domingo, 19 de febrero de 2012

La invención de Hugo


Título original: Hugo
Año: 2011
País: EE. UU. 

Dirección: Martin Scorsese
Guión: John Logan, basado en una novela de Brian Selznick
Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King & Martin Scorsese 
Fotografía: Robert Richardson
Música: Howard Shore
Montaje: Thelma Schoonmaker
Diseño de producción: Dante Ferretti
Dirección artística: Alastair Bullock, Dimitri Capuani, Steve Carter, Stéphane Cressend, Martin Foley, Chrsitan Huband, Stuart Rose, Luca Tranchino, David Warren & Ashley Winter
Decorados: Francesca Lo Schiavo
Vestuario: Sandy Powell
Reparto: Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Asa Butterfield, Chlöe Grace Moretz, Ray Winstone, Emily Mortimer, Christopher Lee, Helen McCrory, Michael Stuhlbarg, Frances de la Tour, Richard Griffiths, Jude Law, Kevin Eldon, Gulliver McGrath, Shaun Aylward, Emil lager, Angus Barnett, Edmund Kingsley, Max Wrottesley, Marco Aponte, Ben Addis, Robert Gill, Ed Sanders, Terence Frisch, Max Cane, Frank Bourke, Stephen Box, Mihai Arsene… 

el niño que a Scorsese le hubiera gustado ser

Muchos pensamos que con la llegada de Internet, en donde había sitio para todo, ya no habría ninguna excusa para acceder a la cultura. Con un par de clics podrías acceder -por la parte que me toca- a toda la historia del cine, descubrir las obras y milagros de tus cineastas favoritos y acceder a aquellas obras que, no habiendo sido editadas ni en VHS o DVD, quizás podrías encontrar en páginas orientadas al estudio cinematográfico. Error. Cuanto mayor es la velocidad a la que circula la información por la red, inversamente proporcional es el interés de los usuarios por la cultura. Es más, lo más buscado es siempre lo más conocido. Los autores que han permanecido en la sombra para el espectador de a pie, han quedado sepultados por los que ya eran conocidos, que son los que generan mayor interés. Quizás siguiendo una reflexión similar a esta Martin Scorsese se ha propuesto con Hugo, ofrecer una clase magistral sobre Georges Méliès, un cineasta sólo reconocido por aquellos a los que verdaderamente les interesa el cine y se preocupan por sus orígenes.

Su apuesta es inteligente porque utiliza los códigos de este mismo público para captar su atención, rodando su película en 3D, o tratando de situarnos en la edad en la que todo es fascinante: la infancia. Si cualquier menor de diez años se podrá sentir identificado con las aventuras de Hugo (Asa Butterfield) e Isabelle (Chloë Grace Moretz), cualquier adulto podrá entender la fascinación de estos dos personajes por los hallazgos y descubrimientos que van realizando a medida que avanza el relato. Y si por un lado la factura de visual de la película es impecable, tanto por su excelente diseño producción de Dante Ferretti, como por la magnífica fotografía de Robert Richardson, y si el ejercicio histórico y nostálgico es realmente encomiable, para algunos puede salir perjudicado por su falta de definición o por las contradicciones de su discurso que comienzan en el uso de tanta tecnología para reivindicar un modo de hacer cine tan artesanal.

Como falta de definición me refiero al sentido del humor que se supone proporciona el inspector de la estación (Sacha Baron Cohen), que pareciera salido de una de esas películas de Jerry Lewis en las que un personaje se dedica a hacer el idiota, sin que los demás perciban que lo es. Si por un lado es un tipo de humor coherente con Scorsese, quien ya rindiera tributo al famoso cómico en El rey de la comedia (The King of the Comedy, 1982), a un servidor le saca del contexto de la película en la que todos los demás personajes funcionan en otro código, más infantil o fantástico, pero no precisamente cómico y mucho menos slapstick. Personalmente también encuentro el personaje de Georges Méliès algo sacado de quicio. No me creo ciertas actitudes del personaje, pero en su caso, entroncan mucho mejor con el espíritu de la película. Quizás sólo se trate de la incapacidad de Sacha Baron Cohen de crear un personaje que no resulte exagerado o sobreacutado pues lo cierto es que tanto Ben Kingsley como Asa Butterfield, Chloé Grace Moretz o Helen McCrory están estupendos en sus respectivos personajes.

Pero por muy entrañable y tierno que me parezca el tributo de Scorsese al que fuera el creador oficial del género fantástico en el cine, además de crear los primeros trucos de lo que posteriormente se llamaría efectos especiales, el director acaba cayendo en su propia trampa al revelarse progresivamente que su interés no estaba tanto en el conflicto de Hugo, como en la clase magistral a que nos somete con respecto a Georges Méliès. Clase por cierto llena de incorrecciones y anacronismos pues, entendiendo que nos encontramos poco después de 1923, año de estreno de El hombre mosca (Safety Last!, 1923, Fred C. Newmeyer & Sam Taylor), el título que Hugo e Isabelle ven en el cine, me parece bastante improbable que ya existieran libros de Historia del Cine, cuando era todavía una forma de expresión artística bastante joven, por no decir todavía en pañales.

Si bien es cierto que en sus orígenes el cine era considerada una atracción de feria más, no es cierto que Méliès lo descubriera por casualidad, sino que fue uno de los invitados elegidos por los hermanos Lumière para la primera proyección que tuvo lugar el 28 de diciembre de 1895, en el sótano del Grand Café, en el número 14 del Boulevard de Capulines, un salón que era utilizado habitualmente como sala de billares. Tampoco es cierto que Méliès fabricara su propia cámara, sino que la compró en Londres. Muchos le quitarán importancia a estos pequeños detalles y si bien es cierto que los cambios están introducidos para ofrecer una visión más romántica del personaje, cuando en realidad no se trata más que de un clase de historia ¿porqué no darla como es debido?

También es inexacto que en el caso de Georges Méliès fuera la Primera Guerra Mundial la causa se su descalabro económico, sino su incapacidad u oposición para asimilar los adelantos e innovaciones ajenas pues después de una década realizando sus típicas películas fantásticas y cuando los cineastas contemporáneos evolucionaban hacia otros géneros y maneras de contar las historias, él se empeñaba en seguir haciendo lo mismo, provocando la pérdida de interés por parte del público. A medida que avanza el relato, también es más evidente que a Scorsese no le interesa Hugo, sino Méliès, provocando también la pérdida de interés sobre la historia inicial, la de Hugo con su padre, que se revela como un mero pretexto para esta clase de historia sobre el que sigue siendo uno de los pioneros del cine más extraordinarios.

Publicado originalmente en EXTRACINE