viernes, 15 de junio de 2012

Las chicas de la 6ª planta


Título original: Les femmes du 6ème étage
Año: 2010
País: Francia
Fecha de estreno: 23/10/10
Título en España: Las chicas de la 6ª planta
Título en Latinoamérica: Las mujeres del 6º piso (Argentina)

Dirección: Philippe Le Guay
Guión: Philippe De Guay & Jérôme Tonnerre
Producción: Etienne Comar & Philippe Rousselet  
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Música: Jorge Arriaga
Montaje: Monica Coleman 
Diseño de producción: Pierre-François Limbosch 
Decorados: Sabine Delouvrier & Laura Musso
Vestuario: Christian Gasc
Reparto: Fabrice Luchini, Sandrine Kiberlain, Natalia Verbeke, Carmen Maura, Lola Dueñas, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán, Marie-Armelle Deguy, Muriel Solvay, Audrey Fleurot, Annie Mercier, Michèle Gleizer, Camille Gigot, Jean-Charles Deval, Philippe Duquesne, Christine Vézinet, Jeupeu, Vincent Nemeth, Philippe du Janerand, Patrick Bonnel, Laurent Claret, Thierry Nenez, José Etchelus, Jean-Claude Jay, Joan Massotkleiner, Ivan Martin Salan, Olivia Algazi, Alicia Robledo Fiestas, Patricia Morejon, Raquel Teliet, Charlotte Burnett, Maria De Goyeneche, Sophie Nicollas, Sophie Piccioto, Victoria Sáez, Miriam Velazwuez Tris… 

la utopía española según los galos

No puedo decir que no me haya gustado Les femmes du 6ème étage, la película de Philippe Le Guay por la que Carmen Maura ha obtenido el César a la mejor actriz de reparto. Es una película amable, sincera y emotiva. Pero el retrato que se hace de las españolas en el exilio es un tanto exagerado y lleno de tópicos más apropiados de una visión estadounidense que de nuestros vecinos galos, que nos conocen mucho mejor, pero por otro lado, la historia que sirve de columna vertebral a todo el relato, siendo verosímil, no resulta en absoluto creíble. Cuando el grupo de fabulosas actrices españolas que interpretan a las criadas son capaces de vencer los prejuicios de un visión algo distorsionada de la realidad, es precisamente en la interpretación donde la otra historia fracasa, provocando así que el conjunto de la película sea inestable e inconsistente.

Partiendo de lo general a lo particular el problema de Les femmes du 6ème étage parte desde su guión, escrito por el propio Philippe De Guay en colaboración de Jérôme Tonnerre. Se desprende de la superficialidad de su discurso el escaso conocimiento que de la cultura española tienen, algo que delata el hecho de que si en un principio parece haber una preocupación por la situación política de España en los años sesenta, consecuencia de la guerra civil española, no tiene la más mínima importancia el trasfondo político que se encuentran al volver a su país. No es que a mi me interese más o menos, es que los personajes dispersan a lo largo del relato sus respectivas posturas ante su situación en lo que parece una preocupación del relato, pero que se diluye a medida que la historia personal ocupa más espacio que la colectiva.

Lo curioso es que esta visión parcial de la realidad se da tanto en la visión española como en la francesa, pues si parece que estas mujeres españolas están todo el día de fiesta a pesar de que sacan adelante toda su labor profesional, las francesas que se muestran personas completamente aburridas e incapaces de trabajar. Quizás esto demuestre que más que ante una obra, estamos ante un producto, calculado para entretener y enternecer entre sonrisa y sonrisa, pero que acaba fracasando por su propio carácter artificial.

Una vez comprobado que Philippe Le Guay tiene las mismas carencias para la escritura que para dotar de vitalidad visual a sus propios textos, tan sólo cabe esperar que el reparto consiga hacer más digerible este panfleto simpático. Y así es en lo que respecta al conjunto de actrices españolas, desde Carmen Maura, hasta Lola Dueñas, con mención especial para Concha Galán -casi parece una convención de chicas Almodóvar en Francia-, que aportan a la perfección lo que se espera de sus personajes, a pesar de que estén dibujados tan a la ligera. Sucede lo mismo con el lado francés, pues tanto Sandrine Kiberlain como sus amigas aportan esa sofisticación que se espera de la mujer francesa.

Lástima que que tanto Fabrice Luchini como Natalia Verbeke fracasen estrepitosamente en sus respectivos personajes. Ninguno de los dos consigue aportar ni la fascinación que Jean-Louis adquiere progresivamente hacia la cultura española, ni la atracción de María González hacia los hombres mayores. Si el problema de Luchini reside posiblemente en la inconsistencia con la que están escritos los personajes, la de Verbeke se basa exclusivamente en que no es una actriz. Tan sólo es una niña (más o menos) mona que se limita a repetir los textos y realizar las acciones indicadas, sin transmitir la más mínima emoción ni sentimiento. Quizás su interpretación hubiera sido más emotiva si en lugar de besar a Luchini, hubiera besado la plancha, pero encendida.

Publicado originalmente en EXTRACINE