domingo, 7 de febrero de 2010

Bienvenidos a Zombieland

Título original: Zombieland
Año: 2009
Nacionalidad: EE. UU.
Dirección: Ruben Fleischer
Guión: Rhett Reese & Paul Wernick
Producción: Gavin Polone
Fotografía: Michael Bonvillain
Música: David Sardy
Montaje: Alan Baumgarten
Diseño de producción: Maher Ahmad
Dirección artística: Austin Gorg
Decorados: Gene Serdena
Vestuario: Magali Guidasci
Reparto: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone, Abigail Breslin, Amber Heard, Bill Murray, Derek Graf...


charlton heston que estás en los cielos

El cine de zombies siempre me ha llamado la atención, desde los metafóricos filmes que aporta Jacques Tourner en los años cuarenta hasta la lectura crítica que hace George A. Romero a finales de los sesenta. En una entrevista de Antonio José Navarrete publicada en el número 380 de Dirigido por..., a propósito del estreno de su título más reciente, El diario de los muertos (Diary of the dead, 2007), Romero revela lo que las películas de zombies representan para él, “...siempre hablan de la gente y de cómo reacciona frente a este tipo de situaciones, y siempre he tratado de hacer películas que reflejan los tiempos en que fueron hechas. No solo desde el punto de vista sociopolítico, sino también desde lo estilístico”.
Con o sin la intención de sus creadores, Bienvenidos a Zombieland es un claro reflejo del tiempo en el que está realizada, para lo bueno y para lo malo. O el filme revela los más profundos instintos de guionistas y director en cada secuencia, o ciertamente no estoy seguro de haber entendido la película. Lo único cierto es que entré en el cine con la única intención de disfrutar del más puro y genuino cine de evasión, quería reírme y disfrutar de una inyección de adrenalina a base de falsa violencia, casquería fina y litros de sangre salpicando la pantalla. En lugar de eso obtuve una insólita muestra de cine ultraconservador, retrógrado, xenófobo  y fascista que haría las delicias del fallecido presidente de la Asociación Estadounidense de Armas de Fuego
Con una estética, más que heredada de la era Tarantino, consecuencia de la irresponsabilidad estilística de las producciones de Jerry Bruckheimer -particularmente de las televisivas entregas de CSI (CSI: Crime Scene Investigation, 2000), en las que se desmembran los cuerpos a ritmo de Coldplay, Radiohead o Portishead, trivializando y deshumanizando la muerte-, nos encontramos con un relato tramposo que hace alarde de una falsa “modernidad”.
Tras un prólogo aceptable podemos disfrutar de una gloriosa y magnífica secuencia de títulos de créditos, y más nos vale pues la siguiente secuencia precipita nuestras expectativas a ras del suelo, donde permanecerán el resto del metraje. Se inicia un recorrido por un patético intento de recuperar el espíritu de las películas del oeste, de aquellas de las que se decía “matan a 50 personas y no pasa nada”. Quedando reducida la película a un catálogo de indicaciones y consejos retrógrados y condescendientes, como son:
1.- La reivindicación del derecho a poseer armas, pues “nunca sabes cuando tu vecino puede convertirse en un zombie”; pudiera parecer un intento de embestir contra las propuestas de Michael Moore en su Bowling for Columbine (2002) al estar implícito un el mensaje una premisa antisocial.

2.- La prevención contra los excesos alimenticios, pero no de una manera responsable y ordenada sino desde la mofa y la ridiculización de gordos y obesos, ¿podrían estar en este caso arremetiendo directamente contra la propia imagen física de Michael Moore?

3.- La radicalización de la era de la política del terror instaurada bajo el mandato de George W. Bush al propagar el antiguo mensaje ‘no hables con extraños’, nuevamente antisociales. 

4.- La contundente y descarada masacre y aniquilación metafóricas de la cultura de los indios nativos americanos en una despreciable secuencia -propia de aquellas películas del Oeste en la que los indios no se consideraban personas-, en la que los humanos, que no los zombies, se encargan de asolar una tienda de artesanía india, en una explícita secuencia xenófoba y racista comparable, sólo, con los procedimientos de un auténtico  Torrente americano.

5.- El falso e irónico mensaje de la virginidad como método anticonceptivo más eficaz, que haría las delicias del foro de la familia. Qué duda cabe de que es todo lo contrario a lo que desea Columbus, pero la ironía con la que se plantea el mensaje en la película no parece indicar que quieran transmitir ese mensaje, sino que es otra manera de mofarse de los jóvenes a los que Columbus representa: los nerds o idiotas.

6.- La erradicación de las disputas entre hermanas/anos rechazando el modelo Caín vs. Abel; ¿el foro de la familia detrás de la producción de la peliculita?

7.- La hipócrita e incongruente reiteración del acercamiento al foro de la familia al transmitir el mensaje de que “la familia unida jamás será vencida”; aunque por mucho que Columbus mantenga que quiere reunirse con su familia (la biológica), está claro que prefiere permanecer con su nueva familia (la tarada).

8.- La insensata apuesta de la paternidad como herramienta de rehabilitación; es como si el hecho de que Tallahassee sea padre le redime de cualquier barbaridad que pueda realizar, porque como quiere y cuida a su retoño, pues todo vale. El fin justifica los medios (¿otro capote para Mr. Bush?).

9.- Lo de Bill Murray no lo entiendo, como casi nada, claro. No sé si se ríen con él o de él. No sé si ríen con nosotros o de nosotros.

10.- No encuentro nada positivo, salvo la secuencia de créditos, la del payaso y la de las niñas/zombies vestidas de primera comunión ¿o era de cumpleaños?
Ya, ya. Sé perfectamente que puedo parecer exagerado, pero resulta que ante un comentario similar que publiqué en mi perfil de facebook, la respuesta fue: “la termino de ver, nada del otro mundo, pero me han entrado ganas de tener un arma de fuego, se nota que son útilesy no fue el único comentario de la misma guisa.