sábado, 14 de enero de 2012

El futuro


Título original: The Future
Año: 2011
País: EE. UU. & Alemania

Dirección: Miranda July
Guión: Miranda July
Producción: Gina Kwon, Gerhard Meixner & Roman Paul 
Fotografía: Nikolai von Graevenitz
Música: Jon Brion
Montaje: Andrew Bird
Diseño de producción: Elliott Hostetter
Dirección artística: Ruth De Jong
Decorados: Max Juren
Vestuario: Christine Wittenborn
Reparto: Miranda July, Hamish Linklater, David Warshofsky, Isabella Acres, Joe Putterlik, Angela Trimbur, Mary Passeri, Kathleen Gati, Clement von Franckenstein, Tonita Castro, D.A: Sandoval, Mark Atteberry, Frank Langley, Erinn K. Williams Oona Mekas, Ryker Baloun, Olivia Thiering, Taylor Cosgrove, Scofield, Sara Rodier, Brittney Hewitt, Matthew Dunn, Bru Muller, Aubree Knecht, Samantha Milazzo, Andy Forrest… 

un encantador cine limítrofe

Es posible que Miranda July causara un mayor impacto con Me and You and Everyone We Know, hace algo más de un lustro, que con The Future. Si su primera película arrasara en festivales como Sundance o Cannes, quizás la segunda haya pasado más desapercibida, lo que no le resta mayor originalidad tanto a su relato, como a la manera en la que lo cuenta. En cualquier caso, lo más importante en The Future, cuyo guión está escrito por la propia Miranda July, no es tanto lo que sucede, sino las peculiaridades de sus personajes, su reacción ante determinadas situaciones, sus reflexiones y, sobre todo, las sensaciones que sus acciones provocan en el espectador.

The Future parece estar orientada a cumplir una función apelativa en el espectador que, a través de los planteamientos de sus personajes con respecto al cambio de vida que van a experimentar ante la llegada de un nuevo miembro a su familia, obliga al espectador a tomar conciencia de sí mismo, incitando al disfrutar del presente. Pero no estamos ante una propuesta de carpe diem alocada y desenfrenada, sino ante un título que nos obliga a reflexionar sobre la relatividad de las prioridades que nos marcamos en nuestra vida diaria.

Quizás pueda ser una película ligeramente irregular para algunos, pero The Future tiene secuencias cómicas y divertidas con las que otros se verán completamente identificados, particularmente las que tiene que ver con Internet y el uso y abuso que algunos hacen (hacemos) de él. Pero esa imperfección es también su virtud pues la candidez de sus personajes consigue cautivarte logrando suplir cualquier carencia tanto de forma como de contenido. Igual que Sophie (Miranda July) afirma que su belleza es limítrofe, dejando a elección de los ojos que la miren si es guapa o fea, cada espectador decidirá si le satisface o no el contenido de The Future, no teniendo tampoco argumentos para decir que sea una película mala.

No estoy seguro si la efectividad de todos y cada uno de los intérpretes de la película está basada tanto en su capacidad interpretativa como en la peculiaridad de sus personajes, pero lo cierto es que Miranda July está absolutamente graciosa y precisa tanto en su caracterización de Sophie, como poniendo voz a Paw Paw, el gato narrador. No menos estupendos están Hamish Linklater como su portentosa pareja, David Warshofsky, como su desconcertado amante, o Isabella Acres, como la excéntrica hija de ese último. Todos ellos son capaces de dar credibilidad a unos personajes que en otros títulos serían representados como auténticos parias, pero que aquí se les retrata con extrema sensibilidad.

Si de una manera The Future está emparentada con el planteamiento de películas como Sunset Boulevard o Muholland Drive -salvando las distancias de estilo y estética-, por otro deja una sensación similar a la que en su momento produjera Eternal Sunshine of the Spotless Mind -al menos en este espectador. Aunque visualmente se aleja bastante de la película dirigida por Michel Gondry, no sólo comparte con ella el mismo compositor de la banda sonora, Jon Brion, sino que de una manera diferente, también especula con el tiempo y el espacio, instalándose en la franja de esas películas que siendo algo fantásticas, terminan por ser tremendamente realistas, en lo que respecta a los sentimientos y emociones de sus personajes, que terminan por embriagar al espectador.

Publicado originalmente en EXTRACINE

La dama de hierro


Título original: The Iron Lady
Año: 2011
País: Reino Unido & Francia

Dirección: Phyllida Loyd
Guión: Abi Morgan
Producción: Damian Jones 
Fotografía: Elliot Davis
Música: Thomas Newman
Montaje: Justine Wright
Diseño de producción: Simon Elliott
Dirección artística: Bill Crutcher & Nick Dent
Decorados: Annie Gilhholy
Vestuario: Consolata Boyle
Reparto: Meryl streep, Jim Broadbent, Susan Brown, Alice da Cunha, Phoebe Waller-Bridge, Iain Glen, Alexandra Roach, VIctoria Bewick, Emma Dewhurst, Olivia Colman, Harry Lloyd, Sylvestra Le Touzel, Michael Culkin, Stephanie Jacob, Robert Portal, Richard Dixon, Amanda Root, Clifford Rose, Michael Cochrane, Jeremy Clyde, Michael Simkins, Eloise Webb, Alexander Beardsley, Nicholas Farrell, John Sessions, Anthony Head, Richard Syms, David Westhead, Julian Wadham, Richard E. Grant, Angus Wright, Roger Allam, Michael Pennington, John Harding, Simon Chandler, Stephen Boxer, Jasper Jacob, Rupert Vansttitart, Robin Kermode, Andrew Havill, Michael Elwyn, Peter Pacey, Jeremy Child, James Smith, Hugh Ross, Chris Campbell, Paul Bentley, Martin Wimbush, Simon Slater, David Cann, Christopher Lunscombe, Angela Curran, Michael Maloney, Pip Torrens, Nick Dunning, David Rintoul, Nicholas Jones, Richard Goulding, Matthew Marsh, Willie Jonah… 

el álbum de fotos que Thatcher no hubiera querido

Phyllyda Lloyd se desmarca de otras directoras como Jane Campion, Nadine Labaki, Kathryn Bigelow, Pilar Miró o Sally Potter, haciendo de The Iron Lady una muestra de feminismo mal entendido. De aquel en el que los logros de la mujer son válidos única y exclusivamente porque es mujer, sin entrar en ninguna connotación comprometedora. Su biopic sobre la que fuera primer ministro de Gran Bretaña sólo realza que era mujer, sin entrar en sus ideas, en sus convicciones, en su compromiso, ya no para con las mujeres, sino con todos los ciudadanos de Gran Bretaña.

Para recomponer la biografía de Margaret Thatcher, pareciera que Abi Morgan, guionista de la película, tan sólo hubiera tirado de hemeroteca, reproduciendo aquellos episodios que todos hemos visto por televisión, obviando los más comprometidos y dejando deliberadamente oculta cualquier situación incómoda, como las decisiones políticas que causaron que fuera tan odiada, o como las consecuencias reales de sus medidas en la sociedad británica y los motivos por los que su hijo decidiera irse a vivir a Sudáfrica (¿no podía irse más lejos?). Para postre y realzando el carácter expositivo del discurso, su relato carece en absoluto de un conflicto más allá de si retira la ropa de su difunto marido del armario o la deja en su sitio para mayor gozo de las polillas.

En consecuencia The Iron Lady no es más que un bonito álbum de imágenes en movimiento diseñadas para realzar el contraste de una mujer en un mundo de hombres: azul entre negro, faldas entre pantalones y zapatos de tacón entre zapatos planos. Resulta más que sospechoso que no sólo no se muestre, sino que ni se mencione en un sólo momento de la película a la Reina Isabel II, auténtica jefa del gobierno británico. Sin duda es un ejercicio de omisión deliberado para que ninguna otra dama venga a demostrar que tampoco es un logro tan extraordinario que una señora sea primer ministro en un país que ha sido dirigido por varias reinas a lo largo de su historia.

Lo único destacable de este planchazo de la directora de Mamma Mia es sin duda la interpretación de Meryl Streep, salvo que no se trata exactamente de una interpretación pues apenas interactúa con los demás personajes de la película. Tan sólo se limita a imitar a hija del tendero en una serie de monólogos en los que no hay lugar a réplica. Sólo se relaciona en la parte que sucede en el hipotético presente, en donde le roba plano el gracioso Jim Broadbent, en un registro que tampoco llega a sorprender pues es su habitual tono cómico. Quizás sorprenda más y mejor la breve participación de Alexandra Roach en el que es su primer papel cinematográfico. Al no tener casi ninguna referencia a la juventud de Tatcher, su composición me resulta mucho más fresca e interesante que la de Meryl Streep.

Impagable, eso si y en consonancia con este feminismo entendido en su acepción más peyorativa, es la colección de modelitos y complementos que reúne la diseñadora de vestuario Consolata Boyle. Que siempre que seas una señora, o aspirante a señora de derechas, muy conservadora, tendrás la oportunidad de copiar y emular como no me cabe ninguna duda habrán tomado muy buena nota primas ideológicas españolas de la Thatcher, como Soraya Sáenz de Santamaría -vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del actual Gobierno de España-, Esperanza Aguirre -presidenta de la Comunidad de Madrid- y Ana Botella -alcaldesa no electa de Madrid.

La única conclusión a la que es capaz de llegar el relato es que Margaret Tatcher ha terminado creyéndose demasiado sus propias convicciones, comportándose finalmente como una dictadora, hasta con los miembros de su propio partido. A pesar de que en el discurso del relato se le quite importancia a este hecho, queriendo mostrar que los hombres reclamaban su lugar, sin duda este comportamiento esconde las razones de su lamentable apoyo al general y ex dictador Pinochet, por cuya defensa saliera de nuevo a la palestra internacional ante la detención cursada por el juez Baltasar Garzón, a propósito de la muerte y tortura de ciudadanos españoles durante su mandato. Ya te podías haber ido a comprar mantequilla, ¡bonita!

Publicado originalmente en EXTRACINE

sábado, 31 de diciembre de 2011

Drive


Título original: Drive
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Nicholas Winding Refn
Guión: Hossein Amini, basado en una novela de James Sallis
Producción: Michel Litvak, John Palermo, Marc Platt, Gigi Protzker & Adam Siegel
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Música: Cliff Martinez
Montaje: Matthew Newman
Diseño de producción: Beth Mickle
Dirección artística: Christopher Tandon
Decorados: Lisa K. Sessions
Vestuario: Erin Benach
Reparto: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Oscar Isaac, Christina Hendricks, Ron Perlman, Kaden Leos, Jeff Wolfe, James Biberi, Russ Tamblyn, Joe Bucaro III, Tiara Parker, Tim Trella, Jim Hart, Tina Huang, Andy San Dimas, John Pyper-Ferguson, Craig Baxley Jr. Kenny Richards, Joe Pingue, Dieter 'Dietman' Busch, Chris Muto, Rachel Belle, Cesar Garcia, Steve Knoll, Mara LaFontaine, Teonee Thrash, Ralph Lawler… 

cine de género à la auteur y gracias david lynch por existir

No es de extrañar que el jurado del festival de Cannes señalara por encima de todas las cualidades que podamos encontrar en Drive, la de su director, Nicolas Winding Refn, que nos ofrece una obra extremadamente cuidada visualmente con una espléndida banda sonora de Cliff Martinez, que sintoniza a la perfección con la fotografía Newton Thomas Sigel. Quizás sean excesivas las alabanzas de algunos que garantizaban que se trataba de “la película de acción que estabas deseando ver”, impulsados quizás porque tenga más de una secuencia vertiginosa, pero nada más lejos del propósito de su director, que se centra en todo momento en sus románticos personajes.

Resulta un tanto curioso que inicialmente ninguno de los principales artífices de la película fuera la primera opción pues si Nicolas Winding Refn remplazaba a Neil Marshall -responsable de títulos bastante flojos como The Descent (2005) o Centurion (2010)-, el personaje de Carey Mulligan iba a ser interpretado por una actriz hispana y el de Ryan Gosling iba a tener las facciones de Hugh Jackman. Está claro que hemos salido ganado en el intercambio de directores pues el cineasta danés impregna con su estilo visual todas y cada una de las imágenes de Drive, en consonancia con unos personajes fuertes, pero heridos, dotándoles de una melancolía que entronca la película dentro de la categoría romántico fatalista de otras obras escritas por Hossein Amini, como Jude (1996, Michael Winterbottom) o Las alas de la paloma (The Wings of a Dove, 1997, Iain Softley).

Si la inclusión de Carey Mulligan enriquece el relato al hacer que su matrimonio pase de ser hispano a ser interracial, además de la indiscutible calidad de la actriz que aporta una profundidad acorde con el tono de la película, no estoy igualmente seguro con lo que respecta a Ryan Gosling. La misma cara de palo que tiene en el primer plano de la película es el que tendrá durante toda la película, haciendo que su personaje nos caiga bien más por sus actos, que por su propia interpretación. Que el peso de la película caiga en su personaje perjudica, en cierta manera, el acabado global de la película, que quizás se vea parcialmente perjudicado por un ritmo peligrosamente pausado, a pesar de las carreras. Menos mal que las presencias de Bryan Cranston, Ron Perlman y Albert Brooks equilibran la balanza en favor de la película, porque no diría que es una cuestión de guión ni de personajes, sino de carisma e interpretación.

Si a lo largo de la película encontraremos magníficos ejemplos de unas secuencias de acción estilizadas y asombrosamente orquestadas, así como espeluznantes momentos que entroncan con el más terrorífico cine negro, quizás los mejores momentos de las películas sean los románticos, como ese emocionante beso en el ascensor. La suma de todos estos elementos hace que Drive casi sea una especie de homenaje al cine de género, pero desde una óptica europea o de autor, enriqueciendo el relato de una manera prodigiosa. Es inevitable aludir al homenaje que el cineasta danés hace sobre uno de los más destacados cineastas estadounidenses, fuera por completo de la industria de Hollywood: David Lynch. Desde la primera opción para la banda sonora, que fuera Angelo Badalamenti, hasta la chaqueta que luce durante toda la película el protagonista, prima directa de la que luciera Nicolas Cage en Wild at Heart, película con la que además guarda muchos muchos muchos lugares comunes, además de con Lost highway. Y es que qué hay que ver lo bien que le ha venido al cine posmoderno la influencia de la magnífica obra de David Lynch.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Rare Exports


Título original: Rare Exports
Año: 2010
País: Finlandia, Noruega, Suecia & Francia

Dirección: Jalmari Helander
Guión: Petri Jokiranta & Sami Parkkinten, basado en una idea original de Jalmari Helander & Juusa Helander
Producción: Agnès B, Anna Björk, Petri Jokiranta & Knut Skoglund 
Fotografía: Mika Orasmaa
Música: Juri Seppä & Miska Seppä
Montaje: Kimmo Taavila
Diseño de producción: Jalmari Helander
Vestuario: Saija Siekkiren
Reparto: Onni Tommila,Jorna Tommila, Tommi Korpela, Rauno Juvonen, Per Christian Ellefsen, Ilmari Järvenpää, Peeter Jakobi, Jonathan Hutchings, Risto Salmi, Jens Sivertsen, Sigmund Boe, Olav Pedersen, Nils M. Iselvmo, Steinar Skogstad, Nils Nymo, Hjalmar Iselvmo, Steinar Tunes, Torgeir Fosberg, Hans Prestbakmo, Alf Roald Pedersen, Nikolaj Alsterdal, Knut Osa Greger, Kjell Tore Nordi, Stein-Erik Olsen, Atle Kirkegard, Hans Lindgard, Einar Fagertun, Bjom Pedersen, Tommy Svendsen… 

cuando santa claus era el hombre del saco

Si para un servidor ya sea tradición ver El día de la bestia (1995, Alex de la Iglesia) en Nochebuena, mucho más divertida que ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946, Frank Capra), puedo proclamar que ya tengo nueva película para ver el día de Navidad. Se trata de Rare Exports, la película que se alzara con el principal premio en el Festival de Sitges que se celebraba en 2010, además de acaparar seis premios de la Academia de cine finlandesa.

Se trata del primer largometraje de Jalmari Helander, con la que prolonga una idea ya explotada en una serie de curiosos cortometrajes. Haciendo alarde de ese peculiar sentido del humor finlandés, exportado anteriormente por Aki Kaurismaki, y como si de un Cuento de Navidad à la finesa se tratara, Rare Exports, más que especular, le da la vuelta a los orígenes de un icono tan vinculado al espíritu navideño, como es Santa Claus, que pudiera no ser tan bonachón como se nos ha vendido hasta ahora, según su punto de vista.

No puedo decir que Rare Exports sea una película espléndida, el guión es algo parco y el desarrollo de los personajes es un tanto limitado, pero lo cierto es que la simpatía de estos últimos y la sencillez con la que está narrada la historia son capaces de cautivar al espectador. Si las claves del relato transcurren de la mano del cine de terror -memorables son los momentos de ese siniestro personaje cada vez que se le acerca un galleta de jengibre o que huele la presencia de un niño-, sólo en el epílogo de la película termina por aflorar el sentido del humor y la gloriosa broma implícita en una película que se ríe de la vinculación del mito vestido de rojo que tanto placer encuentra estando rodeado de niños -¿qué cura no querría vestirse de Santa Claus?- dentro de la vorágine consumista que acompaña a la Navidad cristiana.

Si bien Rare Exports cuenta con elementos extraordinarios, como el diseño de producción, un cuidado vestuario y un laborioso maquillaje, acompañados de una fotografía naturalista, como es habitual en las producciones nórdicas, quizás los efectos especiales no estén a la altura del resto de la producción. En cualquier caso, no llegan a empañar una película cuyo mayor punto de interés radica en su planteamiento argumental. La efectividad del niño protagonista, Onni Tommila, facilita que el espectador preste más atención a sus acciones que a la manera en la que estas son mostradas al espectador en una secuencia como la del helicóptero que, en su afán de espectacularidad, acaba por evidenciar las limitaciones de recursos en materia digital.

A pesar de todo, al tratarse de una narración de estructura inductiva, siempre estaremos atentos a la resolución de la historia para descubrir por qué son tan raras estas exportaciones desde los confines de Laponia.

Publicado originalmente en EXTRACINE

El cascanueces


Título original: The Nutcracker in 3D
Año: 2010
País: Reino Unido & Hungría

Dirección: Andrei Konchalovsky
Guión: Andrey Konchalovsky & Chris Solimine
Producción: Andrey Konchalovsky & Paul Lowin 
Fotografía: Mike Southon
Música: Eduard Artemiev
Montaje: Mathieu Bélanger & Andrew Glen
Diseño de producción: Kevin Phipps
Dirección artística: Claudo Campana, Stephen Dobric, Adam O'Neill, Attila Raczkevy, Tom Still & János Szabolcs
Decorados: Judy Farr
Vestuario: Louise Stjernsward
Reparto: Elle Fanning, Nathan Lane, John Turturro, Frances de la Tour, Richard E. Grant, Yuliya VVysotskaya, Shirley Henderson, Aaron Michael Drozin, Charlie Rowe, Peter Elliott, Daniel Peacock, Alan Cox, Hugh Sachs, Africa Nile, Jonny Coyne, Stuart Hopps, Ferenc Elek, Attila Kalmár, György Honti… 

fantasía nostalgica y cine muy muy muy infantil

Tras haber desarrollado su más reciente carrera cinematográfica en el seno del cine ruso que le proporcionara sus primeros éxitos internacionales con películas como Pervyy uchitel (El primer maestro, 1966), Dyadya Vanya (Tío Vania, 1971) o, sobre todo, Sibiriada (Siberiada, 1979), Adrei Konchalovsky retorna al cine estadounidense en el que tan bien le fuera en las décadas de los ochenta con películas como Maria’s Lovers (1984), Runaway Train (1985), Duet for One (1986), Shy People (1987) o la entrañable Homer and Eddie (1989). En esta ocasión, centra su mirada en una historia dirigida, sin ningún tipo de complejo, al público infantil con The Nutcracker in 3D -qué estúpidos encuentro los nombres de películas que incluyen la alusión al efecto tridimensional en su titulo-, con la que pretende recuperar la fantasía de los cuentos más clásicos y tradicionales, poniendo a su servicio las últimas tecnologías en efectos especiales y 3D.

Muchas son las referencias que podemos encontrar en The Nutcracker in 3D. Por un lado recurre sin prejuicios a recursos típicos de historias tan populares como Peter Pan, El mago de Oz o Alicia en el país de las maravillas al utilizar el recurso onírico para enlazar fantasía con realidad, aunque la influencia más determinante provenga de la interpretación ética y moralista que la factoría Disney hiciera tanto de estos cuentos y otros como Pinocchio, así como de aquellos filmes en los que mezclaba imagen real con animación, como Mary Poppins. Pero también podemos encontrar rastros de títulos contemporáneos, más cercanos a la estética gótica, como las fantasías retrofuturistas que crearan Jean Pierre Jeunet y Marc Caró en Delicatessen y Le cité des enfants perdus. Todo ello mezclado con la inevitable pirotecnia de producciones más recientes que nos pueden remitir a la saga de Harry Potter.

Aunque no puedo decir que a The Nutcracker in 3D le falte encanto y entusiasmo por parte de sus creadores, lo cierto es que el conjunto adolece de un argumento algo más sólido y consistente. Si bien no dudo que pueda hacer las delicias de los más pequeños, el resto de los espectadores van a encontrarse con una obra que va perdiendo fuelle a medida que avanza la acción. Ni siquiera el encanto de Elle Fanning, que rodara la película el mismo año que afrontara el rodaje de Somewhere (2010, Sofia Coppola), no es suficiente para captar toda la atención del espectador. Debo resaltar que la joven actriz tiene la capacidad de retraerse de todo el magnetismo que desprendía sus personaje de la otra propuesta, mucho más carismático que el que aquí interpreta, que parece una niña bastante más infantil, acorde con el público al que va dirigida la película.

The Nutcracker se nutre, además, de un interesante reparto que integra a Nathan Lane, John Turturro, Richard E. Grant o Frances de la Tour -que también estaba en algunas entrega de Harry Potter-, que aunque se desenvuelven a la perfección en esta tesitura infantil, no llegan a paliar las carencias del guión que el propio Konchalovsky desarrolla con Paul Lowin, colaborador de filmes previos como su adaptación televisiva de The Odyssey, así como de alguno de sus recientes filmes en Rusia.

La contradicción surge en el momento en que se constata que el discurso incluye también al público adulto, dado que si desde un principio se asume que el público más joven captará sin ningún problema el código mágico y fantástico que se propone, pareciera que a través de los personajes adultos se demandara un esfuerzo similar a los niños. Y ahí es donde considero que falla estrepitosamente la película. Aunque indudablemente pueda perderse la espectacularidad del 3D, quizás sea más aconsejable esperar a la edición doméstica de The Nutcracker, siempre que no quieras echarte una siesta en el cine.

Publicado originalmente en EXTRACINE

Perros de paja


Título original: Straw Dogs
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Rod Lurie
Guión: Rod Lurie, basado en el guió de David Zelag Goodman y Sam Peckinpah, basado a su vez en la novela de Gordon Williams
Producción: Marc Frydman & Rod Lurie 
Fotografía: Alik Sakharov
Música: Larry Groupé
Montaje: Sarah Boyd
Diseño de producción: Tony Fanning
Dirección artística: John P. Goldsmith
Decorados: Kristin Bicksler
Vestuario: Lynn Falconer
Reparto: James marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgard, James Woods, Dominic Purcell, Rhys Coiro, Billy Lush, Laz Alonso, Willa Holland, Walton Goggins, Anson Mount, Drew Powell, Kristen Shaw, Megan Adelle, Randall Newsome, Tim J. Smith, Richard Folmer, Wanetah Walmsley, Clyde Heun, Rod Lurie, Kelly Holleman, Grayson Capps, Tommy MacLuckie, Josh Kerin, John Milham, Kristin Kelly… 

perros desfasados

Como muchas veces sucede, Straw Dogs, la película dirigida por Rod Lurie tan sólo viene a reforzar la extraordinaria calidad de la película homónima dirigida por Sam Peckinpah. Salta a la vista que Lurie ha decidido realizar lo que se dice un remake, sin fisuras ni pelos en la lengua, de la magnífica película de 1971 cuyo guión escribiera el propio Peckinpah en colaboración con David Zelag Goodman, que estaba basado en una novela de Gordon Williams. Realmente da la impresión de que ni se ha leído la novela ni se ha molestado en actualizar el contenido del guión original. Quizás su propósito era que el espectador jugase a encontrar las diferencias entre una y otra, siendo así hay van mis diferencias, que son cuatro: el prólogo, la localización, el oficio del protagonista y la explicación del nombre de la película.

Lo del prólogo es realmente innecesario y casi me atrevería a decir que ralla el mal gusto porque relacionar con esos planos detalle testosterona, armas y alcohol para mostrar que estos individuos son unos indeseables es casi un pleonasmo sin sentido. Ni siquiera consigue que lleguemos a verlos como unos cazadores piadosos porque maten al ciervo antes de despojarle de su cornamenta, único propósito para matarlo, aparentemente.

El cambio de localización no es nada relevante y resta verosimilitud al discurso del relato, pues si puede resultar perfectamente coherente que un estadounidense no tenga conocimiento de todas las peculiaridades de la cultura inglesa, como sucedía con el personaje que interpretaba Dustin Hoffman, resulta bastante patético que un californiano no conozca las peculiaridades de los oriundos de Nueva Orleans. Dice, desde luego, bastante poco de su capacidad como guionista y de su conocimiento por el comportamiento humano, como proclama el personaje a propósito de Stalingrado.

El cambio de matemático a guionista con lo que respecta al oficio del protagonista no sólo no es innecesario sino que además es injustificado pues si David Summer era un individuo absolutamente racional, que no se dejaba llevar por sus impulsos en la película de 1971, desconozco completamente las implicaciones psicológicas acerca de que el protagonista de la versión de 2011 sea guionista. De hecho, los garabatos que se le ven esbozar en la película son algo ridículos.

Por último queda la explicación, la inclusión dentro del relato del título de la película que, desde mi punto de vista, viene a mostrar el poco respecto que Rod Lurie muestra hacia su público, al que le entrega todo masticado. Quizás se debe a que el público al que se dirige debe ser única y exclusivamente el adolescente, lo que explicaría que todos los personajes estén interpretados por jóvenes mucho más guapos y fornidos que la película precedente, que estaba dirigida a un público adulto, tanto física como psicológicamente.

Quizás algunos estén pensando que me limito a hacer comparaciones entre una y otra versión, pero ha sido el propio Rod Lurie el que me ha obligado a hacerlo así porque su ejercicio no tienen nada que ver con propuestas similares realizadas primero con poca fortuna por Gus Van Sant, a propósito de Psycho, y después con Michael Haneke, a propósito de Funny Games. En lo que respecta las dos películas de este último, que distaban diez años entre sí, tanto el cambio de localización como la repetición sistemática del texto servía para demostrar que su discurso era universal y atemporal. Sin embargo, la repetición exacta del texto y acciones de Straw Dogs no hacen más que corroborar la nula capacidad del guionista -también Rod Lurie- para adaptar acciones y personajes a la realidad contemporánea. ¿Acaso se detuvo la emancipación de la mujer y el desarrollo cultural de los jóvenes blancos de Nueva Orleans?

Lo que no voy a hacer es comparar las interpretaciones de Dustin Hoffman y Susan George con las de James Marsden y Kate Bosworth, es obvio quienes salen perdiendo. Quien tampoco sale bien parado, ya sin comparación, es James Woods, odiosamente sobreactuado en un personaje que interpretara espléndidamente Peter Vaughan. Tampoco voy a entrar en comparaciones de estilo y estéticas pues claramente Sam Peckinpah sabía hacerte pasar un momento incómodo haciéndote reflexionar y cuestionar lo que está pasando en la pantalla, sin hacer un retrato superficial de sus personajes, sino todo lo contrario. Y si no me crees, ya está yendo al video-club más cercano, no te arrepentirás.

Publicado originalmente en EXTRACINE

lunes, 26 de diciembre de 2011

El topo

Título original: Tinker Tailor Soldier Spy
Año: 2011
País: Reino Unido, Francia & Alemania

Dirección: Tomas Alfredson
Guión: Bridget O'Connor & Peter Straughan, basado en la novela de John Le Carré
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner & Robyn Slovo 
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Música: Alberto Iglesias
Montaje: Dino Jonsäter
Diseño de producción: Maria Djurkovic
Dirección artística: Tom brown & Zsuzsa Kismarty-Lechner
Vestuario: Jacqueline Durran
Reparto: Mark Strong, John Hurt, Zoltán Mucsi, Péter Kálloy Molnár, Ilona Kassai, Imre Csuja, Gary Oldman, Toby Jones, David Dencik, Ciarán Hinds, Colin Firth, Kathy Burke, Benedict Cumberbatch, Stephen Graham, Arthur Nightingale, Simon McBurney, Tom Hardy, Amanda Fairbank-Hynes, Peter O'Connor, Roger Lloyd-Pack, Matyelok Gibbs, Phillip Hill-Pearson, Jamie Thomas King, Stuart Graham, Konstantin Khabenskiy, Sarah Jane Wright, Katrina Vasilieva, Linda Marlowe, William F. Haddock, Erksine Wylie, Philip Martin Brown, Tomasz Kowalski, Svetlana Khodchenkova, Alexandra Salafranca, Denis Khoroshko, Oleg Dzhabrailov, Gillian Stevenson, Nick Hopper, Laura Carmichael, Rupert Procter, John Le Carré, Michael Sarne, Chritian McKay, Jean-Claude Jay, Tom Stuart… 

la confirmación de un extraordinario cineasta europeo

Si el cineasta sueco Tomas Alfredson nos deslumbrara en 2008 con una película como Lat den rätte komma in (Let the Right once In), que le sirviera como flamante presentación en el mercado internacional, tres años después demuestra con la brillante Tinker Tailor Soldier Spy que su resplandor no era efímero y que llegaba para instalarse como uno de los más interesantes cineastas europeos. A través de un complejo puzzle repleto de saltos temporales, consigue confeccionar un relato aparentemente complicado, pero que se desarrolla con una sencillez visual que facilita enormemente su comprensión.

Contribuyen a la eficacia del relato no ya la espléndida labor del equipo artístico que consigue una asombrosa reconstrucción de los años de la guerra fría sin ningún toque kitsch, sino la fabulosa aproximación lumínica de su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, que si ya fuera su colaborador en Lat den rätte komma in (Let the Right One In), también este ha saltado al panorama internacional pues fuera el director de fotografía de The Fighter, lo que demuestra su capacidad para adaptarse a la historia que está fotografiando. Si para la película de vampiros utilizara una luz directa de muy alta temperatura que proporcionaba una frialdad que te helaba la sangre, en la película de boxeadores hacía uso de una luz absolutamente naturalista que nos acercaba a la intimidad de tan contradictorios personajes, utilizando para su película de espías una luz difusa con una muy baja temperatura de color que proporciona una textura lumínica que nos llevaría a pensar que incluso estamos viendo una película realizada en los años setenta, si no fuera porque los miembros de su fabuloso reparto nos sitúan en nuestro tiempo.
Consciente de que la guerra fría no debe ser un tema muy popular entre los espectadores actuales, y teniendo en cuenta la riqueza de lecturas e interpretaciones que se desprendía de su anterior filme, también podemos abordar un análisis de Tinker Tailor Soldier Spy desde varios puntos de vista. Tomando como punto de partida la primera y última -en realidad la segunda y la penúltima- secuencia de la película -que no desvelaré- considero que, si bien la trama de espionaje y la investigación llevada a acabo por George Smily (Gary Oldman), es absolutamente emocionante, el interés de Tomas Alfredson no radica exactamente en la resolución del conflicto, sino en la manera en la que afecta a sus personajes. De esta manera nos encontramos con un relato extremadamente racional, por cuyos poros tratan de escaparse los sentimientos de unos personajes que, debido a sus peligrosas actividades, están sometidos a ejercer un exhaustivo control sobre sus debilidades emocionales.
No creo que John Le Carré pueda tener mucha queja de las adaptaciones que se han realizado hasta la fecha de su obra: El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005, Fernando Meirelles), La casa Rusia (The Russia House, 1990, Fred Schepisi), La chica del tambor (The Little Drummer Girl, 1984, George Roy Hill), El espía que surgió del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1965, Martin Ritt), incluso la propia Tinker Tailor Soldier Spy había sido adaptada anteriormente, aunque para la televisión y con un espléndido Alec Guiness. Y ese es quizás, desde mi punto de vista, la única pega de la película, pues si cuando Alec Guiness era capaz de transmitir una extraordinaria inteligencia con su frío y racional comportamiento, ese ejercicio de contención realizado por Gary Oldman tan sólo le lleva a representar a un individuo vulgar y ordinario con una vida aburrida, rutinaria y anodina que ni siente ni padece y que dista bastante de ser un consumado estratega, quizás por eso me parece aterrador el último plano de la película.
Menos mal que soy capaz de abstraerme de este sentimiento hacia Oldman para poder disfrutar de la extraordinaria labor del resto del reparto, desde el maravilloso e inigualable John Hurt, capaz de transmitir a la perfección aquello que Gary Oldman no alcanza a entender (desde un punto de vista actoral), hasta Tom Hardy en una interpretación mucho más intensa que la que ofrecía en Inception, pasando por los siempre efectivos Toby Jones, Ciarán Hinds y Colin Firth.
Sorprenden gratamente la incorporación de actores que suelen pasar desapercibidos y que realizan espléndidas interpretaciones de personajes secundarios, pero vitales, como la que de Peter Guillam hace Benedict Cumberbatch -que participaba en Amazing Grace (2006, Michael Apted), Expiación. Más allá de la pasión (Atonement, 2007, Joe Wright), Las hermanas Bolena (The Other Boleyn Girl, 2008, Justin Chadwick) o The Wistleblower (2010, Larysa Kondracki) y al que veremos próximamente en War Horse y las dos entregas de The Hobbit-, la de Toby Esterhase que realiza David Denick -que participaba en Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatear kvinnor, 2009), la adaptación sueca dirigida por Niels Arden Oplev de las novelas de Stig Larsson, así como en la serie televisiva y que volverá a participar en la versión estadounidense, The Girl with the Dragon Tattoo, que dirige David Fincher-, o la que de Jim Prideaux hace Mark Strong -que ha participado en muchas de las películas de Guy Ritchie, así como en producciones recientes como Robin Hood (2010, Ridley Scott), Kick-Ass (2010, Matthew Vaughn), Camino a la libertad (The Way Back, 2010, Peter Weir) o Green Lantern (2011, Martin Campbell).
Pero casi todavía resulta más reconfortante la eficacia de algunos miembros del reparto con papeles mucho más pequeños pero igualmente solventes como Konstantin Khabenskiy -que muchos recordarán de la biología de Timur Bekmanbetov, Guardianes de la noche (Nochnoy dozor, 2004) y Guardianes del día (Dnevnoy dozor, 2006)-; la británica Kathy Burke, cuyo personaje abre las primeras pistas sobre la homosexualidad de algunos personajes y se revela como un curioso alter ego europeo de Kathy Bates; o la espléndida Svetlana Khodchenkova, que consigue conmover al espectador con su breve intervención, que curiosamente se inicia con una secuencia que rinde un claro homenaje a una de las obras maestras de Alfred Hitchcock: La ventana indiscreta (Rear Window, 1954).
En oposición a filmes estadounidenses de idéntico corte, señalar también la coherencia de Tomas Alfredson al contar con un reparto completamente europeo, con nacionalidades y acentos tan variadas como las de los personajes de Tinker Tailor Soldier Spy, en lo que es, sin duda, la confirmación de un extraordinario cineasta europeo.


Publicado originalmente en EXTRACINE