mexicano de quien se enamora el propietario de una tienda de comestibles de Portland en Mala noche (1985), la  pandilla de adolescentes chaperos que viven en su propio campo de sueños en My own private Idaho (1991), los adolescentes seducidos por Suzanne Stone en Todo por un sueño (To die for, 1995), el Jamal Wallace de Descubriendo a Forrester (Finding Forrester, 2000) o el variado grupo de adolescentes que pueblan Elephant (2003). Desde su primera mirada, en 1985, hasta esta que tratamos, cada época aparece renovada y actualizada encontrando una radical diferencia de forma entre los adolescentes de, por ejemplo, My own private Idaho y los de Paranoid Park, pero no de fondo, como si los adolescentes de todas estas épocas compartiesen siempre un mismo estado de ánimo.
Para que lleguemos al fondo de Alex y entendamos su punto de vista, Gus Van Sant propone un acercamiento en primera persona. Alex es un adolescente que vive la vida en solitario, en su mundo interior. Apenas se comunica con su familia, desmembrada y alienada por una sociedad que no les deja tiempo para pasar con sus hijos -además de que, como marca la estadística, están divorciados- lo que le permite vivir la vida a su aire, sin responsabilidades, o tan sólo con aquellas que él quiere asumir. Alex se desenvuelve de manera independiente con sus amigos, con su tribu, su verdadera familia, constituyendo el skate no sólo su pasatiempo sino su religión, su forma de vida. Aparentemente Alex transmite seguridad, una seguridad proporcionada por las señas de identidad de la tribu que facilitan la confianza en el otro por el mero reconocimiento de esas señales: la forma de vestir, la música, los gestos, los gustos… Pero en el fondo, quizás Alex no sea lo que aparenta. Alex es también un adolescente conformista, que sale con una novia que no le gusta demasiado, una actitud que denota una baja autoestima, al igual que su interés por agradar a sus nuevas amistades que le conducirán, indirectamente, a un terreno desconocido que forzará la pérdida de su inocencia a causa de un trágico accidente involuntario. 
Uno de los grandes aciertos de la película es el uso del tiempo: del interno y del externo, una herramienta que Gus Van Sant utiliza con destreza para que acercarnos a Alex. Y es que Alex parecer vivir las cosas emocionalmente deprisa pero físicamente despacio. Una combinación perfectamente plasmada en la pantalla con el sencillo recurso de utilizar la imagen ralentizada y acompañarla de una vertiginosa música -ya utilizó este recurso anteriormente, aunque sólo como apunte en Todo por un sueño, por ejemplo. Esta sensación temporal, que parece inherente a todo adolescente, más allá del lugar y época en que se encuentre, me parece, ciertamente, fascinante. 
El tiempo externo está fragmentado y desordenado, la acción está presentada a base de saltos adelante y atrás que deberemos ordenar hasta obtener el conjunto global de la historia. Es como si a Alex le costase asumir sus actos y necesitase estímulos externos para tomar conciencia de ellos como escuchar una noticia en la televisión o ver una fotografía. De hecho recibe estos estímulos porque le llegan directamente, se refieren a él mismo, a su vida a su problema, porque en otros momentos de la película la televisión se hace eco de otras noticias, otros acontecimientos, pero estos tienen lugar en países y lugares lejanos que no afectan en el día a día de Álex, a quien sólo afectan la familia, la escuela, sus amigos, su tribu, su parque, sus propios problemas. Nuevamente otra característica intrínseca de todo adolescente, de aquí y de allá, de ahora y de antes.
La historia no tiene pues ni la menor importancia, el objetivo consiste acceder y entender el estado de ánimo de una edad de la vida, la más difícil, la que inicia un viaje sin retorno desde la infancia hacia la edad adulta. Un viaje que, en el caso de Álex, se truncará traumático y cuesta arriba. De cualquier manera, parece que Álex saca provecho de estas experiencias pues afronta y termina esa relación que no le satisface para comenzar una nueva, afronta y asume su responsabilidad en el desgraciado incidente que termina en muerte y termina controlando esa angustia existencial, siguiendo los consejos de su nueva compañera, para transformarla en creatividad.